¡Desde el frente de batalla!
Era un gran barco totalmente pintado de gris, sin ninguna señal que pudiera identificarlo. A bordo iban varios millares de soldados, un capitán que jamás fue visto por la tripulación y cientos de civiles que regresaban por diversos motivos a esa Europa que se había cubierto de sangre desde 1939. Zarparon de improviso una madrugada desde Nueva York con destino a algún puerto desconocido en Inglaterra. A veces los aviones aliados custodiaban la travesía, pero en muchas ocasiones estuvieron solos sobre el Atlántico Norte, sin más guía que las órdenes que el anónimo capitán había recibido antes de zarpar, y con el miedo constante de ser hundidos por un submarino alemán. Entre los pasajeros de ese barco estaba un grupo de periodistas mexicanos, quienes viajaban a Inglaterra con la misión de informar a los lectores de sus periódicos sobre lo que estaba ocurriendo en esa isla. Con su trabajo, esos reporteros colaboraron a reestablecer las relaciones que se habían roto años antes, cua...