20 de noviembre de 2013

Algunas ideas sobre la Revolución Mexicana

-"Las Revoluciones son la Revolución" decía Luis González y González. Eso significa que fue en realidad un enorme movimiento político, militar, ideológico, económico y social protagonizado por grupos con intereses muy diversos.
-La Revolución fue una tremenda guerra civil, con hambre, enfermedades, migraciones y mucha violencia. Ese aspecto en particular deberíamos tenerlo siempre presente.
-No existe un discurso ideológico específico, pero Cosío Villegas decía que al final todos podían (más o menos) congeniar con la idea fundamental de Francisco I. Madero: que la sociedad mexicana pueda elegir libremente a sus gobernantes y que ninguna persona o grupo se eternice en el poder.
-Sin embargo, esta meta no se consiguió. La Revolución Mexicana no fue democrática, o no desde el punto de vista político.
-Para la sociedad mexicana posterior a 1940, la democracia era igual a satisfacer esas necesidades económicas que tenían desde el Porfiriato, y no a participar en la política.
-¿Existió la Revolución Mexicana? Claro que sí, puesto que transformó al país de ser agrario a urbano, con una clase media que gozó de múltiples privilegios y estaba convencida de que todo ello se logró gracias al movimiento comenzado por Madero.
-¿La Revolución cumplió todas sus metas? No. Ni hubo democracia ni terminó con el tremendo problema de la pobreza.
-¿Vale la pena recordar la Revolución Mexicana? Por supuesto.

6 de noviembre de 2013

¡Feliz bicentenario! (Nuestra otra acta de independencia)


¡Felicidades a la América Septentrional por cumplir hoy 200 años de la declaración de su independencia!
Si la historia hubiera sido distinta, hoy sería día de fiesta nacional y recordaríamos a nuestros padres fundadores José María Morelos, Miguel Hidalgo (en ese orden) y a los miembros del Congreso del Anáhuac, los cuales nos dieron además de la independencia nuestra primera constitución.
Desgraciadamente la historia no es como debio haber sido; es como es. Y por eso recordamos más al cura Hidalgo tocando la campana de Dolores y a Agustín de Iturbide consumando la independencia en 1821.
Todo eso, sin embargo, no impide que hoy tengamos presente que hace dos siglos los diputados reunidos en Chilpancingo redactaron el primer documento en el cual queda claro que México se separa totalmente de España, que tendrá el sistema de gobierno que más le convenga (el republicano, según Morelos), que será un país católico y defenderá hasta la muerte su libertad (en el momento en que la alcanzaran, claro está).
Esta acta de independencia jamás llegó a aplicarse. Dos años después de su promulgación Morelos fue fusilado y hubo que esperar hasta 1821 para que naciera México como un Estado independiente. Pero la influencia del cura de Carácuaro, y el anhelo de construir una nación libre, soberana y democrática; que sea casa amorosa para todos sus hijos, sigue presente.

ACTA SOLEMNE DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA SEPTENTRIONAL
El Congreso de Anáhuac, legítimamente instalado en la Ciudad de Chilpancingo, de la América Septentrional, por las provincias de ella: Declara solemnemente, a presencia del Sr. Dios, árbitro moderador de los imperios y autor de la sociedad que los da y los quita, según los designios inescrutables de su providencia, que por las presentes circunstancias de la Europa ha recobrado el ejercicio de su soberanía, usurpado; que, en tal concepto, queda rota para siempre jamás y disuelta la dependencia del trono español; que es árbitro para establecer las leyes que le convengan para el mejor arreglo y felicidad interior, para hacer la guerra y paz y establecer alianzas con los monarcas y repúblicas del Antiguo Continente, no menos que para celebrar concordatos con el Sumo Pontífice Romano, para el régimen de la Iglesia Católica, Apostólica Romana, y mandar embajadores y cónsules; que no profesa ni reconoce otra religión más de la católica, ni permitirá ni tolerará el uso público ni secreto de otra alguna; que protegerá con todo su poder y velará sobre la pureza de la fe y de sus dogmas y conservación de los cuerpos regulares; declara por reo de alta traición a todo el que se oponga directa o indirectamente a su independencia, ya sea protegiendo a los europeos opresores, de obra, palabra o por escrito, ya negándose a contribuir con los gastos, subsidios y pensiones para continuar la guerra hasta que su independencia sea reconocida por las naciones extranjeras; reservándose al Congreso presentar a ellas por medio de una nota ministerial, que circulará por todos los gabinetes, el manifiesto de sus quejas y justicia de esta resolución, reconocida ya por la Europa misma.
Dado en el Palacio Nacional de Chilpancingo, a 6 días del mes de noviembre de 1813 años.
Lic. Andrés Quintana, Vicepresidente.
Lic. Ignacio Rayón.
Lic. José Manuel de Herrera.
Lic. Carlos María de Bustamante.
Dr. José Sixto Berdusco.
José María Liceaga.
Lic. Cornelio Ortiz de Zárate, Secretario.
EN LA IMPRENTA NACIONAL DEL SUR


7 de octubre de 2013

¿Por qué deberíamos recordar a Lucas Alamán?

Lucas Alamán fue uno de los historiadores más importantes del siglo XIX y sigue siendo una fuente obligada para todo aquel que quiera investigar sobre la revolución de independencia. Fundó el primer banco gubernamental en México y defendió al país ante el expansionismo norteamericano. Impulsó la industria, creyó en la modernización económica y trajo inversiones al país. Fue un gran ministro de Relaciones Exteriores y murió creyendo que México desaparecería si no tenía un gobierno fuerte.

A pesar de todos esos logros, Alamán está casi olvidado por la mayoría de los mexicanos. A excepción de los historiadores y de quienes viven en las pocas calles que llevan su nombre, ya casi nadie lo recuerda. ¿Será que, como siempre, los mexicanos tenemos poca memoria? ¿Olvidamos fácilmente a los hombres importantes de nuestro pasado?

Es cierto que Alamán no tiene buena fama porque militó en el bando de los “malos” de la historia. Fue un riguroso católico convencido de que este país no debía aceptar ninguna otra religión. Estaba seguro de que era imposible construir en México una democracia que incluyera a todos sus habitantes; los asuntos del gobierno debían reservarse a quienes tuvieran dinero y estudios, y los millones de mexicanos desposeídos tenían que obedecerlos. Colaboró con otro villano favorito de nuestra historia, Antonio López de Santa Anna, y se atrevió a criticar al padre de la patria, Miguel Hidalgo. Tenemos entonces a un hombre profundamente controvertido; pero antes de hacer un juicio revisemos un poco su vida.


(Fragmento de mi artículo "¿Por qué deberíamos recordar a Lucas Alamán?" en el número 62 de la revista "Relatos e historias en México". ¡Cómprala ya!)

