28 de diciembre de 2009

Razones para dar las gracias...

Gracias quiero dar al divino Laberinto de los efectos y de las causas
Por la diversidad de las criaturas que forman este singular universo,
Por la razón, que no cesará de soñar con un plano del laberinto,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad,
Por el firme diamante y el agua suelta,
Por el álgebra, palacio de precisos cristales,
Por las místicas monedas de Ángelus Silesius,
Por Schopenhauer, que acaso descifró el universo,
Por el fulgor del fuego,
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el cedro y el sándalo,
Por el pan y la sal,
Por el misterio de la rosa, que prodiga color y que no lo ve,
Por ciertas vísperas y días de 1955,
Por los duros troperos que en la llanura
arrean los animales y el alba,
Por la mañana en Montevideo,
Por el arte de la amistad,
Por el último día de Sócrates,
Por las palabras que en un crepúsculo se dijeron de una cruz a otra cruz,
Por aquel sueño del Islam que abarcó mil noches y una noche,
Por aquel otro sueño del infierno,
De la torre del fuego que purifica y de las esferas gloriosas,
Por Swedenborg, que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
Por los ríos secretos e inmemoriales que convergen en mí,
Por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbria,
Por la espada y el arpa de los sajones,
Por el mar, que es un desierto resplandeciente
Y una cifra de cosas que no sabemos, y un epitafio de los vikings,
Por la música verbal de Inglaterra,
Por la música verbal de Alemania,
Por el oro, que relumbra en los versos,
Por el épico invierno,
Por el nombre de un libro que no he leído: Gesta Dei per Francos,
Por Verlaine, inocente como los pájaros,
Por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
Por las rayas del tigre,
Por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,
Por la mañana en Texas,
Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
Y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
Por Séneca y Lucano, de Córdoba
Que antes del español escribieron toda la literatura española,
Por el geométrico y bizarro ajedrez
Por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
Por el olor medicinal de los eucaliptos,
Por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre, que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
Por la noche, su tiniebla y su astronomía,
Por el valor y la felicidad de los otros,
Por la patria, sentida en los jazmines, o en una vieja espada,
Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con la suma de las criaturas, y no llegará jamás al último verso y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio,
Por los minutos que preceden al sueño,
Por el sueño y la muerte, esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la música, misteriosa forma del tiempo.

"Otro poema de los dones" Jorge Luis Borges.

¡Nos vemos en 2010!

21 de diciembre de 2009

2012, el fin del mundo se acerca...(¿otra vez?)


Se supone que hoy dentro de 3 años el mundo se va a acabar. Y dicen que los mayas lo predijeron hace milenios (¿por qué se habrán adelantado tanto y no fueron capaces de predecir su propia extinción?). Por las dudas, quiero volver a subir este post que publiqué a principios de 2009. Yo creo que en 2012 no va a pasar nada, pero también puede ocurrir que realmente se acabe el mundo: en ese caso, no quedará nadie para reclamarme...

¿Por qué será que a los seres humanos nos encanta imaginar nuestra destrucción? Para empezar el año, Discovery Channel nos receta una perla de optimismo: Escenas del Apocalipsis. Un especial de dos horas en donde nos mostrará las diversas formas en que el mundo se acabará. Puede ser por una guerra nuclear, un virus o un meteorito.
Sin embargo, la última moda del fin del mundo viene de la hermana república de Yucatán (saludos, Felipe Escalante) y lugares circunvecinos que fueron el hogar de la cultura maya.
Con Nostradamus francamente devaluado y sin un nuevo anuncio del apocalipsis por parte de los Testigos de Jehová, se hace necesario tener un nuevo monstruo frente a nosotros, como si la crisis económica no fuera ya bastante problema.
¿Ahora de qué se trata?, pues resulta que en 2012 se acaba el ciclo actual del Calendario Maya, y las profecías que nos dejaron se van a cumplir. No está claro si el mundo se acabará o entraremos a una "nueva etapa de florecimiento espiritual", pero ¡de que se destruye, se destruye!
Un tema así tiene que manejarse con cuidado; es muy sencillo manipular la información para provocar el miedo de la gente, ya que éste es una excelente herramienta de control social, además de que es un buen medio para impulsar el consumo, como señaló Marilyn Manson en Bowling for Columbine.
El mito de 2012 es interesante, porque involucra el uso sesgado de la historia. Por esa razón quiero dedicarle un post. Estoy convencido de que si nuestra sociedad cuenta con información de calidad sobre todos los temas que le atañen, tendrá mejores elementos para construir su futuro.
La historia nos rodea y sigue siendo un arma poderosa. Me ofende verla manipulada y por eso me gusta escribir sobre estos temas. Creo que también es obligación de los historiadores brindar nuestro conocimiento para que nuestra sociedad mejore, y mientras más y mejor historia sepa, su destino será más claro.
Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. ¿Qué es el calendario maya?
Enrique Florescano, Miguel León-Portilla y otros autores han abordado este tema. Los pueblos mesoamericanos compartían un mismo calendario, aunque cada uno de ellos se otorgaba el mérito de haberlo creado. El calendario mesoamericano surgió para ordenar el tiempo, tanto el de los días comunes como el de los grandes sucesos. Está basado en una aguda observación de los astros, lo que lo hizo muy preciso.
Mesoamérica (por ende, los mayas) contaba con tres tipos de calendarios:

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un calendario sagrado, de 260 días de duración, al que los mayas llamaban Tzolkin. Supuestamente su origen está en el tiempo que tarda la gestación humana. Los mexicas lo llamaban Tonalpohualli y lo usaban para predecir el futuro.
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un calendario agrícola, llamado Haab por los mayas. Estaba dividido en 18 meses de 20 días cada uno. Al final del último mes se contaban cinco días más, llamados Uayeb, "días vacíos", para tener un año de 365 días, que es el tiempo que tarda la tierra en darle la vuelta al sol.
*
una "rueda calendárica", o Katun, que estaba formada por ciclos de 52 años, y que combinaba los dos ciclos anteriores.

También existía un ciclo mayor: la Cuenta Larga, o Baktun. Cada uno de éstos duraba 394 años, poquito más de 7 Katunes. Florescano señala que la Cuenta Larga registraba el número de días transcurridos desde el año 3114 a.c., una fecha mítica escogida por los mayas, y que probablemente servía para que los dirigentes registraran su ascendencia genealógica y la vincularan con su presente.
Hasta el momento han transcurrido 12 Baktunes. Lo interesante viene aquí: el Baktun actual comenzó en 1618 y terminará...¡el 21 de diciembre de 2012!
O sea que, el 22 de diciembre de ese año comenzará un nuevo Baktun, pero si eso ocurre quiere decir que el tiempo seguirá existiendo, y que la vida continuará para que los hombres sigan guardando registro de sus actos...pero todo eso destruye la idea del fin del mundo, y todavía no quiero acabar este post.
Los mayas son uno de los pueblos más fascinantes de Mesoamérica, pero no ha sido fácil estudiarlos. Diego de Landa se encargó de destruir muchos códices a principios de la Colonia, por lo que nos quedan relativamente pocos testimonios. A eso súmale que hasta el siglo XX los especialistas pudieron "traducir" el lenguaje maya. Apenas ahora estamos empezando realmente a leerlos.
Sin embargo, eso no ha impedido que a los mayas se les cubra con una capa de exotismo. Uno de los encargados del "negocio maya" fue un señor muy famoso en los años 70: Erich Von Däniken.
Este tipo se dedicó a escribir libros sobre extraterrestres, y se le ocurrió que, ya que los mayas habían desaparecido "súbitamente", seguramente se subieron a sus ovnis y nos abandonaron. Pero nos dejaron pruebas de su origen estelar, como el famoso "Astronauta de Palenque".
Von Däniken pasó de moda, pero en los círculos pseudoesotéricos y new age continuó la idea de que los mayas venían del espacio, y peor aún, que pensaban regresar.
Justamente en 2012 los tendremos de nuevo por aquí, según esta creencia.
Y al parecer, la idea del retorno maya ha llegado a niveles muy altos, como demuestra José Gil Olmos en su libro Los brujos del poder. El ocultismo en la política mexicana.
Por lo pronto, ya apareció en Youtube el trailer de una película que tratará sobre el mito del 2012, y que viene acompañada de una fuerte campaña de publicidad viral, para que sea un gran éxito.
Durante toda su historia, el ser humano ha especulado sobre cómo será su final. Y el horror ante el fin ha sido, como dije arriba, una excelente herramienta de control político.
Sin embargo, el fin del mundo no ha llegado (a pesar de todos nuestros intentos por lograrlo). ¿No es tiempo ya de abandonar esas ideas y recobrar la confianza en que el mañana puede ser mejor que nuestro presente?
A menos, claro, que el apocalipsis en realidad ya haya ocurrido y no nos diéramos cuenta. En ese caso, tú, yo y todos estamos en el...¡oh, Dios!

