20 de mayo de 2013

Joel Poinsett: el primer "extraño enemigo"


México nunca ha tenido una relación fácil con Estados Unidos, eso lo sabemos todos los que nos interesamos por la historia. Lo que a veces perdemos de vista es cuando comenzó esa convivencia tan complicada.
Si tuvieramos que proponer una fecha para el inicio de este problema, yo diría que fue a finales de 1822. En ese año llegó a México un diplomático norteamericano con la misión de sondear al breve gobierno imperial y proponerle que vendiera los estados norteños de nuestro país. 
Joel Poinsett fue uno de los diplomáticos más importantes de Estados Unidos. Nacido en Carolina del Sur en 1779, Poinsett se educó en Europa, hablaba perfectamente español, francés, alemán e italiano; era un reconocido botánico y le gustaban las intrigas. 
Luego de pasar un tiempo como ministro en Sudamérica, el gobierno de James Monroe lo envió a México. Apenas nuestro país había consumado su independencia, y el gobierno de Agustín de Iturbide veía que las cosas empeoraban. 
Poinsett, un republicano convencido, creía que el Imperio Mexicano era una farsa y que pronto se vendría abajo por la falta de dinero. Sin embargo, no pudo convencer al ministro del Exterior, Juan Francisco de Azcárate, de que México vendiera Texas, Nuevo México, Alta y Baja California, Sonora, Coahuila y Nuevo León. 
Poinsett no consiguió que le vendieran nada, y luego que se fue publicó en Estados Unidos un diario que llevaba consigo. "Notes on Mexico". Es un libro interesante, que nos muestra cómo era el país durante el Primer Imperio y también lo que los americanos opinaban de nosotros. 
Poinsett regresó en 1825 como Ministro Plenipotenciario. Tenía la misma misión que antes, pero además debía convencer a los políticos mexicanos de que la república democrática era el mejor sistema político del mundo y que Estados Unidos sólo quería nuestra amistad.
Para lograrlo, Poinsett introdujo en México el Rito de York, el cual rápidamente se convirtió en un grupo político que quería desaparecer a sus rivales, los escoceses. 
Poinsett consiguió que personajes muy importantes de ese tiempo como el Presidente Guadalupe Victoria, Lorenzo de Zavala y Vicente Guerrero se volvieran masones yorkinos. El "escocés" y Vicepresidente Nicolás Bravo denunció en 1827 la intromisión de Poinsett en la vida nacional y exigió al Congreso Mexicano que expulsaran del país al ministro norteamericano. Al final el expulsado fue Bravo, luego que se levantó en armas y lo derrotó Vicente Guerrero. 
Poinsett tuvo que irse en 1830 luego que un golpe de Estado quitó de la silla a su aliado Vicente Guerrero, pero un año antes colaboró para que los yorkinos le arrebataran la presidencia a los escoceses y a su candidato, Manuel Gómez Pedraza. 
Poinsett tampoco consiguió en la segunda ocasión que México le vendiera territorios, pero a cambio logró llevarse una planta muy bonita que aquí llamamos "Nochebuena", pero que en todo el mundo es conocida como "Poinsettia".

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