4 de octubre de 2013

La Posrevolución Mexicana (1940-2000)

Fueron años en los que el país dejó de ser rural para volverse urbano; de fascinarse con el radio y la televisión; de comer y pensar como lo hacían nuestros vecinos del norte; de adoptar tradiciones y mezclarlas con las nuestras, de pelear por (o contra) el comunismo, y de imaginar (como en un relato de ciencia ficción) el día que el PRI ya no estuviera en el poder.
Fueron tiempos de estabilidad, a pesar de muchos movimientos que alteraron la paz del Estado mexicano; de crecimiento económico y también de derrumbe; del crecimiento de una sociedad que se fue haciendo cada vez más compleja hasta llegar a lo que somos hoy.
Fueron los años de la "dictadura perfecta"; de la "monarquía sexenal hereditaria"; de dos terremotos, dos campeonatos mundiales de futbol y una olimpiada; de masacres, fraudes electorales y de un país que tenía que ver hacia afuera para entender qué pasaba adentro.
Fueron los años de la muy compleja y apasionante segunda mitad del siglo XX. Las décadas de nuestra historia contemporánea; la que vivimos y todavía recordamos; la que nos formó y no debemos olvidar.
Te invito a que te inscribas a mi nuevo diplomado: "La Posrevolución Mexicana, 1940-2000". Más informes en la página del Centro de Cultura Casa Lamm.

1 de octubre de 2013

Unos cuantos comentarios antes de la marcha de mañana.

-1968 y 2013 son etapas totalmente distintas de la historia de México.
-Gustavo Díaz Ordaz y Enrique Peña Nieto no son iguales (aunque insistan en igualarlos).
-El Consejo Nacional de Huelga de 1968, y los que marcharán mañana tampoco son los mismos (a pesar de que los segundos insistan en ello).
-Los sesentayocheros hicieron una marcha del silencio para demostrar que podian manifestarse sin atentar contra los edificios públicos y la propiedad privada; ¿tendrán la misma grandeza los que marchen mañana?
-En 1968 sí hubo muertos; en 2013 no ha habido ninguno. (A pesar de los intentos de la CNTE y aliados suyos por lograrlo).
 -Ah! y #yosoy132 NO ES NI FUE NI SERÁ la versión "reloaded" del Consejo Nacional de Huelga.

27 de septiembre de 2013

Maximiliano y el 15 de septiembre.

Mexicanos:

Más de medio siglo tempestuoso ha transcurrido desde que en esta humilde casa, del pecho de un humilde anciano, resonó la gran palabra de independencia, que retumbó como un trueno del uno al otro océano por toda la extensión del Anáhuac y ante la cual quedaron aniquilados la esclavitud y el despotismo de centenares de años.
Esta palabra que brilló en medio de la noche como un relámpago, despertó a toda una nación de un sueño ilimitado a la libertad y a la emancipación; pero todo lo grande y todo lo que está destinado a ser duradero, se hace con dificultad, a costa de tiempo.
Años y años de pasiones, combates y luchas se sucedían; la idea de la independencia había nacido ya, pero desgraciadamente aún no la ve la nación.
Peleaban hermanos contra hermanos; los odios de partido amenazaban minar lo que los héroes de nuestra hermosa patria habían creado.
La bandera tricolor, ese magnífico símbolo de nuestras victorias, se había dejado invadir por un solo color, el de la sangre.
Entonces llegó al país del apartado oriente y también bajo el símbolo de una gloriosa bandera tricolor, el magnánimo auxilio; [un] águila mostró a la otra el camino de la moderación y de la ley.
El germen que Hidalgo sembró en este lugar, debe ahora desarrollarse victoriosamente y, asociando la independencia con la unión, el porvenir es nuestro.
Un pueblo que bajo la protección y con la bendición de dios, funda su independencia sobre la libertad y la ley y tiene una sola voluntad es invencible y puede elevar su frente con orgullo.
Nuestra águila, al desplegar sus alas, caminó vacilante; pero ahora que ha tomado el buen camino y pasado el abismo, se lanza atraída y ahoga entre sus garras de hierro la serpiente de la discordia; mas, al levantarse nuestra patria de entre los escombros, poderosa y fuerte, y cuando ocupe en el mundo el lugar que le corresponde, no debemos olvidar los días de nuestra independencia ni los hombres que nos la conquistaron.
¡Mexicanos, que viva la independencia y la memoria de sus héroes! 

Discurso de Maximiliano, 15 de septiembre de 1864, en Dolores Hidalgo, Guanajuato. 

9 de septiembre de 2013

Los empresarios ante la iniciativa de reforma fiscal.

Como informa hoy el periódico Reforma, diversos representantes de la iniciativa privada se molestaron por la propuesta de reforma hacendaria que ayer presentó el presidente Enrique Peña Nieto.
"Estamos pagando los que siempre hemos pagado", dio Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial.
Claudio X. González, presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, consideró que "el gobierno vuelve a pedir ayuda a los empresarios".
No sé dónde vaya a parar ésto que acaba de empezar. Pero no está de más recordar la historia de las relaciones entre el Estado y la iniciativa privada.
En el Porfiriato la relación fue armoniosa, porque al fin hubo un Estado firme que protegiera la inversión privada, pero no hasta el punto de dejarles el poder. Esa es una de las razones por las que el ministro de Hacienda y vicepresidente de facto de México, José Yves Limantour, no fue el sucesor de Porfirio Díaz.
En la Revolución, las quejas de los empresarios fueron constantes. A la destrucción de sus empresas hay que sumar la campaña sucia de los gobiernos de la Revolución, quienes los pintaron como traidores a México y aliados a la reacción.
Sin embargo, revolucionarios y empresarios se necesitaban. Obregón y Calles buscaron la forma de solucionar ese conflicto.
Pero con Cárdenas, los años difíciles volvieron. El general prefirió fortalecer al Estado apoyándose en obreros y campesinos, por lo que otra vez los empresarios quedaron de lado. Ante las numerosas huelgas ocurridas durante su mandato, Cárdenas le dijo a los inversionistas que todo se solucionaba si ellos le vendían sus empresas al gobierno.
El final del sexenio cardenista estuvo marcado por el conflicto con los empresarios. Y fue entonces cuando surgió un pacto entre los dos: el gobierno protegería a la iniciativa privada y ella no le causaría problemas.
Alemán y Avila Camacho respetaron el pacto. Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz intentaron controlar a la iniciativa privada, pero sin provocar un nuevo choque como con Cárdenas.
Y es que el poder de la iniciativa privada creció en esos años. Además de que nunca estuvo totalmente del lado de los gobiernos de la Revolución.
En un país que crecía económicamente, pero no repartía esa riqueza como supuestamente debía hacer (allí está la pobreza de los campesinos para demostrarlo), el Estado necesitaba contar con el apoyo de otros grupos para legitimar su poder, ya que no podía hacerlo alegando un triunfo electoral limpio.
El gasto público creció, el Estado empezó a endeudarse, y entonces llegó Echeverría diciendo que todo se solucionaba acercándose a los grupos menos favorecidos, "castigando" a los que tenían dinero, y gastando todo lo que se pudiera.
El experimento terminó en 1976 con una deuda de 20 mil millones de dólares, y la iniciativa privada uniéndose en el Consejo Coordinador Empresarial para defenderse de las medidas populistas de Echeverría.
López Portillo buscó la reconciliación controlando el gasto público, pero cuando descubrieron los yacimientos de petróleo en Campeche, la frugalidad desapareció.
Gobierno e iniciativa privada gastaron como si no hubiera un mañana, pero éste llegó al caer los precios del petróleo, y la deuda se disparó hasta los 83 mil millones de dólares.
López Portillo le echó la culpa de la crisis a la iniciativa privada, controló el tipo de cambio y nacionalizó la banca. Con todo ello apresuró la quiebra del Estado mexicano. Dice Jesús Silva-Herzog, recordando esos años, que quedamos peor que un país que hubiera perdido una guerra.
Miguel de la Madrid volvió a buscar a los empresarios, controló el gasto y abrió la economía mexicana, una medida que incrementó Carlos Salinas de Gortari con el Tratado de Libre Comercio en 1994.
Los años 90 fueron de la iniciativa privada. Surgió la idea de que ellos hacían las cosas mejor que el gobierno. El "ejecutivo promedio" de esa época había estudiado en el Tec de Monterrey y luego hizo su posgrado en el extranjero, era bilingüe, trabajaba en alguna transnacional y leía Reforma.
Pero ese sueño se vino abajo también luego de la crisis de 1995, aunque además provocó el surgimiento de monstruosas fortunas, como la de Carlos Slim.
Los años panistas también fueron de colaboración con los empresarios. Aunque no resultaron tan buenos gobernantes como siempre presumieron. Allí está Vicente Fox para demostrarlo.
Los empresarios pudieron doblegar a los gobiernos de finales del siglo XX y principios del siglo XXI gracias a sus recursos y además, porque supieron crearse una imagen positiva ante la sociedad.
"Iniciativa privada; casi todos formamos parte de ella" decía un slogan durante los horribles últimos momentos del gobierno de José López Portillo.
La iniciativa privada no sale a la calle a hacer plantones, no cierra calles, no se apropia del espacio público.
Ellos presionan con el dinero.
Ojalá lo tenga presente Enrique Peña Nieto.