4 de diciembre de 2009

¡Nomás para ver qué se siente...!


Xochimilco lucía aún más hermoso que de costumbre. Lleno de flores, gente, música y un grupo de niños que interpretaban bellas canciones populares. Parecía una fiesta patronal como muchas que se realizan en ese lugar que desde hace mucho es una delegación de la Ciudad de México, pero lo que estaban celebrando no tenía nada de confesional y sí mucho de revolucionario. Era el 4 de diciembre de 1914, y una entrevista histórica estaba a punto de realizarse.
De un lado estaba el caudillo morelense, el Jefe del Ejército Libertador del Sur, el "Atila" que había levantado en armas a los campesinos de su Estado exigiendo tierra y libertad: el general Emiliano Zapata. Del otro estaba un antiguo bandolero que conocía en norte del país como la palma de su mano y había decidido transformar su vida mejorando su país: el general Francisco Villa.
Los antecedentes de la reunión entre Villa y Zapata datan de 1913, cuando el segundo comenzó a enviar cartas a los distintos jefes revolucionarios que operaban en el norte del país. A raíz del asesinato del presidente Francisco I.Madero, una gran sublevación contra el usurpador Victoriano Huerta estalló en los estados de Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León. Bajo el mando de Venustiano Carranza, miles de revolucionarios se dieron a la tarea de acabar con el gobierno militar que había instalado Huerta. en 1914 Huerta fue derrotado y tuvo que huir del país, pero eso sólo dio paso a una nueva etapa en la guerra civil que había comenzado en 1910.
Los distintos grupos revolucionarios empezaron a intrigar entre sí, con la intención de quedarse con el poder. Las alianzas que antes habían establecido zapatistas y carrancistas empezaron a romperse. Carranza no permitió que los zapatistas ocuparan la Ciudad de México, y el Caudillo del Sur impidió que las tropas de don Venustiano entraran al Estado de Morelos.
Zapata empezó a buscar el apoyo de otros revolucionarios que le sirvieran de contrapeso a Carranza, y uno de ellos era Francisco Villa. Revolucionario de primera hora, que se unió a las fuerzas maderistas y participó en la toma de Ciudad Juárez, Villa se había distinguido por su excelente capacidad militar y por ser un experto en el arte del engaño. Cuando Madero fue asesinado, Villa se unió a Carranza para acabar con Huerta, pero desde el principio tuvieron problemas, ya que ambos tenían muy distintos proyectos nacionales.
Zapata reconocío a Villa como un muy importante jefe militar, a la misma altura que Carranza, y envió a uno de sus hombres de confianza, Gildardo Magaña, a platicar con él para estrechar los lazos entre las revueltas del norte y el sur.
Luego de que el intento de Carranza por liderar a todos los jefes revolucionarios en la Convención de Aguascalientes fracasó, la cercanía entre Villa y Zapata era cuestión de meses.
La Convención acordó reunirse en la Ciudad de México a finales de noviembre de 1914. Los dos hombres aprovecharían ese evento para conocerse.
Zapata llegó primero a la Capital de la República, el 26 de noviembre. Sólo estuvo dos días en la Ciudad, alojado en un hotelito cercano a la estación del tren. Dio algunas entrevistas, pero contestó parcamente. Entre el miedo a ser asesinado y un desagrado natural por la vida urbana, Zapata regresó a Morelos el 28 de noviembre de 1914.
Hasta allá fue a buscarlo una comisión de villistas que le llevaban una carta personal del Centauro del Norte, para pedirle que tuvieran una entrevista. Zapata aceptó, pero pidió a cambio que ésta se realizara en un lugar que controlaban sus tropas: Xochimilco.
El 2 de diciembre llegó Villa a la estación del tren de la Ciudad de México. Dos días más tarde tomó un coche en Tacuba y junto a su Estado Mayor hizo un largo trayecto (cuatro horas) hasta llegar a Xochimilco. Al ver a tantos niños cantando, Villa se conmovió y les echó todo el dinero que traía en las bolsas.
Zapata llegó un poco después. Los dos hombres fueron presentados y luego de darse la mano se dirigieron a un edificio cercano para platicar. John Womack dice que era una escuela, Paco Ignacio Taibo II menciona que era en realidad la casa de Manuel Flores. El caso es que al fin se encontraban frente a frente los dos líderes de la revolución campesina de México.
La entrevista empezó suavemente. Ambos hombres se estaban tanteando con frases cortas y largos silencios, hasta que Villa empezó a hablar mal de Carranza, y Zapata lo siguió: "Carranza es un viejo cabrón".
Luego estuvieron platicando sobre la lucha revolucionaria, sobre sus años peleando contra el poder, de sombreros y de alcohol. Zapata le ofreció a Villa un trago de Cognac, que al Centauro del Norte le costó trabajo tomarse, ya que era abstemio. Villa casi se ahoga con el trago, además de que sus ojos se llenaron de lágrimas por el alcohol. El resto de la jornada, Villa bebió agua sola, lo que impresionó a Zapata, acostumbrado a bebidas mucho más fuertes.
Villa y Zapata formalizaron una alianza entre la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur, decidieron que los norteños adoptarían el Plan de Ayala, que Villa enviaría armas y municiones al sur y que ambos promoverían a un civil como presidente de la República.
En esa reunión, dice Taibo II, Villa conoció la comida del centro del país. Acostumbrado a la carne asada y las tortillas de harina, Pancho se dio gusto probando el mole de guajolote, los tamales y los frijoles sazonados con epazote y chile verde. En los meses siguientes, señala Taibo II, Zapata le envió a Villa diversas especias, chiles y hasta un molino de nixtamal para que comiera tortillas de maiz.
Los dos hombres se despidieron con abrazos y lágrimas. Dos días más tarde entraron con sus tropas a la Ciudad de México y se dirigieron a Palacio Nacional. Allí se encontraron con la Silla que durante años había ocupado Porfirio Díaz. Algunos dicen que Zapata la observaba con una mezcla de odio y temor y que pedía que la quemaran. Otros mencionan que Villa dijo "por esta silla han muerto tantas personas".
Pero hay otros que dicen que, al estar frente a ella, el Centauro del Norte dijo de forma burlona: "me voy a sentar en ella, ¡nomás para ver qué se siente!" y así surgió esa famosa foto, en la que por un instante, Villa y Zapata fueron, por derecho propio, los amos de México.


29 de noviembre de 2009

Y el PAQUETECLÍO es para:

Muchas muchas muchas muchas gracias a todos los que me enviaron felicitaciones por el primer año de CLIONAUTICA. Agradezco todos sus comentarios y buenos deseos, los cuales me impulsan para seguir navegando por la historia en este galeón que tantas buenas cosas me ha traído.
Luego de un arduo proceso de deliberación, el jurado (o sea, yo), ha decidido que el ganador del PAQUETECLÍO 09 es:

"la historia nos sirve para ser libres"

Leticia López Zamora



¡Gracias a todos los que participaron y estén atentos a nuestro próximo concurso!

21 de noviembre de 2009

¡Un año de CLIONAUTICA!


Noviembre de 2008 no comenzó bien para mí. Recién doctorado pero sin empleo a la vista, los días se me iban en buscar trabajo y navegar por la red. Antes de ser historiador trabajé un tiempo como periodista, y siempre he querido tener una columna en algún periódico. Como las probabilidades de que Reforma, Excélsior, El Universal o algún otro me contrataran eran casi nulas, se me ocurrió que podía crearme mi propio espacio, en lo que los grandes editores de la prensa descubrían que soy el columnista que todo México esperaba (irónicos, abstenerse...)

Ya sabía yo algo de estos juguetes del infierno llamados blogs, pero no se me había ocurrido tener uno hasta que me dí cuenta de que si quería ser columnista, no necesitaba buscar un espacio en los medios. Podía yo mismo crearme uno gracias a todas las ventajas que el ciberespacio nos brinda.
Fue así como, el 22 de noviembre de ese 2008 nació CLIONAUTICA, un espacio para hablar de historia con todo aquel que quisiera hacerlo. La premisa ha sido tratar todos los temas de forma tal que pueda interesarle a cualquier persona, aunque no sepa nada de historia. Sigo creyendo que el estudio del pasado es patrimonio de todas las personas y no sólo de aquellos que nos quemamos las neuronas en alguna universidad. Sin Historia no podemos comprender nuestro presente ni construir un futuro digno para todos.

En este año que se ha ido tan rápido he platicado con ustedes sobre muchas cosas: el avionazo de Muriño, el triunfo de Obama en Estados Unidos, el arco Bicentenario, las "zapatistas del amor", la importancia de "Remi" en la neurosis del adulto contemporáneo, las teorías de Hayden White sobre la metahistoria, los descendientes de Benito Juárez, la falsedad de la Profecía Maya, la Crisis que vive nuestro país según Daniel Cosío Villegas, los viajes de la Marquesa Calderón de la Barca y muchas más.

