Mis impresiones de la marcha.
Si algo me gusta de ir al Zócalo es oir cuando las campanas de Catedral se mezclan con los tambores de los concheros que allí danzan. En ese momento parece como si el pasado nos estuviera hablando y quisiera hacerse presente en el breve instante que nos ha tocado por vida. Eso escuché ayer, al asistir a la marcha nacional convocada por el poeta Javier Sicilia. Debo aclarar que no acudo a muchas marchas porque no me gustan. Sin embargo, asistí a esas dos manifestaciones anteriores en las que el Zócalo se desbordó (literalmente) con esa gente vestida de blanco que se atrevía a exigirle al gobierno que la protegiera de la delincuencia. Llegué al Palacio de Bellas Artes a eso de la una. No ví tanta gente como en mis dos experiencias anteriores. Noté que, si bien había muchas personas que al parecer marchaban por vez primera, eran mayoría los que tenían experiencia. Las fuentes que están frente a Bellas Artes tenían el agua pintada de rojo; todo se concentraba en sólo dos colores que opaca...