22 de julio de 2013

¿Y si el hombre no hubiera llegado a la Luna?

No me refiero a esas teorías conspiracionistas que dicen que el alunizaje de 1969 fue grabado en algún estudio de televisión instalado en una base militar norteamericana, bajo la dirección de Stanley Kubrick. Me refiero a la posibilidad real de que al momento de descender, el módulo Águila se hubiera estrellado matando a sus ocupantes. ¿Qué hubiera dicho el gobierno norteamericano? Porque no había ninguna seguridad de que la misión tuviera éxito, y con cientos de millones de personas viendo la televisión en ese momento, algo habría que decir en caso de los astronautas fallecieran.
Era necesario estar preparado por si ocurría lo peor. Y el presidente Richard Nixon tenía a la mano un discurso en el caso de tuviera que anunciarle al mundo el fracaso de la misión Apolo. El documento preparado por H.R. Haldeman, jefe del gabinete de Nixon y Bill Safire, su redactor de discursos, dice:

Fate has ordained that the men who went to the moon to explore in peace will stay on the moon to rest in peace.
These brave men, Neil Armstrong and Edwin Aldrin, know that there is no hope for their recovery. But they also know that there is hope for mankind in their sacrifice.
These two men are laying down their lives in mankind’s most noble goal: the search for truth and understanding.
They will be mourned by their families and friends; they will be mourned by their nation; they will be mourned by the people of the world; they will be mourned by a Mother Earth that dared send two of her sons into the unknown.
In their exploration, they stirred the people of the world to feel as one; in their sacrifice, they bind more tightly the brotherhood of man.
In ancient days, men looked at stars and saw their heroes in the constellations. In modern times, we do much the same, but our heroes are epic men of flesh and blood.
Others will follow, and surely find their way home. Man’s search will not be denied. But these men were the first, and they will remain the foremost in our hearts.
For every human being who looks up at the moon in the nights to come will know that there is some corner of another world that is forever mankind.

Al final del documento se señala que Nixon debía llamar a cada una de las viudas para darles el pésame mientras un sacerdote, ante los millones de televidentes, debía ofrecer una oración por las almas de los astronautas. 
Las cosas salieron bien, afortunadamente, y la exploración espacial gozó de una buena etapa durante varios años; pero esa anécdota nos muestra que siempre hay que estar listo para encarar lo inesperado.  

8 de julio de 2013

Disney contra Hitler: "Education for death"

Gracias a una amiga pude conseguir esta breve película. En 1943 la compañía fílmica RKO lanzó esta caricatura realizada por los Estudios Disney. Estados Unidos tenía casi dos años de haber entrado a la Segunda Guerra Mundial y toda su industria estaba enfocada en vencer al Tercer Reich y a sus secuaces.
La guerra no fue sólo militar; la propaganda jugó un papel muy importante. Había que convencer a los norteamericanos (y al resto del mundo) que Estados Unidos debía participar en la guerra y que tenía que vencer a Alemania para evitar que el fascismo cubriera a todo el planeta. Gracias a la industria cinematográfica los aliados pudieron burlarse de Hitler y de esa forma soportar todos los horrores bélicos hasta que alcanzaron la victoria en 1945.
"Education for Death" está inspirado en un libro del mismo nombre escrito por Gregor Ziemer. En la película vemos la vida de un niño alemán durante el Tercer Reich; su nacimiento, la forma en que lo adoctrinan gracias a la escuela y a las Juventudes Hitlerianas, y al final cómo se convierte en un soldado dispuesto a dar la vida por su Führer.
Esta película, junto con otras 31, salvó a los Estudios Disney de la quiebra luego que la película "Fantasía" no logró el éxito que esperaban. El gobierno norteamericano le pagó casi 145 mil dólares por hacer esos cortometrajes (y seguramente le dio otras ayudas). Fueron los años en que muchas estrellas del cine como Tyrone Power, Charlie Chaplin y Judy Garland lograron que los norteamericanos compraran bonos de guerra, ahorraran lo más posible, se enlistaran en el ejército y murieran por su país. Espero que lo disfruten.




1 de julio de 2013

Uniendo las imágenes de un horrible día de 1963.

El sitio ADNPolítico subió hoy un video sobre el asesinato del Presidente John F. Kennedy, ocurrido en Dallas el 22 de noviembre de 1963. A pesar de lo que dice ADNPolítico, estas imágenes ni son inéditas ni fueron tomadas por una sola persona. El video incluye parte de la famosa "cinta Zapruder", donde se ve claramente cómo murió Kennedy. El siglo XX fue el primero en el que, gracias a la invención del cine, la imagen se popularizó de una manera inusitada; pues con el desarrollo de la tecnología cada vez más personas pudieron filmar sus propias películas, y algunas de ellas sirvieron para capturar momentos tan importantes como el que aparece en este video. Actualmente casi cualquier persona trae consigo una cámara de video, integrada a su iPad o a su Smartphone, pero deberíamos recordar que hubo un tiempo (no muy lejano, en realidad) cuando tener una cámara que filmaba en formato Super8 era increíble.



