"Si todavía nos acobijamos por la patria..."
Serían las once de la noche, cuando a la muy dudosa claridad que nos rodeaba, percibí en la tropa cierta inquietud , cierta separación de grupos, pero distantes, a la vista de los centinelas que sobresalían derechos e inmóviles como los pilares. Con extraordinaria precaución, embarrancándome en las cercas y con menos ruido que el rodar de una pluma por los suelos, penetré hasta la recámara del señor Juárez y le dí parte de lo que observaba. El señor Juárez, vistiéndose y echándose sobre los hombros un capotillo con abertura para los brazos, y segunda capilla muy larga, me dijo -Ve, acércate y dame cuentas de lo que ocurra, sin despertar a nadie. Me dirigí, entonces, al más numeroso de los grupos, después de contestar al quién viva, y ví a los soldados rastreando por el suelo con un afán desusado. -¿Qué es eso, muchachos, qué buscan? -Miren -dijo un soldado-, aquí está el Güero -y los soldados me rodearon. -¡Oiga! -me dijo uno de ellos -, ¿pues qué no sabe ni el día en q...