3 de enero de 2011

¿Y ahora, qué hacemos con la Historia?


Clio, musa de la historia.


Desaparecieron los comerciales sobre el Bicentenario, la hotline que me mandaba recaditos sms acerca de eventos, inauguraciones y fechas que celebrar ha enmudecido, los cientos de miles de ejemplares del libro que el gobierno Federal regaló para celebrar los 200 años de ya saben qué están en la basura, o fueron usados para el boiler. Pocos sobreviven en algunas casas, y de esos quién sabe cuántos serán leídos. "Shalalá" ha sido sepultado por nuestro olvido, y sólo falta que los huesos de nuestros héroes nacionales regresen a la Columna de la Independencia para que oficialmente terminemos con las fiestas por el nacimiento de la patria.
Ese conjunto de celebraciones, homenajes, desfiles, publicaciones, programas, canciones, pifias, enojos, vergüenzas y demás, ha sido cuidadosamente empaquetado y arrojado al closet del olvido nacional. No más historia, no más recuerdo, no más héroes nacionales convertidos en personajes de caricatura japonesa, al fin podemos dedicarnos a vivir en paz.
Afortunadamente, aquellos que decían que México evoluciona gracias a una ley cíclica centenaria y violenta se equivocaron. El país no se llenó de muertos debido a ningún levantamiento que buscara derrocar al gobierno actual para imponer uno distinto. Fueron otras las razones que provocaron el baño de sangre en el que vivimos: el crimen organizado ha crecido sin freno, los cárteles luchan entre sí para controlar distintas zonas del país, el narcotráfico está desatado, los poderes fácticos se han fortalecido, los partidos políticos están totalmente desacreditados, los organismos encargados de proteger al país viven cubiertos por la corrupción, la ineficacia y las luchas intestinas, y el Estado se encuentra totalmente debilitado.
Ya no nos asombra ver en los periódicos planas y planas con noticias sobre decapitados, descuartizados, secuestrados, atentados, coches bomba, y acusaciones de corrupción. Ya todos sabemos que no podemos recorrer nuestro país por carretera, ya que nos exponemos a que nos extorsione la policía o a que nos asalten los salteadores de caminos. Vía Twitter podemos enterarnos rápidamente sobre cuáles avenidas tenemos que evitar porque hay bloqueos, balaceras o están levantando cadáveres. Los niños y adolescentes se han convertido en los mejores soldados de las organizaciones criminales, y todos sabemos que nuestro sistema jurídico es totalmente ineficiente, ya que no castiga a los criminales y sí a muchos inocentes.
El peor de los infiernos es aquel en el que sus víctimas ya se acostumbraron a vivir en el horror. ¿México se ha convertido en ese infierno? prefiero que tú me respondas esa pregunta.
Lo que todos sabemos es que México está mal. Es cierto que, afortunadamente, hay cosas muy buenas en este país, y que mucha gente sale todos los días a hacer cosas que nos benefician a todos. Pero tampoco podemos negar que somos una generación a la que le ha tocado vivir en el desastre político, económico y social.
¿Qué hacer entonces? ¿Por dónde empezar para componer este desastre? ¿Hacia dónde debe dirigirse esta sociedad huérfana, que ya tiene décadas viviendo en la frustración?
México necesita un nuevo proyecto de futuro. El país tiene que imaginarse un mañana diferente al presente que vivimos. Y para lograrlo necesita revisar su historia para deshacerse de muchos mitos, prejuicios y errores que lo tienen inmovilizado. México tiene que cambiar, eso es innegable. Sólo si vemos hacia atrás buscando las causas de tantos errores (a pesar de lo doloroso que pueda ser) podremos encontrar las soluciones que necesitamos.
Aunque haya quien quiera convencernos de lo contrario, ahora más que nunca necesitamos a la Historia. Como dijo Anatole France: "No perdamos nada del pasado. Sólo con el pasado se forma el porvenir".
Sigamos navegando por la Historia, ya que además de considerarlo una obligación, también es un enorme placer compartir con ustedes la búsqueda del pasado. Que 2011 sea, (pese a todo) un gran año para todos, y en caso de que no pueda ser así, que por lo menos le saquemos provecho a la antigua maldición china, esa que nos prometía que viviremos en una época muy interesante.








1 comentario:

  1. Pues me niego a acostumbrarme a vivir en el horror, y, simplemente, no quiero este presente para mis hijos ni para mis estudiantes, tenemos que insistir en la búsqueda de las causas para no repetir errores, para encontrar soluciones y para mejorar el futuro. Gracias por ayudarnos a eso, San

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