24 de junio de 2013

"Somos los árbitros de la nación, no sus mandaderos"


El periódico Reforma informó hoy que el coordinador del PAN en el Senado, Ernesto Cordero "utilizó recursos públicos para comprar joyas, botellas de ron, artículos de lujo de la marca Louis Vuitton y hasta chicles" 
En total, Cordero y la fracción panista gastaron 98 mil pesos en boletos de avión, telefonía celular, champú para evitar la caída del cabello, joyería, una chamarra cazadora, ropa deportiva, ropa para niños, accesorios de baño, toallas y varios más durante ocho meses.
"Para este año -dice Reforma-  los líderes de las bancadas en el Senado tienen a su disposición más de 707 millones de pesos para gastos de las distintas fracciones y comisiones legislativas, de los cuales 468 millones se destinan para los gastos de las fracciones y el resto para diversos pagos de las comisiones legislativas".
O sea que, el senador Cordero y sus amigos le dieron apenas un "pellizquito" al enorme presupuesto que tienen a su disposición. 
Al leer esta nota recordé a un diputado mexicano que no gozó de tanto dinero como los de ahora, pero tuvo una vida tan interesante y se involucró tanto en la política que sus últimos días los pasó en un pequeño departamento, construido en Palacio Nacional, y muy seguramente pagado por el presidente en turno: Guadalupe Victoria. 
El 13 de diciembre de 1823, cuatro años antes de su muerte, el diputado del que estoy hablando, Servando Teresa de Mier, subió a la tribuna para pronunciar un discurso que irritó a muchos de sus contemporáneos, entre otras cosas porque rechazaba totalmente el sistema federal para gobernar este país. 
Decía Mier que los mexicanos no sabíamos qué era esa cosa llamada federalismo, y si lo aplicábamos para gobernarnos, el país desaparecería. 
Afortunadamente México sigue aquí. Pero es cierto que dejar atrás el centralismo y volvernos federalistas nos costó (y nos cuesta) muchos dolores de cabeza. 
Regresando a Cordero, el discurso de Mier incluye algunas líneas sobre cómo debía desempeñar su trabajo un legislador, que a lo mejor le gustarían mucho a este senador panista (y a muchos otros), pero ya sería llevar el cinismo hasta lo jamás visto (y miren que los mexicanos durante nuestra historia hemos contemplado a bastantes políticos corruptos):

...¿y qué hemos de hacer, se nos responderá, si así lo quieren, así lo piden? Decirles lo que Jesucristo a los hijos ambiciosos del Zebedeo: No sabéis lo que pedís.
Los pueblos nos llaman sus padres, tratémoslos como a niños que piden lo que no les conviene: no sabéis lo que pedís.
Se necesita valor, dice un sabio político, para negar a un pueblo entero; pero es necesario a veces contrariar su voluntad para servirlo mejor. Toca a sus representantes ilustrarlo y dirigirlo sobre sus intereses, o ser responsable de su debilidad.
Al pueblo se le ha de conducir, no obedecer. Sus diputados no somos mandaderos, que hemos venido aquí a tanta costa y de tan largas distancias para presentar el billete de nuestros amos. Para tan bajo encargo sobraban lacayos en las provincias o corredores en México.
Si los pueblos han escogido hombres de estudios e integridad para enviarlos a deliberar en un Congreso General sobre sus más caros intereses, es para que acopiando luces en la reunión de tantos sabios decidamos lo que mejor les convenga; no para que sigamos servilmente los cortos alcances de los provincianos circunscritos en sus territorios.
Venimos al Congreso General para ponemos como sobre una atalaya, desde donde columbrando el conjunto de la nación, podamos proveer con mayor discernimiento a su bien universal. Somos sus árbitros y compromisarios, no sus mandaderos.
La soberanía reside esencialmente en la nación, y no pudiendo ella en masa elegir sus diputados, se distribuye la elección por las provincias; pero una vez verificada, ya no son los electos diputados precisamente de tal o tal provincia, sino de toda la nación.
Éste es el axioma reconocido de cuantos publicistas han tratado del sistema representativo. De otra suerte el diputado de Guadalajara no pudiera legislar en México, ni el de México determinar sobre los negocios de Veracruz.
Si, pues, todos y cada uno de los diputados lo somos de toda la nación, ¿cómo puede una fracción suya limitar los poderes de un diputado general? Es un absurdo, por no decir una usurpación de la soberanía de la nación.
Yo he oído atónito aquí a algunos señores de Oaxaca y Jalisco, decir que no son dueños de votar como les sugiere su convicción y conciencia, que teniendo limitados sus poderes no son plenipotenciarios o representantes de la soberanía de sus provincias.
En verdad, nosotros los hemos recibido aquí como diputados, porque la elección es quien les dio el poder, y se los dio para toda la nación; el papel que abusivamente se llama poder, no es más que una constancia de su legítima elección; así como la ordenación es quien da a los presbíteros la facultad de confesar, lo que se llama licencia no es más que un testimonio de su aptitud para ejercer la facultad que tienen por su carácter. 


¿Se imaginan a un diputado o senador de nuestro tiempo diciendo algo parecido a lo que Mier señala? La diferencia está en que Mier esperaba que el Poder Legislativo pudiera imponerse a la sociedad, porque contaría con algo que, nosotros sabemos bien, jamás ha tenido: autoridad moral.

17 de junio de 2013

Las primeras palabras del primer emperador mexicano.