CLIONAUTICA es un galeón que ha podido navegar por la historia tal y como siempre quise hacerlo: entre el pasado y el presente, de lo profundo a lo frívolo, de la teoría más árida al chiste más escatológico y divertido.

Este galeón no podría estar a flote sin el apoyo de muchas personas: Felipe Castro, de H-México, me impulsó durante los primeros días de navegación; Manuel Zavala y Lenice Rivera de Artes e Historia México me dieron la oportunidad de tener un nuevo puerto en el cual atracar mi buque, Emeequis digital, dirigido por Ignacio Rodríguez Reyna, también me ha permitido escribir allí mis locuras historiográficas, así como los entrañables compañeros de CEINPOL me abrieron su página para continuar con mi navegación.

Pero sobre todo, te agradezco infinitamente a tí, que alguna vez caíste en este blog (aquí o en mi grupo de Facebook) y has soportado que te envié constantemente las locuras que escribo, y hasta me has honrado enviándome tus comentarios. Muchas, muchas gracias por tu apoyo.

Noviembre de 2009 ha sido un mes maravilloso, y viendo hacia atrás he refrendado mi amor por las historias: las que se escriben y las que se viven. ¡Muchas gracias a todos!

Y como CLIONAUTICA está de fiesta, pues les tengo la noticia de que tengo un regalo para ustedes: el PAQUETECLIO, que contiene:

-un CDROM de La Sucesión Presidencial en 1910, elaborado por el INEHRM.
-"Memoria Mexicana" un librazo de Enrique Florescano.
-"El secreto de la noche triste", de Héctor de Mauleón, a mi gusto la mejor novela histórica que se ha escrito últimamente en México.
- "Política, casas y fiestas en el entorno urbano del Distrito Federal", otro librazo, sobre cómo hemos festejado los capitalinos las fiestas patrias y otras cosas más, escrito por mi querida maestra Verónica Zárate.
- y "Conceptualizar lo que se ve", el homenaje que otras dos queridas maestras mías, Alicia Salmerón y Erika Pani hicieron a uno de los más grandes historiadores mexicanistas del siglo XX: Francoise-Xavier Guerra.

Quería yo incluir un calendario 2010 con los doce historiadores(as) más sexys de México, pero ninguno quiso posar para las fotos.

Todo este material, en un solo paquete, se lo voy a regalar a la persona que me escriba un mail a clionautica@gmail.com y me conteste, en menos de 20 palabras, la siguiente pregunta:

¿Para qué le sirve a México conocer su historia?

Recibiré las respuestas a partir de que suba este post, y hasta las 12 de la noche del próximo viernes 27 de noviembre. Daré a conocer al ganador el próximo lunes 30 de noviembre, y yo le enviaré el ¡PAQUETECLIO!
Gracias a tí CLIONAUTICA sigue navegando, porque entre el pasado y el presente está nuestra historia...



19 de noviembre de 2009

¿A dónde te fuiste, Revolución Mexicana?


Es el “invitado feo” de las próximas fiestas de 2010. El clásico pariente que llamas para que venga a tu cumpleaños con todas las ganas de que no se aparezca porque es un “mala copa” que se la pasa coqueteando con las mujeres, buscando bronca con los hombres, contando chistes de los que nadie se rie, y al final se pone a chillar hasta que lo duerme la borrachera.

En la publicidad gubernamental sobre los festejos del Bicentenario, la Revolución Mexicana ocupa un segundo lugar. No brilla tanto como la Independencia Nacional. Y es que es más sencillo sacar a relucir al padrecito Hidalgo, al valiente Ignacio Allende, al gran Morelos, a Doña Josefa y su esposo, a Mina, a Guerrero y a Guadalupe Victoria, porque para el discurso oficial, todos ellos pueden mezclarse en una sola idea: un grupo de patriotas mexicanos que dieron su vida para que el país dejara de ser una colonia española. “¿Pero que acaso no fue así?” podría preguntarme alguien, y yo tendría que contestarle que no, o que por lo menos no fue ese su único interés.

Lo que llamamos Guerra de Independencia es una etapa de nuestra historia en la que estuvo en juego mucho más que simplemente convertirnos en un nuevo país. Pero, al estar ya tan lejano, es más sencillo imponer un recuerdo y eliminar todos aquellos aspectos que chocan con el discurso oficial, como las matanzas de Hidalgo, el arrepentimiento de Morelos, y el hecho de que al final ellos no lograron la Independencia: ese mérito corresponde a uno de nuestros villanos favoritos: Agustín de Iturbide.

Para la propaganda gubernamental la Guerra de Independencia es muy simple y eso la hace fácil de utilizar. Además de que cuenta con un ritual muy poderoso que ha entrado en la psique del mexicano y que apela a sus emociones más escondidas: la fiesta del 15 de septiembre, en la que por una noche el presidente en turno se convierte en el heredero de todos los héroes nacionales y por ello tiene el derecho de tocar la campana del cura Hidalgo, llamando a las masas al festejo nacional.

Con la Revolución no pasa así. Me parece que, por lo menos para el gobierno actual, no es tan fácil manejarla como lo hace con la Independencia. Y ello se debe a dos motivos:

Primero, a pesar de que, como señala Daniel Cosío Villegas en un muy famoso ensayo, la Revolución Mexicana no tuvo un discurso ideológico claro (puesto que no es lo mismo el anarquismo de los Flores Magón que la democracia liberal de Madero que los reclamos campesinos de Zapata que el nacionalismo de Cárdenas, y otros más), al final dos ideas se impusieron en el imaginario colectivo sobre la Revolución: ésta se llevo a cabo para que a) nunca más el poder estuviera en manos exclusivamente de unas cuantas personas, y b)para que toda la población mexicana sin importar sus orígenes, pudiera tener una vida mejor.

Por esa razón durante el siglo XX (y luego de la matanza que caracterizó a sus primeras décadas) tuvimos un montón de presidentes que no se eternizaron en el poder y además el sistema político mexicano creó muchas instituciones que tenían por fin último beneficiar a las masas. Es entonces cuando surge la SEP con la intención de que todos los mexicanos se educaran, el IMSS y el ISSSTE para que no se enfermaran, la UNAM para producir conocimiento y capacitar a los futuros burócratas que tendrían de por vida un trabajo dentro del Estado, el INBA y el INAH para conservar y transmitir nuestra cultura, y otras instituciones más.

El hecho de que ese montón de presidentes provinieran del mismo grupo político y que esas instituciones hayan sido usadas para legitimar a los nuevos gobernantes no es relevante (en este caso). Quedémonos por ahora con la idea de que el sufragio era efectivo porque permitía la renovación constante de las personas en los cargos políticos, y que además el Estado se preocupaba por que sus habitantes vivieran cada vez mejor.

Entonces, el primer escollo de la Revolución Mexicana radica en la contradicción entre sus objetivos (tal y como los elaboró el recuerdo oficial) y sus resultados: Si mis abuelos se mataron hace 99 años para que yo pudiera elegir a mis gobernantes y para que tuviera una vida mejor, ¿por qué entonces me gobierna una bola de babosos que sólo piensan en sus intereses y yo vivo cada vez peor, con menos dinero, menos educación, menos salud y ante mí tengo un futuro incierto y horrible?

El segundo gran problema de la Revolución Mexicana (por lo menos para el gobierno actual) está en que durante décadas fue utilizada por el anterior sistema para legitimarse a sí mismo ante la nación. La lucha de personas con intereses tan distintos (y por ello mismo enfrentados entre sí) como Zapata, Villa, Obregón, Calles, Madero, Carranza, Cárdenas y otros, fue “licuada” por los gobiernos de la familia revolucionara para conseguir lo que señalé antes: un discurso en el que se estipula que todos ellos murieron para que el sufragio fuera realmente efectivo y los mexicanos tuvieramos un futuro esplendoroso, y para que esa familia revolucionara pudiera presumirse como la heredera de todos aquellos que pelearon contra los “enemigos de México”.

Ante una oligarquía que concentraba todos los recursos y mantenía esclavizada a la nación mexicana, los héroes revolucionarios se levantaron en armas, acabaron con el “gran traidor nacional” (don Porfirio Díaz) y con sus aliados (el clero, los empresarios y los militares), y crearon un nuevo sistema, democrático y nacionalista para el beneficio de las grandes masas. Ese es, a grandes rasgos, el discurso histórico que los gobiernos de la revolución impusieron al país desde 1916. La familia revolucionaria (PNR, PRM y PRI) se asumió como la única que tenía derecho a gobernar este país y a imponerle un proyecto nacional, porque tenía la legitimidad que le daba el ser la depositaria de todas las luchas contra la “reacción”, y porque sólo ella sabía lo que le convenía al país y cómo lograrlo.

