Tarde o temprano me ocurre: puede ser en una reunión o cuando tengo que anotar mi profesión para algún trámite. En cuanto la gente sabe que soy historiador su rostro cambia, adoptan una actitud seria y normalmente sólo musitan un “aaah…”. Lo que sigue también lo conozco. Empiezan los comentarios clásicos, del tipo: “me encanta la Historia, pero no sé nada al respecto” (Nunca he entendido cómo a la gente le puede gustar algo que desconoce), o también me dicen: “oye, ¿es cierto que Juárez vendió México y mató a mucha gente?” En esos casos yo suspiro e intento explicarles que si bien el Benemérito no era un santo, tampoco le gustaban los asesinatos en masa, y que el respaldo que le dio Estados Unidos no significa que les haya vendido el territorio nacional. Sólo una vez, un excuñado me preguntó directamente: “¿y para qué sirve la Historia, por qué te dedicas a eso?”. No recuerdo bien qué le contesté, pero les confieso que de tiempo en tiempo me hago esa pregunta. Y sé bien que no soy el ú...