Séame permitido, dignos é ilustres Representantes, Pueblo amado: séame permitido empezar protestándoos por el Dios de la verdad, por el honor de que blasono, por vosotros, que son para mí los juramentos más sagrados, que cuanto articularán mis labios en este momento son los sentimientos del corazón, la efusión más pura de mi alma franca y sensible.
Cuando pronuncié en Iguala la Independencia del Imperio, cuando resonó en todos los confines de Anáhuac la encantadora voz de libertad, además de proponerme romper las cadenas con que un Mundo sujetó á otro Mundo, sin otra razón que la violencia y el terror, autorizada en los tiempos sombríos de la ignorancia, tuve por principal objeto salvar á la Patria de una horrorosa anarquía, en cuyos bordes ya balanceaba.
Yo la ví próxima á recibir por la divergencia de opiniones el impulso que iba á precipitarla sin remedio: con voz tan sentida como majestuosa reclamaba auxilios de sus hijos: corrí á extenderle una mano protectora.
Nada es más natural en ocurrencias extraordinarias, prontas y difíciles, que olvidarlo todo sin pensar más que en evitar el daño: á mí, sin embargo, quiso la Providencia darme serenidad bastante para no ser sorprendido por el peligro: creo que poco olvidé de lo que convenía tener presente: el éxito es el garante de mi aserción; pero sobre todo cuidé de respetar la voluntad de los pueblos acallados entonces, sofocada, diré mejor enmudecida, pues tres siglos de silencio ominoso, la habían privado hasta de la facultad de expresarse: el estado era violento, y una vez conseguido reanimar este cuerpo casi exánime y robustecerle, tiempo vendría en que por su naturaleza misma recobrase sus derechos y los pusiese en ejercicio; es el principal la elección de un hombre que puesto á su cabeza le dirigiese, le amase, le defendiese; éste es el Príncipe, éstas sus virtudes.
Era preciso reunir la opinión á un centro, era preciso dejar á salvo la voluntad general cuando pudiese libremente pronunciarse; espinosa y difícil empresa conciliar en aquel tiempo extremos tan opuestos.
Llamé, no ví otro medio, á reinar en México á la dinastía de la segunda rama de Hugo Capeto, con tal de que su advenimiento al trono fuese precedido de la Constitución de la Monarquía; así, los Padres de la Patria remediarían los inconvenientes que trae consigo poner el Cetro en manos acostumbradas á manejarlo á su placer sin más ley que su antojo, y la corona en quien tal vez no profesa á los americanos todo el amor que un Príncipe debe á sus pueblos: si la Constitución no evitaba estos males, me quedaba al menos el consuelo, aunque triste, de que no era obra mía.
El llamamiento, pues, de los Borbones conciliaba la opinión sin constreñir la voluntad de los pueblos.
A falta de aquéllos quedaban éstos autorizados para invitar á otro Príncipe de casa reinante; el objeto que me propuse fué alejar de mí toda sospecha relativa á sentimientos de ambición que nunca tuve.
Trabajé, pues, en todos sentidos y con previsión para levantar á la Patria del abatimiento en que yacía y para arrancarla del punto del peligro: el orden de los sucesos la fué atrayendo después á otro abismo no menos fatal que el en que se viera cuando resucitó en Iguala, y estos mismos sucesos exigían de mí nuevos esfuerzos, nuevos sacrificios: acaba de exigirme el mayor; yo cedo á la necesidad y miro mi destino como su bien, porque él lo proporciona á mis conciudadanos; como una desgracia, porque me arrebata de mi centro colocándome en un estado fuera de mi naturaleza.
Si, Pueblos: he admitido la Suprema Dignidad á que me eleváis, después de haberla rehusado por tres veces, porque creo seros así más útil; de otro modo preferiría morir á ocupar el Trono.
¿Qué alicientes tiene éste para un hombre que ve las cosas á su verdadera luz?
La experiencia me enseñó que no bastan á dulcificar las amarguras del mando las pocas y efímeras satisfacciones que produce: de una vez, Mexicanos, la dignidad Imperial no significa para mí más que estar ligado con cadenas de oro, abrumado de obligaciones inmensas: eso que llaman brillo, engrandecimiento y majestad, son juguetes de la vanidad.
Acabo de jurar sobre los Santos Evangelios lo que ya había jurado antes de ahora en mi corazón, con propósito de no ser perjuro aunque cayesen sobre mi cabeza más males que encerró la fatal caja. ¡Con cuánta satisfacción, pues, no habré renovado mis juramentos!
¡Generales, Jefes, Oficiales y Tropa del Ejército Trigarante: vosotros fuisteis testigos de mis votos; ellos os dieron el nombre honroso que habéis sabido conservar! Nuestra divisa fué siempre la Religión Sagrada, la Santa Independencia, la Unión que es la perfección de la moral, la justicia que sirve de escudo á los derechos que dió naturaleza al hombre y que perfeccionó la sociedad.
Pueblos: he jurado por convencimiento, por obediencia, por daros ejemplo y por dejar establecido para mis sucesores un acto de reconocimiento á la Soberanía de la Nación, de adhesión á ella, de subordinación á las leyes, de respeto á sus Representantes y de adoración al Autor y Supremo Legislador de las sociedades.
El peso que habéis puesto sobre mis hombros no puede soportarlo un hombre solo, sean cuales fueren sus fuerzas, menos yo que las tengo muy débiles; pero cuento con las luces de los sabios, con los deseos de los buenos, con la docilidad del Pueblo, con la fortuna de los opulentos, con los robustos brazos del Ejército Libertador, y con las preces de los Ministros del Santuario. Padres de la Patria: la Constitución y las Leyes son los fundamentos de la sociedad; una y otras son obras de vuestra sabiduría; también lo es ayudarme á conducir á nuestros súbditos á la felicidad; ellos os harían el más grave cargo si me abandonaseis.
¡Y qué podré decir de mi agradecimiento á una Nación tan generosa! Las pasiones no tienen idioma conocido: mi corazón late … la ternura no me permite articular…
¡Ojalá sea tal mi conducta que el Pueblo que me ha elegido y el Congreso que ha confirmado sus sufragios se den por satisfechos; yo, sin embargo, jamás podré creer que mi gratitud corresponda á mis deseos!
Quiero, Mexicanos, que si no hago la felicidad del Septentrión, si olvido algún día mis deberes, cese mi Imperio; observad mi conducta, seguros de que si no soy para ella digno de vosotros, hasta la existencia me será odiosa. ¡Gran Dios! no suceda que yo olvide jama que el Príncipe es para el Pueblo y no el Pueblo para el Príncipe. 
Agustín de Iturbide, al jurar como Emperador el 21 de Mayo de 1822.

10 de junio de 2013

Miguel Miramón; entre el Cerro de Chapultepec y el Cerro de las Campanas.