El actual gobierno panista (surgido en el año 2000 y que ya lleva dos presidentes) no ha sido capaz de imponer una visión de la historia acorde con su proyecto nacional (en el caso de que tenga uno). El intento de crear una nueva versión del pasado nacional basado en la lucha de los soldados cristeros en el centro del país durante la primera mitad del siglo XX se ha estrellado contra la barrera ideológica que construyeron durante décadas los anteriores gobiernos de la Revolución. Simplemente es imposible pretender que la cristiada tiene la fuerza para lograr que una imagen tan poderosa como la de Francisco Villa pueda ser relegada del imaginario nacional.

El PAN tiene en su historia un elemento que podría usar para congregar a su alrededor a un amplio grupo de la nación mexicana: la lucha de un sector de la clase media urbana que desde los años 40 intentó transformar de manera pacífica a México con la intención de convertirlo en una nación moderna y democrática podría convertirse en un símbolo que hoy reuna a esa clase media tan golpeada desde finales del siglo XX. Sin embargo no puede hacerlo, porque para ello primero tendría que deshacerse de todos esos grupos oscurantistas que lo mantienen secuestrado y hoy determinan su postura ideológica.

El gobierno de Felipe Calderón se encuentra entonces ante el problema de tener que celebrar un momento de la historia mexicana que, para el grupo político del cual él proviene, fue profundamente negativo: la persecución religiosa y la destrucción del orden porfirista son vistas con horror por quienes actualmente nos gobiernan. Y si a eso le sumamos que el PRI (quien tiene toda la intención de volver a Los Pinos en 2012, si antes no se acaba el mundo...¿o será su regreso uno más de los signos de la profecía maya?) a pesar de todos sus cambios, giros ideológicos y esqueletos en el closet, todavía puede usar el discurso histórico que construyó sobre sí mismo durante el siglo XX, nos damos cuenta entonces de que la Revolución Mexicana está relegada en el proyecto 2010. El gobierno actual la festejará simplemente porque no le queda otra, pero no porque crea que puede empatar sus intereses con la imagen de un Emiliano Zapata.

Y todavía me falta mencionar otro factor por el cual el recuerdo de la Revolución preocupa al gobierno actual: la posibilidad de que muchos sectores descontentos ante la situación actual se valgan de ese símbolo para provocar un levantamiento armado es muy latente. El mito de que este país “evoluciona” con saltos centenarios es sólo eso, un mito, pero bien podría seducir a muchas personas por el simple hecho de que apela a los sentimientos y no a la razón. Mucha gente podría pensar: “Si Pancho Villa se lanzó a matar pelones (militares) en beneficio del pueblo, ¿por qué no podría yo hacer lo mismo?”. El mito de una posible revolución en 2010 está basado en el cansancio popular ante un gobierno ineficiente y tan corrupto como sus antecesores, la ignorancia ante las enormes diferencias que hay entre el México contemporáneo y el de hace 100 años, y la gran frustración acumulada durante años por la sociedad mexicana, ignorante de su pasado y atemorizada ante su futuro.

¿Qué hacemos entonces con la Revolución Mexicana? Además de celebrarla (de lo que estoy convencido), creo que es momento para que esa clase media culta e interesada por los problemas nacionales se apropie de los símbolos históricos y los use en su beneficio. La lucha de Madero por la democracia, de Carranza por establecer una nueva constitución, y de Villa y Zapata por mejorar las vidas de los mexicanos, tendríamos que utilizarlas para imponer de manera pacífica la creación de un nuevo pacto político, que tenga por objetivo la transformación real de este país y lograr que al fin tengamos lo que nos hemos merecido siempre: un presente mejor a nuestro pasado.

Lo que comenzó en 1910 puede servirnos para transformar a México a partir de 2010. Pero eso sólo será posible cuando la sociedad se responsabilice de sus actos, conozca y entienda su pasado y se atreva a apostarle realmente a su futuro.

10 de noviembre de 2009

El tesoro de Moctezuma...


Me gustan las novelas históricas. Creo que se necesita mucho talento para imbricar hechos verídicos con la fantasía para crear una estructura literaria que se sostenga de manera convincente. Recuerdo con gusto la lectura de uno de los clásicos de la literatura mexicana: La Sombra del Caudillo. Me gusta mucho la forma en que Martín Luis Guzmán consiguió presentar una historia que era conocida en México pero sufría la censura gubernamental: el asesinato de Francisco Serrano, compañero de armas de Alvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, quien decidió levantarse en armas para quitarle el poder a sus antiguos camaradas.
Hay muchas otras novelas históricas que me encantan, por ejemplo Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, El Seductor de la Patria, de Enrique Serna, Juárez, el rostro de piedra, de Eduardo Antonio Parra, y hasta Shogun, de James Clavell. Lo que no tolero es cuando un escritor pretende vendernos como real lo que simplemente es una ficción, como lo hace Francisco Martín Moreno; pero de eso ya he hablado ampliamente en otros artículos.
En esta ocasión quiero platicar sobre una novela que devoré gratamente. El “primer thriller novohispano de la literatura mexicana”. El secreto de la Noche Triste, de Héctor de Mauleón.
La anécdota sobre la que se basa el libro forma parte de la historia de nuestro país: en 1519, luego de la muerte de Moctezuma, Cortés y sus tropas se llevan todo el tesoro que los antiguos tlatoanis habían juntado durante siglos, con la intención de huir de Tenochtitlan. Sin embargo, son descubiertos por los aztecas, quienes los atacan y matan a la mayoría de los españoles. En esa refriega el tesoro que llevaban en sus alforjas desaparece (al parecer bajo las aguas del Lago de Texcoco). Dos años más tarde Cortés regresa, vence a los mexicas y una de sus primeras acciones es buscar el tesoro, pero jamás lo encuentra.
Cuauhtémoc, el último tlatoani, es torturado para que revele en dónde escondieron el tesoro los mexicas, pero no suelta ni una palabra. Tiempo después Cortés se lo llevaría a Guatemala, en donde lo acusó de pretender asesinarlo y lo ejecutó. Antes de morir, Cuauhtémoc (que se había convertido al cristianismo) habría confesado a un sacerdote la ubicación del tesoro. Este religioso fallecería más tarde, pero uno de los soldados de Cortés habría escuchado la confesión y se confabuló con un grupo de amigos para buscar el tesoro en cuanto regresaran a México.
Sin embargo, otros españoles (concretamente los que se habían quedado en México a gobernar la ciudad mientras Cortés estaba en Guatemala) también sabrían del tesoro y comenzarían una infructuosa cacería para encontrarlo.
Décadas más tarde, Juan de Ircio, descendiente de uno de esos conquistadores, se encuentra con la pintura de uno de ellos y un extraño anagrama, que poco a poco lo lleva a la búsqueda del tesoro perdido de Moctezuma.
Con gran pericia, De Mauleón nos lleva por las calles de esa Ciudad de México del año 1600. Un momento oscuro en nuestra historia en el que el mestizaje tenía apenas ochenta años de haber comenzado, y en lo que ahora llamamos Centro Histórico los grandes palacetes españoles convivían con solares llenos de restos de las antiguas construcciones mexicas.
Héctor de Mauleón es un respetado periodista cultural e historiador de la Ciudad de México. Actualmente es subdirector de la revista Nexos, escribe una columna en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario y conduce los domingos, con Fernanda Solorzano, El Foco, uno de los mejores programas culturales que tenemos actualmente.
Además de ser un Thriller bien escrito, El Secreto de la Noche Triste tiene el valor de reconstruir una etapa de nuestra historia en la que, como señaló De Mauleón en una entrevista, muchas de las virtudes y los vicios que nos caracterizan tuvieron su origen. Entre la corrupción, el crimen, el desorden urbano, las diversiones populares, la cocina, la pintura, y el nacimiento de lo que siglos más tarde sería la cultura mexicana, El Secreto de la Noche Triste nos regresa a una etapa en la que la búsqueda de un tesoro marcó para siempre a la naciente sociedad novohispana.


