3 de junio de 2013

¿Hacia dónde van los posgrados en historia?

Esa pregunta se hace el Comité Mexicano de Ciencias Históricas, y para contestarla acaba de abrir un blog en el que le pide a coordinadores, estudiantes y egresados que compartan sus ideas y experiencias. 
En su texto de invitación, el Comité señala que le preocupa saber cuál es la calidad de los programas de maestría y doctorado en historia que se imparten en México, qué calidades debe tener un maestro en historia, y (el tema que yo creo más importante) cómo se ganarán la vida aquellos que no se integren a una universidad o un centro de investigación. 
Para saber qué pasa con nuestra profesión, el Comité redactó seis preguntas: 

1)     ¿Qué requisitos deben definir un posgrado de calidad en Historia?
2)     ¿Qué problemas y soluciones generan los parámetros de excelencia de CONACYT?
3)     ¿Qué expectativas trae el estudiante y qué realidad encuentra?
4)     ¿Qué problemas tiene la actual enseñanza de la historia a nivel posgrado?
5)     ¿Qué cambios podrían mejorar la calidad de nuestros posgrados?
6)     ¿Cómo incorporar de manera eficiente en nuestros programas el uso de las nuevas herramientas tecnológicas y digitales en la formación de historiadores?

Yo ya las contesté en la página http://evaluandoaclio.blogspot.mx. Sin embargo, quiero enfatizar que, en mi opinión, el problema más grande que tiene un egresado de un posgrado en historia está en que no va a encontrar a corto plazo un trabajo para el cual se estuvo preparando durante años. La posibilidad de que al salir de la maestría o el doctorado lo contraten con una plaza de tiempo completo en una institución de excelencia es, por decir lo menos, remota. 
La convocatoria del Comité señala que en este momento, México tiene 15 programas de maestría y 12 de doctorado inscritos en el Padrón Nacional de Posgrados de Calidad, y 4 maestrías y 7 doctorados afuera del Padrón que se imparten en la ciudad de México. Si cada generación de cada programa tiene entre 15 y 40 alumnos, eso quiere decir que tenemos entre 570 y 1520 futuros historiadores con posgrado. Si lo comparamos con la carrera de Derecho en la UNAM la cifra es ridículamente baja; pero aún así, ¿cuántos de esos próximos maestros y doctores en historia conseguirán ese trabajo por el cual ahora están estudiando con tanto esfuerzo? 
La solución es lógica: si México invierte en crear tantos historiadores de punta, debería también crearles puestos de trabajo. Desgraciadamente la lógica y la realidad no van de la mano y esas nuevas plazas no van a existir, por lo menos a corto plazo. 
¿Qué hacer entonces? ¿Qué habilidades deben aprender estos estudiantes de posgrado para que cuando salgan de la torre de marfil no se frustren y puedan ganarse la vida? Yo creo que eso es lo que debería preguntar el Comité, para deveras ayudar a tantos alumnos que están angustiados o prefieren encerrarse en su tesis (que de por sí en un programa de excelencia no pueden dedicarse a otra cosa) para no ver la realidad que se les viene encima. 
A todos ellos, sólo puedo decirles lo mismo que le repito a mis estudiantes de licenciatura y maestría: entiende de una vez que la vida está afuera de la academia, y dedica lo que te queda dentro de ella para responderte la siguiente pregunta: "¿Qué puedo hacer con todo lo que he aprendido en mi maestría/doctorado?" 
Nuestra sociedad necesita muchos historiadores. Pero hay que atreverse a buscarla. 



3 comentarios:

  1. De acuerdo mi estimado, el problema no es salir a buscar sino encontrar, pero para eso esta la frase de San Mateo el que busca encuentra Mateo 7,7.

    Si no hay plazas hay que buscarla, hay que adaptarse a las necesidades del mercado e ir mejorando constantemente.

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  2. En lo esencial de acuerdo contigo y con el comentarista anterior.
    Me parece muy bien que los posgrados otorguen una beca para formar historiadores de calidad y que a cambio exijan tiempo completo a los estudiantes. Pero tiempo completo, en la teoría y en la normatividad del Conacyt, no es exclusividad; de hecho el Conacyt te permite impartir 5 horas clase semanales. Claro, en la práctica, esta norma es tergiversada por algunos académicos de los posgrados (por razones teóricas de fondo) y si impartes clase teniendo una beca Conacyt, probablemente termines compareciendo ante el comité académico de tu posgrado, como fue mi caso (aunque al final fallaron a mí favor). Al igual que tú, yo también veo algunos problemas en los posgrados: 1.- Muchos estudiantes de posgrado, amparándose en la beca y en la clausula de tiempo completo, aplican a un posgrado para evitar trabajar, donde seguramente serán más exigidos y probablemente con un ingreso menor. Estos mismos estudiantes no aprovechan el beneficio de la beca para realmente formarse (no ven al posgrado como el equivalente a un trabajo, sino como una extensión de la licenciatura donde ya los no beca papá sino el Conacyt o la institución), y en vez de aprovechar el tiempo libre leyendo, investigando (de verdad, no haciendo tesis "escolásticas" de copy paste que no aportan nada al conocimiento y que muchas veces, ni sus asesores leen) o cursando un(os) idioma(s), se la pasan perdiendo el tiempo en cafeterías, cervecerías o en las jardineras de los institutos, haciendo vida social, en la grilla (p. e. en el 132), haciendo turismo en nombre de la ciencia, quejándose de sus maestros, asesores y en general del posgrado (al que retratan peor que el infierno de Dante). 2.- Por otra parte, a muchos académicos lo que menos les importa en formar profesionista, sino recibir los fondos que Conacyt otorga a las instituciones por cada estudiante. En este sentido, a algunos asesores solo les importan los puntos que da el Conacyt por "dirigir" tesis que ni leen, y algunos otros ni preparan sus clases. (luego ve uno tesis de doctorado solo comparables con trabajos de licenciatura hechos la noche anterior a la fecha de entrega) 3.- Quizá cayendo en el sospechosismo, pero percibo que este sistema de exigencia (de facto) de exclusividad (e insisto que de facto, pues el tiempo completo es conforme a la ley federal del trabajo son 40-48 horas semanales y fuera de eso y conforme a la norma Conacyt tu puedes impartir hasta cinco horas clases semanales), es una trampa para formar profesionistas inexperimentados y por lo tanto mediocres, incapaces de rivalizar con algunos académicos que le temen a la competencia. Y es una trampa, que comodinamente muchos estudiantes no cuestionan.
    Por último, no generalizo, algunos maestrantes y doctorantes están ahí comprometidos por su formación, trabajando, proponiendo y en general buscando producir conocimiento auténtico. Aunque lamentablemente la situación de los posgrados, la actitud de los malos académicos y estudiantes, y la problemática laboral no dejan de afectarles.
    Saludos cordiales

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  3. Es que se forma un círculo vicioso: para adquirir algunas habilidades o competencias, a veces se requiere dinero... No lo tienes, por ejemplo, para tomar un curso de inglés o para un diplomado en el que te capacitan en la famosa "enseñanza por competenicias"; mínimo para que puedas impartir clases en preparatoria. Si no tienes eso, es difícil que te contraten, pero si no te contratan, ¿de dónde rayos obtendrás el recurso para desembolsar esos costos? Igual que el autor del blog, me pregunto: ¿para qué rayos sirve lo que aprendí?

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