Fue un valiente militar y un orgulloso egresado del Colegio Militar; defendió a México el 13 de septiembre de 1847 y se convirtió en el presidente más joven del país en 1859. También permitió robos y masacres para defender su proyecto político, y murió fusilado junto al emperador Maximiliano el 19 de junio de 1867.
La historia nunca es simple ni bonita; es apasionante pero también contradictoria. Miguel Miramón estaba convencido de que México necesitaba una dictadura para acabar con los demagogos que lucraban con la política, y que el país saldría adelante gracias a modernizar nuestra economía. Si la vida hubiera sido distinta, tal vez habría sido amigo y colaborador del hombre que logró esas dos metas: Porfirio Díaz.
Pero la historia no se hace con "hubieras". Y Miramón tuvo que afrontar las dolorosas consecuencias de sus acciones.
Miramón nació en la ciudad de México en 1831. En su familia aprehendió dos tradiciones mexicanas del siglo XIX: la profunda fe católica y el militarismo. En 1846 ingresó, como sus hermanos, al Colegio Militar, donde se distinguió por ser un cadete muy disciplinado. Fue prisionero de guerra de los norteamericanos, luego que Chapultepec se rindió en 1847.
Luego de varias misiones en el ejército, Miramón peleó contra los que se sublevaron en 1854 contra el gobierno de Antonio López de Santa Anna. Estuvo en el bando perdedor, pero conservó su empleo. Las cosas cambiaron en 1856, debido a que el Presidente Ignacio Comonfort llamó a promulgar una nueva constitución, la cual tenía un marcado tinte liberal. Miramón se unió a un levantamiento en el centro del país, en el que participaron otros militares que luego formaron parte del Ejército Conservador en la Guerra de Reforma: Tomás Mejía, Luis Osollos, Miguel Etcheagaray y Félix Zuloaga.
Este último se volvió presidente de México a principios de 1858, cuando los conservadores convencieron al presidente Comonfort de dar un golpe de Estado contra la Constitución de 1857, y luego lo arrojaron como a un trapo sucio. Contra ellos estuvo el presidente de la Suprema Corte de Justicia y legítimo sucesor del jefe del Ejecutivo: Benito Juárez.
Así comenzó una de nuestras guerras más violentas, que costó 70 mil vidas en tres años. Muchos muertos para un país que no llegaba a los 10 millones de personas.
Miramón peleó ferozmente contra los liberales y se convirtió en el mejor guerrero de los conservadores. Le decían "El joven Macabeo", para compararlo con ese personaje del Antiguo Testamento que defendió al pueblo de Israel contra sus enemigos.
A principios de 1859, los conservadores lo nombraron presidente de México. Allí cometió tres enormes errores que a la larga cimentaron la derrota de su partido: la matanza de Tacubaya, el Tratado Mon-Almonte y el asalto a la Legación Británica.
El 11 de abril de 1859, Miramón permitió que el general conservador Leonardo Márquez fusilara a 53 personas, acusándolas de haber participado en un ataque liberal contra la ciudad de México. La mayoría de los fusilados ya estaban heridos, el resto eran estudiantes de medicina e inclusive extranjeros que vivían en ese poblado. Miramón jamás castigó a Márquez por su delito.
En septiembre de ese mismo año, Miramón autorizó a Juan Nepomuceno Almonte -hijo del Cura Morelos- a firmar un tratado de colaboración con el reino de España. El tratado Mon- Almonte permitía a esa nación inmiscuirse en los asuntos del país, lo que debilitó aún más la soberanía mexicana.
Y a mediados de 1860, Miramón consintió que Leonardo Márquez robara 600 mil pesos de la Legación Británica, por lo que ese país le retiro a los conservadores su reconocimiento.
Miramón fue derrotado a finales de 1860 en la Batalla de Calpulalpan. Huyó del país. Pasó un tiempo en La Habana, Nueva York y Europa. Allí se enteró de que Francia había invadido México y que parte de los conservadores se habían convertido en monárquicos, que restablecieron el Imperio Mexicano y al fin tenían un príncipe de sangre real para dirigirlo: Maximiliano de Habsburgo.
Miramón consideró la posibilidad de unirse a Juárez para pelear contra el Imperio, pero eso era imposible. Buscó a Maximiliano y el emperador le ofreció que formara el nuevo ejército mexicano, pero tampoco pudo lograrlo. El verdadero gobernante de México, el comandante de las tropas francesas Francisco Aquiles Bazaine no quería a Miramón en México haciéndole sombra, por lo que lo humilló hasta que Maximiliano decidió enviarlo a Prusia.
Allá, Miramón se aburrió por dos años, hasta que a principios de 1867 regresó a México. Los franceses se habían ido y el Imperio se tambaleaba. Maximiliano formó un Estado Mayor con los generales Leonardo Márquez, Tomás Mejía y Miguel Miramón. Pelearon contra los republicanos, pero era poco lo que podía hacerse.
El imperio se desplazó a Querétaro, porque supuestamente sería más sencillo defenderse de Juárez y sus tropas. Márquez ofreció ir a la ciudad de México por tropas para aguantar los ataques de los republicanos. Jamás regresó.
El imperio cayó en abril de 1867. Maximiliano, Miramón y Mejía fueron juzgados de acuerdo con la ley del 25 de enero de 1862, y los declararon culpables de atentar contra el gobierno mexicano. Fueron fusilados un 19 de junio en el Cerro de las Campanas.
Concepción Lombardo, viuda de Miramón, dispuso que el cadáver de su marido fuera enterrado en el cementerio más lujoso de México: San Fernando. Allí estuvo hasta 1872. En ese año falleció el Presidente Juárez y fue enterrado en el mismo lugar. La señora Lombardo no estuvo dispuesta a permitir que su marido reposara en el mismo lugar que la persona que lo mandó fusilar, por lo que exhumó los restos y se los llevó a uno de los lugares representativos del México conservador: la Catedral de Puebla.
Allí descansa Miguel Miramón. Su generación logró años más tarde unirse bajo el mando de un caudillo que se propuso pacificar forzosamente a México y que lo hizo muy rico, pero también impidió que los ciudadanos eligieran libremente a sus gobernantes.
La historia nunca es bonita, como dije antes. Pero a cambio de eso, México ha vivido momentos apasionantes y ha tenido personajes cautivadores, como Miguel Miramón.

3 de junio de 2013

¿Hacia dónde van los posgrados en historia?

Esa pregunta se hace el Comité Mexicano de Ciencias Históricas, y para contestarla acaba de abrir un blog en el que le pide a coordinadores, estudiantes y egresados que compartan sus ideas y experiencias. 
En su texto de invitación, el Comité señala que le preocupa saber cuál es la calidad de los programas de maestría y doctorado en historia que se imparten en México, qué calidades debe tener un maestro en historia, y (el tema que yo creo más importante) cómo se ganarán la vida aquellos que no se integren a una universidad o un centro de investigación. 
Para saber qué pasa con nuestra profesión, el Comité redactó seis preguntas: 

1)     ¿Qué requisitos deben definir un posgrado de calidad en Historia?
2)     ¿Qué problemas y soluciones generan los parámetros de excelencia de CONACYT?
3)     ¿Qué expectativas trae el estudiante y qué realidad encuentra?
4)     ¿Qué problemas tiene la actual enseñanza de la historia a nivel posgrado?
5)     ¿Qué cambios podrían mejorar la calidad de nuestros posgrados?
6)     ¿Cómo incorporar de manera eficiente en nuestros programas el uso de las nuevas herramientas tecnológicas y digitales en la formación de historiadores?

Yo ya las contesté en la página http://evaluandoaclio.blogspot.mx. Sin embargo, quiero enfatizar que, en mi opinión, el problema más grande que tiene un egresado de un posgrado en historia está en que no va a encontrar a corto plazo un trabajo para el cual se estuvo preparando durante años. La posibilidad de que al salir de la maestría o el doctorado lo contraten con una plaza de tiempo completo en una institución de excelencia es, por decir lo menos, remota. 
La convocatoria del Comité señala que en este momento, México tiene 15 programas de maestría y 12 de doctorado inscritos en el Padrón Nacional de Posgrados de Calidad, y 4 maestrías y 7 doctorados afuera del Padrón que se imparten en la ciudad de México. Si cada generación de cada programa tiene entre 15 y 40 alumnos, eso quiere decir que tenemos entre 570 y 1520 futuros historiadores con posgrado. Si lo comparamos con la carrera de Derecho en la UNAM la cifra es ridículamente baja; pero aún así, ¿cuántos de esos próximos maestros y doctores en historia conseguirán ese trabajo por el cual ahora están estudiando con tanto esfuerzo? 
La solución es lógica: si México invierte en crear tantos historiadores de punta, debería también crearles puestos de trabajo. Desgraciadamente la lógica y la realidad no van de la mano y esas nuevas plazas no van a existir, por lo menos a corto plazo. 
¿Qué hacer entonces? ¿Qué habilidades deben aprender estos estudiantes de posgrado para que cuando salgan de la torre de marfil no se frustren y puedan ganarse la vida? Yo creo que eso es lo que debería preguntar el Comité, para deveras ayudar a tantos alumnos que están angustiados o prefieren encerrarse en su tesis (que de por sí en un programa de excelencia no pueden dedicarse a otra cosa) para no ver la realidad que se les viene encima. 
A todos ellos, sólo puedo decirles lo mismo que le repito a mis estudiantes de licenciatura y maestría: entiende de una vez que la vida está afuera de la academia, y dedica lo que te queda dentro de ella para responderte la siguiente pregunta: "¿Qué puedo hacer con todo lo que he aprendido en mi maestría/doctorado?" 
Nuestra sociedad necesita muchos historiadores. Pero hay que atreverse a buscarla. 



27 de mayo de 2013

¿Quién salvará al AGEY?