22 de octubre de 2009

the Rat Pack (o, eran cinco jóvenes que querían comerse el mundo)




Uno nunca sabe las sorpresas que puede encontrar en un aeropuerto. Eran casi las seis de la mañana y yo estaba en Toluca, a punto de subirme a un avión con destino a Monterrey. Aburrido (y adormilado) me dirigí a una de esas tiendas duty free, en las que puedes encontrar casi cualquier producto, con un precio mucho mayor del que tendrían en otra parte. Bobeando en la sección de libros encontré uno que llamó mi atención: Rat Pack. Viviendo a su manera. Lo hojeé un poco y luego lo regresé a su lugar, pues mi avión estaba a punto de partir.
La siguiente semana allí estaba el libro esperándome. Me dí un poco más de tiempo para revisarlo y simplemente me atrapó. Me lo llevé y fue un buen acompañante durante el vuelo de ida, en mi habitación de hotel y cuando regresé a México. Simplemente lo devoré con gran interés.
Nunca me había interesado especialmente en el Rat Pack y su influencia en el mundo del espectáculo y la vida cotidiana de Estados Unidos entre los años 50 y 70. He disfrutado con algunas canciones de Frank Sinatra y recuerdo alguna película con Sammy Davis Jr. y con Dean Martin, pero nada más. Fue hasta que leí este libro que el Rat Pack tomó otra forma para mí.
Ya en alguna ocasión he comentado que en nuestro tiempo hay dos tipos de historiadores: el académico (que estudia durante años para conseguir un título expedido por una universidad) y el lírico; ese sujeto que escribe historia por el simple gusto de hacerlo. A veces son abogados, ingenieros, o meros cronistas que quieren guardar la historia de sus terruños. Pero en otras ocasiones son periodistas que desean escribir un reportaje sobre algún tema del pasado.
Ese es el caso de este libro, escrito por Javier Márquez, un reportero español que es subdirector de la legendaria revista española Cambio16. Ha escrito otros libros, entre ellos una biografía de Elvis Presley. En Rat Pack...Márquez nos ofrece un extraordinario relato sobre la historia de un grupo de artistas norteamericanos que tuvieron la suerte de tenerlo casi todo: talento, disciplina, fama, dinero, las amistades correctas, muchas mujeres, y sobre todo a ellos mismos. Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr, Peter Lawford y Joey Bishop formaron un grupo de amigos que eran la sensación en los cabarets de las vegas, que vendían millones de discos juntos y por separado, que filmaban películas que eran la sensación en su momento y que tuvieron tanto poder que lo mismo podían codearse con los grandes jefes de la mafia que con un presidente de Estados Unidos.
Sinatra, Martin y Davis (quienes formaban el nucleo de este grupo y cuya amistad duró hasta la muerte) tuvieron orígenes parecidos: padres inmigrantes (italianos en el caso de Martin y Sinatra, una madre puertorriqueña con Davis), una infancia llena de carencias y de experiencias que los marcaron para siempre, una inclinación temprana por la música y las mujeres y alguna relación con el crimen organizado (la cual varió en cada caso: Sinatra tuvo grandes amigos en la Mafia por el resto de su vida, Martin los conocía y de repente frecuenta a algunos, mientras que Davis prefería mantenerse al margen, algo casi imposible en esos años si pensamos que la Cosa Nostra controlaba los casinos y cabarets donde acostumbraban presentarse).
Sin embargo, de todo lo anterior, lo más importante fue su afición por la música. Desde muy temprana edad entraron al mundo del espectáculo. Sinatra fue la gran estrella juvenil, al que las quinceañeras de la década de los cuarenta amaban con locura. Martin fue durante años pareja profesional de otro gran cómico norteamericano: Jerry Lewis; y Davis trabajaba en un trío musical junto a su padre y un tío suyo. A principios de los cincuenta se volvieron grandes amigos, y juntos hicieron varias temporadas en cabarets ya legendarios, como el Sands en Las Vegas. Tiempo después se les unirían Lawford y Bishop para seguir la fiesta y cantar en los escenarios más importantes de Estados Unidos; porque para ellos actuar y divertirse eran lo mismo, y después de uno tenía que seguir el otro forzosamente.
El Rat Pack era famoso por sus bacanales; litros y litros de alcohol, decenas de chicas hermosas y mucha diversión, la cual podía durar días y tranquilamente empezaban en una costa de los Estados Unidos y acababan en la otra.
Y es que el Rat Pack era simplemente imparable: si cada uno era muy talentoso, unidos eran una bomba. Hicieron varias películas, pero su mayor éxito cinematográfico lo tuvieron con la cinta Ocean´s Eleven, en 1960; la cual además de consagrarlos como grandes estrellas les permitió tener una de las juergas más grandes de sus vidas.
Ocean´s Eleven se filmó en Las Vegas, y durante las semanas que estuvieron allí, los miembros del Rat Pack se la pasaban permanentemente enfiestados, a veces trabajando en la película o presentándose juntos en el Sands, en una serie de conciertos conocidos como "La cumbre de las Vegas" y que fueron legendarios por la cantidad de boletos vendidos y por las excentricidades de Sinatra y compañía.
Con un show políticamente incorrecto (con un Dean Martin fingiendo que actuaba borracho -y disfrutándolo-, con chistes homófobos y racistas -que debía soportar Sammy Davis Jr), el Rat Pack logró con "La cumbre de las Vegas" convertirse en el espectáculo más famoso de los años 60.
La fama los volvió poderosos. Y eso les consiguió más amistades. Pero algunas de ellas fueron muy peligrosas para el Rat Pack. Sam Giancana, uno de los mafiosos más importantes de ese tiempo, era amigo personal de Sinatra; y también lo era el presidente John F. Kennedy. Sinatra y el Rat Pack se volvieron intermediarios entre el gran capo de la mafia y el presidente más carismático de Estados Unidos, lo que les trajo grandes problemas y muchos sinsabores.
A finales de los años 60, con la explosión del Rock, el Rat Pack y su sonido fueron desplazados. Se convirtieron en música de catálogo, a pesar de que Sinatra, Martin y Davis gozaron de mucha fama durante el resto de su vida. El primero se convirtió en un ícono de la música norteamericana, el segundo tuvo una brillante carrera discográfica y en la televisión, mientras que el tercero fue una gran estrella de obras musicales.
El Rat Pack se reunió por última vez a finales de los años 80. sus miembros ya habían pasado de los 70 años, pero tuvieron la oportunidad, por última vez, de recibir el aplauso de un público que nunca los olvidó.
Rat Pack. Viviendo a su manera, es un gran rescate de una época en la historia de Estados Unidos, en el que el desarrollo de la industria del espectáculo permitió que existieran monstruos como Sinatra, Martin, Davis y muchos otros. Y al mismo tiempo demuestra cómo el show bussines se convirtió en un poder que convivía con los otros que conformaban a la sociedad norteamericana de mitades del siglo XX.
Un gran libro sobre la vida cotidiana estadounidense del siglo pasado, el cual para ser disfrutado de forma conveniente hay que acompañarlo con un disco del Viejo Ojos Azules y de su bebida favorita: Jack Daniel´s.


19 de octubre de 2009

Fox salvó a México (según la enciclomedia)


El diario Reforma en su versión electrónica nos regala una perla más del bigotón de San Cristobal. Al parecer, y vía la Enciclomedia, nuestro expresidente Vicente Fox salvó a la patria al comprometerse a sacarla del atraso, a atender los problemas causados por el narcotráfico, la falta de educación, la corrupción y el desempleo.
En contraste, Carlos Salinas de Gortari es tratado como un presidente que ganó las elecciones de manera fraudulenta, que intento construirse una imagen creíble, pero al final fue orillado al exilio debido a la crisis económica de 1994.
Los alumnos de quinto y sexto de primaria reciben esta información a través de las computadoras que los conectan con la red educativa Enciclomedia, un proyecto inaugurado en el sexenio foxista con la intención de "modernizar" a México.
No es la primera vez que el poder manipula la historia. De hecho, esta anécdota es una más de las cientos de miles (o tal vez millones) de veces en las que los que deciden el destino de una nación intentan dominar el futuro construyendo una visión del pasado que les sea conveniente.
En todas las sociedades ocurre. Durante años, la imagen de los Founding Fathers, esos hombres blancos y con grandes recursos económicos que crearon los Estados Unidos ocupó todo el espacio de los libros de texto en ese país.
En Corea del Norte, el anterior líder Kim Il Sung manipuló la historia para que sus habitantes crean que ellos ganaron la guerra contra los norteamericanos en los años 50.
Y en nuestro país, el PRI se construyó un discurso en el que ellos eran los herederos de todos los movimientos históricos mexicanos: desde la conquista hasta la Revolución, pasando por la Independencia y la Reforma. En los libros de texto de los años 70 (por mencionar un solo ejemplo) Hidalgo y Juárez aparecían como "protopriístas", que con su sacrificio allanaron el camino hacia el esplendor que la Familia Revolucionaria nos dio durante décadas.
Una muestra más de cómo los gobernantes necesitan determinar la forma en que quieren ser recordados.
La buena noticia para nosotros es, que al final no importa cuánto inviertan en estatuas de bronce, programas de computadora, obras y obras con los nombres de esos próceres.
Al final, y a pesar de sus esfuerzos, son incapaces de gobernar sobre el futuro.

