A cien años de la Revolución, una historia familiar.
A finales de 1915, el teniente Crispín Catzín González podía considerarse afortunado. Estaba vivo luego de pasar por uno de los años más dolorosos y sangrientos de la historia de México. Catzín era uno más de los cientos de miles de mexicanos que vieron irse al general Porfirio Díaz, para luego ser testigo del ascenso y caída de Madero y de la guerra civil de 1913-1914 para arrebatarle la presidencia al traidor Victoriano Huerta. Catzín era, como su generación, un "puente entre siglos". Nació cuando México vivía el esplendor del Porfiriato y la parca lo alcanzó antes de que su general, Alvaro Obregón, dejara la presidencia en 1924. No fue un "revolucionario de primera hora", pero ante el inminente choque de 1915 entre los caudillos que vencieron a Huerta, Catzín, como muchos mexicanos, pensó que no podía quedarse indiferente ante lo que pasaba. Nunca fue un gran general, pero sí fue mi bisabuelo, y hoy, a cien años del inicio de la Revolución Mexicana, quiero recor...