Los del centro del país tenemos la pésima costumbre de ignorar lo que pasa en otras regiones de México. Ojalá fuéramos más observadores, porque eso nos permitiría entender mejor los problemas que tenemos. Hace unos días me encontré con un artículo en el que se menciona que pronto se eligirá al nuevo director del Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY). ¿Y eso a nosotros qué? se preguntarán mis lectores. Pues debería importarnos mucho, porque a pesar de su distancia Yucatán también es México, o sea que su historia es nuestra. 
Resulta que el AGEY pasa por problemas muy comunes a otros archivos: desinterés oficial, poco presupuesto, documentos a punto de ser destruidos, espacio rebasado y una sociedad que no sabe que puede perder en cualquier momento gran parte de su historia. 
No es la primera vez que escribo algo sobre nuestros archivos. A principios de año comenté las declaraciones de Aurora Gómez Galvarriato, directora del Archivo General de la Nación, sobre los problemas que enfrenta ese repositorio de nuestra historia. Al AGN le dieron la mitad del presupuesto que había solicitado para 2013, necesitan un nuevo edificio para guardar todos los documentos que han recibido en los últimos años, deben alquilar bodegas para cuidar los papeles que de otra forma estarían arrumbados en las galerías del archivo, y además la cercanía del Gran Canal podría destruir todo lo que allí se conserva si sufrimos un gran terremoto. 
El caso del AGEY es parecido, pero aquí se añade que es un archivo estatal, lo que lo hace sufrir por los vaivenes políticos del gobierno yucateco. 
A fines de este mes dejará el cargo de director del archivo la doctora Piedad Peniche. Ojalá su sucesor no sea alguien salido de la burocracia, que se ganó el puesto por haber hecho favores. Ojalá el archivo sea dirigido por un historiador joven, con las ganas, el talento y el conocimiento necesario para proteger ese recinto y para que le haga saber a la sociedad yucateca (y a la del resto del país), que allí se guarda parte de nuestro pasado, con la intención de que nosotros y nuestros descendientes puedan conocerlo.
 

20 de mayo de 2013

Joel Poinsett: el primer "extraño enemigo"


México nunca ha tenido una relación fácil con Estados Unidos, eso lo sabemos todos los que nos interesamos por la historia. Lo que a veces perdemos de vista es cuando comenzó esa convivencia tan complicada.
Si tuvieramos que proponer una fecha para el inicio de este problema, yo diría que fue a finales de 1822. En ese año llegó a México un diplomático norteamericano con la misión de sondear al breve gobierno imperial y proponerle que vendiera los estados norteños de nuestro país. 
Joel Poinsett fue uno de los diplomáticos más importantes de Estados Unidos. Nacido en Carolina del Sur en 1779, Poinsett se educó en Europa, hablaba perfectamente español, francés, alemán e italiano; era un reconocido botánico y le gustaban las intrigas. 
Luego de pasar un tiempo como ministro en Sudamérica, el gobierno de James Monroe lo envió a México. Apenas nuestro país había consumado su independencia, y el gobierno de Agustín de Iturbide veía que las cosas empeoraban. 
Poinsett, un republicano convencido, creía que el Imperio Mexicano era una farsa y que pronto se vendría abajo por la falta de dinero. Sin embargo, no pudo convencer al ministro del Exterior, Juan Francisco de Azcárate, de que México vendiera Texas, Nuevo México, Alta y Baja California, Sonora, Coahuila y Nuevo León. 
Poinsett no consiguió que le vendieran nada, y luego que se fue publicó en Estados Unidos un diario que llevaba consigo. "Notes on Mexico". Es un libro interesante, que nos muestra cómo era el país durante el Primer Imperio y también lo que los americanos opinaban de nosotros. 
Poinsett regresó en 1825 como Ministro Plenipotenciario. Tenía la misma misión que antes, pero además debía convencer a los políticos mexicanos de que la república democrática era el mejor sistema político del mundo y que Estados Unidos sólo quería nuestra amistad.
Para lograrlo, Poinsett introdujo en México el Rito de York, el cual rápidamente se convirtió en un grupo político que quería desaparecer a sus rivales, los escoceses. 
Poinsett consiguió que personajes muy importantes de ese tiempo como el Presidente Guadalupe Victoria, Lorenzo de Zavala y Vicente Guerrero se volvieran masones yorkinos. El "escocés" y Vicepresidente Nicolás Bravo denunció en 1827 la intromisión de Poinsett en la vida nacional y exigió al Congreso Mexicano que expulsaran del país al ministro norteamericano. Al final el expulsado fue Bravo, luego que se levantó en armas y lo derrotó Vicente Guerrero. 
Poinsett tuvo que irse en 1830 luego que un golpe de Estado quitó de la silla a su aliado Vicente Guerrero, pero un año antes colaboró para que los yorkinos le arrebataran la presidencia a los escoceses y a su candidato, Manuel Gómez Pedraza. 
Poinsett tampoco consiguió en la segunda ocasión que México le vendiera territorios, pero a cambio logró llevarse una planta muy bonita que aquí llamamos "Nochebuena", pero que en todo el mundo es conocida como "Poinsettia".

13 de mayo de 2013

Una carta para Juárez.

Nueva York, 10 de noviembre de 1865. 


Juárez: 
Te pongo esta carta para decirte que todos estamos buenos y por tu última carta de 29, hemos visto con gusto que tú estés lo mismo: yo estoy sin ninguna enfermedad, pero la tristeza que tengo es tan grande que me hace sufrir mucho; la falta de mis hijos me mata, desde que me levanto los tengo presentes recordando sus padecimientos y culpándome siempre y creyendo que yo tengo la culpa de que se hayan muerto; este remordimiento me hace sufrir mucho y creo que esto me mata; no encuentro remedio y sólo me tranquiliza, por algunos momentos, que me he de morir y prefiero mil veces la muerte a la vida que tengo; me es insoportable sin ti y sin mis hijos; tú te acuerdas del miedo que le tenía a la muerte, pues ahora es la única que me dará consuelo. 
No culpo que muchas personas se maten cuando pierden la esperanza de volver a tener tranquilidad; si yo fuera de más valor ya lo hubiera hecho hace un año, ese tiempo llevo de llorar de día y de noche y, de haber perdido la esperanza de volver a tener no digo gusto, tranquilidad de espíritu siquiera, de manera que si Dios no me remedia esto que no me lo remediará, porque no me ha de volver a mis hijos, que sería lo único que daría la vida. Me queda otra esperanza y es que tú te reúnas con nosotros; será para mí un gran consuelo. 
Creo que esta semana se irá González Ortega, ese desgraciado no ha venido más que a ponerse en ridículo y a que todos conozcan lo mula que es. 
Ya en mi anterior te digo respecto al dinero de don Blas Pereda y Santa también te habrá hablado sobre eso, recibimos la libranza de 1200 pesos que me mandaste. 
Recibe mil abrazos de todos nuestros hijos y dales memorias de mi parte a los sres. Lerdo, Iglesias, Goytia, Sánchez, Contreras, Pancho Díaz y Novoa, y tú recibe el corazón de tu esposa que desea verte. 

Margarita.

6 de mayo de 2013

Happy cincou di maiou!!!