30 de septiembre de 2009

Los sentimientos de la Nación (a 244 años del nacimiento de Morelos)


  1. Que la América es libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o monarquía, y que así se sancione dando al mundo las razones.
  2. Que la religión católica sea la única sin tolerancia de otra.
  3. Que todos sus ministros se sustenten de todos y solos los diezmos y primicias, y el pueblo no tenga que pagar mas obvenciones que las de su devoción y ofrenda.
  4. Que el dogma sea sostenido por la jerarquía de la Iglesia, que son el papa, los obispos y los curas, por que se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: Omnis plantatio quam non plantavit Pater meus celestis erradicabitur [Todo lo que Dios no plantó se debe arrancar de raíz]. Mateo Capítulo XV.
  5. Que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en el Supremo Congreso Nacional Americano, compuesto de representantes de las provincias en igualdad de números.
  6. Que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial estén divididos en los cuerpos compatibles para ejercerlos.
  7. Que funcionarán cuatro años los vocales, turnándose, saliendo los mas antiguos para que ocupen el lugar los nuevos electos.
  8. La dotacion de los vocales, será una congrua suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de ocho mil pesos.
  9. Que los empleos sólo los Americanos los obtengan.
  10. Que no se admitan extranjeros, si no son artesanos capaces de instruir y libres de toda sospecha.
  11. Que los estados mudan costumbres y, por consiguiente, la patria no será del todo libre y nuestra mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico, sustituyendo el liberal, e igualmente echando fuera de nuestro suelo al enemigo Español, que tanto se ha declarado contra nuestra patria.
  12. Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejandro la ignorancia, la rapiña y el hurto.
  13. Que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados, y que éstos sólo sean en cuanto al uso de su ministerio.
  14. Que para dictar una ley se haga junta de sabios en el número posible, para que proceda con más acierto y exonere de algunos cargos que pudieran resultarles.
  15. Que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud.
  16. Que nuestros puertos se franqueen á las naciones extranjeras amigas, pero que éstas no se internen al reino por mas amigas que sean, y sólo habrá puertos señalados para el efecto, prohibiendo el desembarque en todos los demás, señalando el diez por ciento.
  17. Que a cada uno se le guarden las propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado señalando penas á los infractores.
  18. Que en la nueva legislación no se admita la tortura.
  19. Que en la misma se establezca por ley constitucional la celebración del día 12 de diciembre de todos los pueblos, dedicando a la patrona de nuestra libertad, María santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensal.
  20. Que las tropas extranjeras o de otro reino no pisen nuestro suelo, y si fuere en ayuda, no estarán donde la Suprema Junta.
  21. Que no hagan expediciones fuera de los límites del reino, especialmente ultramarinas; pero que no son de esta clase propagar la fe a nuestros hermanos de Tierra-dentro.
  22. Que se quite la ínfinidad de tributos, pechos e imposiciones que mas agobian y se señale a cada individuo un cinco por ciento de semillas y demás efectos o otra carga igual, ligera que no oprima tanto, como la alcabala, el estanco, el tributo y otros; pues con esta ligera contribución y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo, podrá llevarse el peso de la guerra y honorarios de empleados.
  23. Que igualmente se solemnice el dia 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la independencia y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída, recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor don Miguel Hidalgo y su compañero don Ignacio Allende.


    Chilpancingo, 14 de septiembre de 1813

    José María Morelos

29 de septiembre de 2009

Agustín...


Voy a verlo cada vez que paso por el Zócalo. Entro a la Catedral Metropolitana, me dirijo hacia la izquierda y al fondo, en la capilla de San Felipe de Jesús lo encuentro en una urna de cristal, resguardado por una bandera mexicana y una trigarante. Sobre él está un viejo cuadro en el que aparece con la banda imperial (no presidencial) cruzándole el pecho y la mirada puesta en un futuro que jamás llegó. Abajo de la urna está su trono, de color rojo con dorado y un águila en cada descansabrazos. El trono se ve descuidado, como el resto de la capilla. Me cuentan que de tiempo en tiempo alguien ofrece una misa por el eterno descanso de su alma. Yo creo que Agustín de Iturbide es otro de nuestros fantasmas mexicanos, y que jamás encontrará la paz hasta que lo veamos de frente y escuchemos lo que quiere decirnos.
Una historia de buenos y malos produce relatos redondos, incuestionables, pensados para niños a los cuales es necesario instruir en el patriotismo y convertir en buenos ciudadanos. Nuestra historia de bronce tiene muchos personajes creados para ser los mejores ejemplos de esa sociedad mexicana urgida de valores: tenemos al padrecito que nos llevó a la libertad, el indito que salió de su pueblo para ser presidente, el hacendado convertido en apostol de la democracia y la esfinge michoacana que nos liberó de las garras de los usureros extranjeros que lucraban con nuestros recursos naturales.
También tenemos al torvo conquistador español que ultrajó a nuestras mujeres, a los gachupines que nos esclavizaron por trescientos años, al “quinceuñas” que vendió la mitad de nuestra patria y al dictador que por tres décadas nos obligó a obedecerle.
En ese infierno de la historia, Agustín de Iturbide ha ocupado un lugar especial. Es visto como el gran traidor, como el judas de la nación mexicana que la engañó con una falsa independencia para luego imponerle un imperio en el que el autoritarismo y la corrupción ultrajaron (quizá para siempre) a ese recién nacido llamado México.
Como ya he mencionado en otras ocasiones, la historia de bronce sirve para legitimar a los Estados, para darles una razón por la cual pueden gobernar sobre un territorio, pero cuando se le cuestiona fácilmente se viene abajo, como una enmohecida estatua que estuvo abandonada durante años.
Si México quiere tener un proyecto de futuro en el que ponga todas sus esperanzas, necesita entre otras cosas reconciliarse con su pasado. Y para ello es necesario terminar con la visión maniquea de los buenos y los malos y empezar a ver a nuestros personajes históricos como las personas que fueron: con sus luces y sus sombras.
En Agustín de Iturbide se concentra el sueño de una generación criolla por convertir a México en la nación más poderosa del planeta, y la catástrofe por no haber podido construir un país capaz de gobernarse a sí mismo.
Agustín fue un criollo que nació en 1783 en Valladolid (hoy Morelia), en esa región del Centro y del Bajío que fue tan importante para la Nueva España por su producción agrícola y minera. A los quince años administraba una hacienda propiedad de su padre y a los 22 entró al ejército virreinal como teniente alférez.
Cuando Miguel Hidalgo comenzó la rebelión en el pueblo de Dolores, le ofreció a Iturbide que se le uniera como teniente general. Él rechazó el grado debido a que consideraba que la guerra que comenzó en septiembre de 1810 sólo traería desgracias al país. Los Iturbide (como unos vecinos suyos, los Alamán) tuvieron que huir de la región y refugiarse en la Ciudad de México.
El 30 de octubre de 1810, Iturbide tuvo su bautizo de fuego. Ocurrió en el Monte de las Cruces, en donde las tropas españolas fueron derrotadas por las fuerzas de Hidalgo, quien estuvo a punto de entrar a la Ciudad de México. Iturbide descubrió en ese momento que la guerra era su medio habitual. A partir de entonces se distinguió en muchas batallas, capturó a cabecillas insurgentes, tomó fortificaciones y empezó a construir su leyenda.
Sin embargo, este gusto por la guerra generó en él una crueldad desmedida, algo que reconocían con temor tanto sus adversarios los insurgentes como sus aliados realistas. Iturbide fusilaba a sus prisioneros, a la población civil y hasta a sus mismos soldados si consideraba que éstos no se habían conducido valerosamente. Como señala Enrique Krauze, la furia de Iturbide radicaba en el odio profundo que sentían los criollos realistas por los criollos insurgentes y viceversa. Un odio entre hermanos (el más profundo que puede haber) y que marcó a México durante décadas.
Iturbide continuó su campaña de erradicación hasta 1816, cuando salieron a la luz una serie de escándalos por corrupción y comercio ilícito. Iturbide se separó del ejercito virreinal y rentó una hacienda cercana a la Ciudad de México.
Tuvieron que pasar varios años para que Iturbide regresara al escenario. Fernando VII en España fue obligado a reinstalar la Constitución de Cadiz de 1812 (la que había rechazado luego de que volvió al poder, luego de que las tropas francesas salieron de su reino). En ese momento se gestó un nuevo movimiento independentista en México que consideraba que la separación entre los dos países podía hacerse de forma suave, sin derramar más sangre mexicana.
Iturbide fue invitado a formar parte de este movimiento, y en cuestión de siete meses logró convencer a los principales guerrilleros insurgentes y a los jefes del Ejército realista para unir sus esfuerzos y reconciliarse luego de años de lucha.
Iturbide les ofreció tres garantías: la eliminación de las castas, lo que impedía el desarrollo económico y social de México. A partir de entonces ya no habría españoles, americanos, indios ni las múltiples divisiones raciales que caracterizaron al virreinato. Ahora todos serían mexicanos.
También les ofreció que fueran dueños de su propio país, el cual ya no dependería de España, como lo hizo durante trescientos años.
Y para que los habitantes de un territorio tan extenso tuvieran un símbolo en común, les propuso defender la religión católica. Con esas tres garantías Iturbide congregó a españoles y americanos, en un proyecto político que contemplaba la instauración de una monarquía constitucional, la cual estaría bajo el mando de Fernando VII.
El plan de Iturbide señalaba que México y España serían ahora dos naciones separadas, pero que serían gobernados por una misma familia, (los Borbones) para contar con la legitimidad que permitiriera construir un nuevo país. Con la firma de los Tratados de Córdoba el 24 de agosto de 1821, la Independencia de México al fin se convertía en realidad.
El 27 de septiembre de ese año, las tropas del Ejército Trigarante entraron a la Ciudad de México. Fue la primera y única vez que los insurgentes llegaron a la capital del país, ahora hermanados con sus antiguos enemigos. Cubiertos con los colores verde, blanco y rojo. Al día siguiente los jefes del movimiento firmaron el acta de independencia, en la que señalaban:
 