Acabo de escuchar en conocido programa de radio que en Estados Unidos el 5 de mayo es el día que se vende más cerveza en todo el año. Eso se debe a una campaña publicitaria pensada para el público mexicano que vive allá, pero tuvo tal éxito que la mayoría de los gringos cree que en esa fecha celebramos nuestra independencia. 
No sé si esa versión es real, pero en todo caso me sirve para hacer un comentario sobre uno de esos días de nuestro calendario patrio que ha pasado de la gloria al infierno; de Pedro Infante dando su vida por la patria en "Mexicanos al grito de guerra", a decir que para qué perdemos el tiempo recordando una batalla que ni siquiera ganamos. 
También resulta que ayer me encontré en Facebook el meme que está arriba, el cual viene de una cuenta llamada No más mentiras sobre la historia de México. Debo decir que estoy de acuerdo con ese título. Yo también creo que los mexicanos deberían saber más sobre la historia de su país y menos sobre los mitos con los cuales se construyó esta nación. 
Pero también creo que es necesaria una historia que comprende y no que meramente juzga; en especial porque lo segundo es otra tradición nacional que no nos ha llevado a ninguna parte. 
México ha oscilado entre la "historia de bronce" que pretende convertir a todo escuincle en un Niño Héroe (como decía Luis González) y la "historia crítica", para la cual somos víctimas de un montón de mentiras, todo lo que nos han contado sobre nuestro pasado es falso y por eso debemos destruirlo. 
Entre los dos extremos está la verdad sobre lo que pasó. Pero los historiadores (por lo menos los que somos serios) reconocemos que jamás sabremos la realidad del pasado. Lo más que podemos hacer es investigar nuestras fuentes, reflexionar mucho sobre ellas y ofrecer certidumbres que en todo momento pueden revisarse. 
Revisemos pues ese diálogo entre una maestra muy pasita y una niña muy preguntona: 
1. dice la niña que México no le ganó al ejército francés en la batalla de Puebla de 1862. A lo más era "una avanzada, un grupo de soldados que va adelante a inspeccionar un terreno" 
Bueno, eso es lo mismo que decir que la Unión Soviética no derrotó a Alemania en 1945 porque en su territorio no estuvo todo el ejército alemán, o que Vietnam no logró el retiro de los norteamericanos de su país en 1975 porque había Marines en Texas en ese momento. Es sólo una figura retórica para explicar lo ocurrido. 
Aunque, hay que decir que la maestra hubiera quedado mucho mejor si aclarara que en diciembre de 1861, 7 mil soldados franceses desembarcaron en Veracruz. El dato es importante, y tal vez para la niña sería más claro. 
2. La maestra se enoja y suelta una de esas respuestas que pretenden fulminar al contrincante, pero a cambio logra que la niña le haga varias preguntas muy interesantes. Veamos cada una e intentaré responderlas: 
a) ¿Por qué en un año la bandera francesa ondeaba en Palacio Nacional?  Porque los franceses tomaron la Ciudad de México el 10 de junio de 1863, luego que recibieron refuerzos y lograron además conquistar la ciudad de Puebla el 17 de mayo de ese mismo año. Eso quiere decir que tardaron un año en lograr lo que creían que harían en cuestión de semanas. 
b) ¿Por qué los franceses ganaron la segunda batalla que nadie menciona? No sé a quién se refiera con "nadie". Yo no tengo ningún problema en decir que el 17 de mayo de 1863 las tropas de Frederic Forey tomaron Puebla la cual estaba protegida por los generales Jesús González Ortega, Mariano Escobedo, Porfirio Díaz y otros. La ciudad cayó luego de dos meses de sitio. La tomaron porque tenían más hombres y armas, pero les costó mucho trabajo, más del que creía el anterior comandante Charles de Lorencez. 
c) ¿Por qué en el libro de la SEP no viene que Díaz derrotó a los franceses? Simple, porque para el régimen de la Revolución (y al parecer también para los panistas) Díaz era el culpable de todas las desgracias nacionales y no merecía ser recordado como un héroe. Pero durante su mandato esa batalla fue objeto de homenajes, y al general se le conocía como "el héroe del 2 de abril". 
d) había pocos franceses en la batalla del 2 de abril. Sí, la mayoría salió de México a principios de 1867 cuando Napoleón ordenó el retiro de sus tropas. Puebla fue defendida por el ejército imperial formado por Miguel Miramón luego que regresó a México tras el "exilio" en Prusia. 
Ahora, vamos a lo importante: ¿fue o no fue una victoria mexicana la batalla del 5 de mayo? 
Recordemos que en 1861 México estaba quebrado y no podía pagar su deuda externa, la cual ascendía en total a 96 millones de pesos. 
Además, había terminado la Guerra de Tres Años en la cual perdió entre 70 mil y 100 mil vidas (un número muy grande para un país de 8 millones de habitantes, aproximadamente). 
Inglaterra, España y Francia se unieron para cobrarle a México ese dinero y entre los tres enviaron un contingente de casi 14 mil soldados, bien entrenados y alimentados. Algo que ni de lejos podía presumir México. 
El presidente Juárez logró negociar con España e Inglaterra, reconociendo la deuda mexicana y ofreciéndose a pagar en cuanto pudiera hacerlo. Lo aceptaron y se fueron. No así Francia, que quería aprovechar la situación para establecer un gobierno en México que fuera su aliado y le permitiera adueñarse de sus recursos naturales. 
Francia aprovechó además que Estados Unidos vivía su guerra civil y no podía oponerse a los deseos de Napoleón III. 
El 12 de marzo de 1862 las tropas francesas salieron de Veracruz con destino a Puebla. El gobierno mexicano ya había creado el Ejército de Oriente para combatirlos, pero no contaba con armas, alimentos ni medicinas. El general en jefe Ignacio Zaragoza los enfrentó con lo que pudo, pero no impidió que los franceses avanzaran en las Cumbres de Acultzingo. 
Zaragoza se hizo fuerte en los cerros de Loreto y Guadalupe, en la entrada de la ciudad de Puebla, pero no esperaba ni por lejos vencer. A lo más retardaría el avance francés para que el gobierno mexicano huyera de la Ciudad de México. 
El comandante Lorencez, en lugar de rodear los cerros y entrar a la ciudad sin disparar un solo tiro, confió en su arrogancia y ordenó a sus tropas escalarlos. Los mexicanos les dispararon con todo lo que tenían y muchas veces se enfrentaron cuerpo a cuerpo. ¿Y qué creen? Pues que los franceses no pudieron tomar Puebla el 5 de mayo de 1862. 
Por eso es una victoria. Se enfrentó una fuerza expedicionaria muy poderosa (para usar el término de la niña) a un ejército pobre, pero ganó el segundo. Y eso impidió que los franceses avanzaran durante un año para tomar la ciudad de México. 
Alguna vez el escritor Camilo José Cela dijo: "En España el que resiste vence". Eso fue lo que pasó con México en 1862 y hasta 1867. Resistió a los franceses y utilizó otro tipo de armas (las leyes y la diplomacia) para destruir al Segundo Imperio Mexicano y acabar con el proyecto de Napoleón III. 
La Segunda Guerra de Independencia no la ganó el más fuerte; sino el que aguantó más. Y uno de sus grandes triunfos fue la batalla del 5 de mayo. 
Yo le diría a esa maestra que no se enoje; mejor estudie para poder contestarle correctamente a sus alumnos. Y felicitaría a la niña por sus preguntas, pero también le diría que para aprender historia debemos cuestionar lo que ya sabemos, sólo así podemos conseguir esas certidumbres de las que hablé al principio: humildes, constantemente revisables, pero también muy útiles para conocer lo que pasó.