La Nación mexicana, que por trescientos años ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido.Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados y está consumada la empresa enteramente memorable, que un genio superior a toda admiración y elogio, amor y gloria de su patria, principió en Iguala, prosiguió y elevó a cabo arrollando obstáculos insuperables.Restituída, pues, esa parte del Septentrión al ejercicio de cuantos derechos le concedió al Autor de la naturaleza y reconocen por inajenables y sagradas las naciones cultas de la tierra, en libertad de constituirse del modo que más convenga a su felicidad, y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios, comienza a hacer uso de tan preciosos dones y declara solemnemente, por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es nación soberana e independiente de la antigua España, con quien, en lo sucesivo no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha en los términos que prescriben los tratados: que entablará relaciones amistosas con las demás potencias, ejecutando, respecto de ellas, cuantos actos puedan y están en posesión de ejecutar las otras naciones soberanas: que va a constituirse con arreglo a las bases que en el Plan de Iguala y tratados de Córdoba estableció sabiamente el primer Jefe del Ejército Imperial de las Tres Garantías, y en fin, que sostendrá a todo trance y con el sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos (si fuere necesario) esta solemne reclaración, hecha en la Capital del Imperio a 28 de septiembre del año de 1821, primero de la Independencia mexicana.
 
México esperaba con alegría que España reconociera su independencia y que Fernando VII quisiera ser su rey, o que le enviara a algún miembro de la casa de Borbón para que los gobernara. La fantasía se vino abajo meses más tarde, cuando España rechazó los Tratados de Córdoba y consideró que México era una provincia rebelde a la que debía reconquistar.
El país se encontraba huérfano. Los lazos que quizo desatar suavemente se cortaron de tajo. ¿Quién podría darle un sentido y una dirección al nuevo país? El nombre de Iturbide resonó con fuerza entre los que pensaban que a falta de un rey con linaje divino, el país bien podría tener un emperador constitucional.
Y es que, en los meses que pasaron entre la declaración de Independencia y el rechazo de España, Iturbide se había convertido en el hombre del momento. Lisonjeado a cada instante, Iturbide no rechazó el canto de las sirenas y consideró que México necesitaba una monarquía para que no se desgranara víctima de la anarquía. La tentación del poder se presentó ante el criollo y la tomó en sus manos sin saber todo lo que provocaría.
El 21 de mayo de 1822 fue coronado como Agustín I, Emperador de México. Fue una coronación extraña, porque como señaló años más tarde Lucas Alamán, parecía más una puesta en escena que la confirmación de un antiguo ritual. El nuevo Imperio nacía sin legitimidad y el nuevo emperador se daba cuenta de ello.
Fue como si al llegar al mayor éxito de su vida, el emperador simplemente no supiera hacia dónde dirigirse. Lo que antes era la dulce tentación del poder se había convertido en una pesada carga imposible de llevar.
A los conflictos que vivia Agustín se juntaron los problemas reales del imperio. El Poder Legislativo competía con el Emperador en la lucha por el poder y las intrigas en las logias masónicas debilitaban cada vez más al nuevo gobierno.
Pero el gran conflicto vino del lado de la economía: luego de una década de guerra las minas y las haciendas estaban destruidas. No había forma de echar adelante al país sin dinero. Y además, México estaba aislado en la escena internacional. Aparte de Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica, Europa se alió con España y nadie le prestaba dinero a la nueva nación.
Iturbide disolvió el Congreso y nombró una Junta Nacional Instituyente para redactar una nueva constitución, pero los acontecimientos se desarrollaron con gran rapidez y le fue imposible detener la avalancha que se le fue encima. Sus antiguos camaradas de armas lo traicionaron, considerando que era un emperador de comedia, un líder pelele incapaz de conducir a la nación como lo había hecho apenas dos años antes. El 19 de marzo de 1823, menos de un año a partir de su coronación, Iturbide abdicó y el Primer Imperio Mexicano desapareció.
Siguió entonces el exilio. En Liorna, Italia, Iturbide escribió sus memorias y contempló con inquietud los crecientes problemas de México. Enterado de que la Santa Alianza (una coalición entre los imperios austriaco, prusiano y ruso) planeaba invadir el país, el caudillo criollo decidió regresar a México para defenderlo. Quizá lo hizo porque creía que el país estaba en peligro; tal vez se le ocurrió que la suerte bien podía ponerse de su lado y colocarlo en el sitio que había perdido. Lo que Iturbide no sabía es que el Congreso mMexicano lo había condenado a muerte en el caso de que regresara al país.
Fue apresado en Soto la Marina, de donde lo llevaron a Padilla, un pueblo del estado de Tamaulipas. El 24 de julio de 1824, frente a un pelotón de fusilamiento, murió el consumador de la Independencia de México.
Con el paso del tiempo, sus restos fueron llevados a la Catedral Metropolitana, donde comparte la capilla de San Felipe de Jesús con el corazón de un presidente mexicano que fue uno de sus más cercanos aliados: Anastasio Bustamante. Mientras tanto, su figura histórica sufrió los vaivenes de la política de su tiempo. El 27 de septiembre (el día de la consumación de la Independencia) fue festejado por aquellos grupos cercanos al conservadurismo mexicano durante el siglo XIX, mientras que los liberales impulsaban cada vez más la figura de Miguel Hidalgo y su grito del 16 de septiembre. No importó que una estrofa del himno nacional compuesto en 1854 se refiriera al caudillo trigarante:
 
"Si a la lid contra hueste enemiga
nos convoca la trompa guerrera,
de Iturbide la sacra bandera
¡Mexicanos! valientes seguid
Y a los fieros bridones les sirvan
las vencidas enseñas de alfombra;
los laureles del triunfo den sombra
a la frente del bravo adalid."
El Porfiriato respetó su figura, pero no alentó su recuerdo. Fue hasta principios del siglo XX, con los gobiernos de la revolución, que su nombre, inscrito con letras de oro en la Cámara de Diputados, fue arrancado por una turba que consideraba que no merecía estar junto a Juárez o Hidalgo.
Hasta el día de hoy Iturbide sigue encerrado en la Catedral Metropolitana. ¿Merece nuestra condena y nuestro olvido el consumador de la Independencia nacional? O, por el contrario, ¿Nos beneficiaría analizar honestamente -sin prejuicios- a quien logró unificar a una nación y terminó con una guerra fraticida?
Esas dos preguntas me rondan cada vez que paso a visitar al Emperador. Y salgo de la Catedral convencido de que una nación madura, una sociedad democrática, tiene que revisar constantemente su pasado para que la ignorancia no se convierta en un demonio que la obligue a repetir sus errores una y otra vez. Escuchemos a Iturbide. Puede ayudarnos a entendernos mejor.

24 de septiembre de 2009

El rompecabezas del pasado


El domingo pasado andaba yo por Liverpool (la tienda, no el puerto) reflexionando sobre la posibilidad de cuantificar todos los hechos históricos con la intención de producir una medición incuestionable que por resultado nos dé una versión definitiva e imparcial sobre la historia de México...No es cierto, estaba yo haciéndome pato en lo que entraba al cine.
Total, dando la vuelta por Liverpool me encontré en su sección de libros que tenían una mesa llena de ejemplares sobre historia. El (Bi)Centenario ya nos cayó encima. Encontré biografías, libros para niños, estudios sobre épocas determinadas, mucha "contrahistoria" y otras cosas más. Enmedio de toda esa oferta, encontré un libro del cual ya había oido hablar. Se llama "Arma la Historia. La nación mexicana a través de dos siglos", y lo coordinó Enrique Florescano. Recordé que el sábado anterior en mi programa preferido "Conversaciones sobre Historia", Don Javier Garciadiego lo había recomendado, así que lo compré para disfrutarlo en lo que me acababa un helado y entraba a ver mi película. (Paréntesis cinematográfico: ¡No gasten su dinero en "La Huérfana"!).
Ese día revisé el libro brevemente. Tiene unos comentarios muy positivos por parte del mencionado Garciadiego, de Enrique Krauze y de Josefina Zoraida Vázquez. Alcancé a leer el prólogo escrito por Enrique Florescano y debo confesar que me decepcionó. Muchos lugares comunes, pocas aportaciones, nada a la altura de lo que don Enrique nos tiene acostumbrado.
Dejé la lectura del libro hasta el martes. Pasé las horas metido en un aeropuerto y en mi vuelo a Monterrey leyendo (con desconfianza) "Arma la Historia", y debo decir que mi primera impresión cambió.
"Arma la Historia" es un libro como muchos otros, (y seguramente habrá más conforme pasé este año y lleguemos al 15 de septiembre de 2010): una revisión de la historia de México hecha por un grupo de historiadores reconocidos por su calidad. Los autores son Alfredo Avila, Erika Pani, Aurora Gómez Galvarriato, José Antonio Aguilar Rivera y Soledad Loaeza. El problema de esta clase de textos, en los que a cada autor se le asigna un tema, es que fácilmente se desequilibran: puede haber capítulos muy interesantes y otros que no.
En general, "Arma la Historia" no tiene este problema. La revisión que hacen de la historia de México desde el final del Virreinato hasta el año 2000 es compacta y se sostiene. No tiene esos enormes baches que hacen que el lector se salte capítulos.
Al ser un libro pensado para la divulgación y no para la academia, "Arma la Historia" tiene la cualidad de que quiere presentar al público no especializado una visión de nuestro pasado que no esté basada en los grandes personajes y las grandes fechas, sino en los procesos históricos y la forma en que la economía, la política, la sociedad, la cultura y los acontecimientos internacionales influyeron en nuestro ayer como nación.
El primer capítulo, escrito por Alfredo Ávila, es una buena muestra de ello. Avila se aleja de los lugares comunes sobre la independencia nacional y nos ofrece un amplio panorama sobre México desde que era parte de la Monarquía española, hasta que se encuentra sólo y profundamente confundido en 1823. Con un lenguaje sencillo, Ávila nos habla de las contradicciones en que vivía la Nueva España, los problemas de la monarquía con la invasión francesa, el liberalismo y la Constitución de Cádiz, la Independencia en 1821, el Primer Imperio y su disolución.
En el segundo capítulo, Avila (ahora junto con Erika Pani) aborda los problemas del nuevo Estado desde la formación de la primera república federal hasta el fusilamiento de Maximiliano. A partir del tercer capítulo la lectura no se desliza tan fácilmente como al principio: el texto de Erika Pani y Aurora Gómez Galvarriato sobre la República Restaurada y el Porfiriato ya no tiene el brillo de lo escrito por Avila, pero sí cuenta con el rigor de dos historiadoras muy talentosas. Lo mismo pasa cuando Gómez Galvarriato se encarga de contarnos los primeros diez años de la Revolución Mexicana, y más adelante cuando cede la estafeta para que José Antonio Aguilar Rivera nos explique cómo eran los gobiernos posrevolucionarios hasta 1945.
El último capítulo fue escrito por Soledad Loaeza y para mi gusto es el más flojo: un análisis sobre la construcción del Estado mexicano desde el gobierno de Miguel Aléman hasta el año 2000. De ninguna manera es un texto malo: lo que pasa es que se queda a medias entre un texto académico y uno divulgativo. No se siente a la altura de lo que el libro nos ofreció al principio y por eso la lectura ya no es tan atractiva.
¿Vale la pena que aquellos que no son historiadores lean este libro y no otros que son parecidos? ¿qué ofrece "Arma la Historia" que no tenga, por ejemplo, la "Nueva Historia Mínima de México"? Yo creo que sí vale la pena leerlo, por la simple razón de que le ofrece al público no especializado una visión fresca del pasado de México, en la que cualquier persona puede encontrar algunas respuestas para comprender qué le está pasando a nuestro país y qué deberíamos hacer como ciudadanos para transformarlo.
La lectura de un libro como éste, realizado por grandes historiadores, siempre valdrá la pena, y más si con ello se logra que los conocimientos más recientes lleguen a las manos de aquellos que saben muy poco o nada sobre historia.
El problema viene para los libros que salgan más adelante: ¿qué pueden ofrecer a los lectores para que decidan adquirirlos a ellos y no "Arma la Historia"? Yo creo que todos aquellos que pretendan hacer obras de difusión aprovechando el boom del (Bi)Centenario deben pensar en eso, para que las mesas de las librerías no se llenen de materiales de relleno, que en poco tiempo serán olvidados.





18 de septiembre de 2009

¿El Bicentenario, en mi cocina?


Si usted entendió el chiste anterior, lamento informarle que ya no se cuece al primer hervor. Los que no lo hayan entendido (o no quieran hacerlo) quédense con la idea de que el Bicentenario ya nos alcanzó y lo veremos hasta en la sopa durante un largo año.
En eso pensaba hoy en la tarde, mientras manejaba por las lluviosas calles de Ciudad Satélite. Me sentía solo, la Patria me había abandonado luego de la jarra que nos pusimos en su honor el miércoles pasado. Pensé que mi soledad sería mi única acompañante durante esta noche cuando, en un anuncio, me encontré con la "Hot Line del Bicentenario".
"¡Allí está la solución!", pensé. Y seguro de que me contestarían las "Insurgentes del amor" o las "Zapatistas traviesas" marqué el 018007002010.
Lamentablemente, sólo me contestó un fulano para decirme que estaba yo llamando a la línea telefónica del Bicentenario, en donde me informarían de todos los eventos que la Comisión Organizadora realizará durante este año de la patria. Luego de tomarme mis datos, me dijo que la Comisión me daba las gracias por llamarlos, y que próximamente se comunicarían conmigo para invitarme a las fiestas que organizarán. Además me dijo que si quería recibir mensajes en mi cel sólo mandara el mensaje "ALTA" al 221010. Lo hice e inmediatamente me llegó el siguiente texto:
"Bienvenido a MÉXICO 2010. Entérate y celebra de la mejor manera el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución".
"¿Y las zapatistas traviesas?"- pensé. ¡Por lo menos me pudieron haber conectado con la Patria, esa morenaza buenona que salía en los libros de texto de los años 60!.


15 de septiembre de 2009

¡Abróchense los cinturones...



... el año del Bicentenario acaba de comenzar!; y sólo por eso CLIONAUTICA les ofrece, como una promoción, dos artículos dos, para que esta noche patriótica y el resto del año celebratorio les sea muy agradable. Primero, una crónica de don Guillermo Prieto sobre la entrada del ejército yankee a la Ciudad de México en 1847, en http://www.arts-history.mx/blogs/index.php?option=com_idoblog&task=viewpost&id=353&Itemid=0, y segundo, una reflexión sobre las cuatro formas en que podemos ver al (Bi)Centenario en CEINPOL, http://www.centrodeinteligenciapolitica.com/2009/09/cuatro-versiones-del-bicentenario-por.html. ¡Anímese! No todos los días su patria está a punto de cumplir 200 años, (whatever that means...)

5 de septiembre de 2009

No queremos un segundo piso en las Torres de Satélite!

México, D.F. Julio de 2008


Al Gobernador del Estado de México.
Al Secretario de Comunicaciones y Transportes.
A la Directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.


El monumental conjunto conocido como Torres de Satélite, emblemático de la zona metropolitana del valle de México e hito fundamental en la conurbación del Distrito Federal con pujantes municipios mexiquenses, fue producto del genio de dos grandes creadores, Luis Barragán y Mathias Goeritz, quienes además contaron con la colaboración del pintor Jesús (Chucho) Reyes Ferreira, y constituye la mayor escultura urbana del país, cuyo significado arquitectónico y artístico ha sido reconocido en el mundo entero desde el momento mismo de su construcción.

Por considerar el alto valor estético y cultural de la citada obra, en el mes de septiembre del 2007, al cumplirse el 50º. aniversario de su construcción, un grupo de especialistas en arquitectura, urbanistas e intelectuales se dirigió por escrito a la Lic. María Teresa Franco, Directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBA), para solicitarle la correspondiente declaratoria de las Torres de Satélite como parte del Patrimonio Artístico Nacional.

Por ello, para quienes suscribimos el presente documento, es motivo de profunda preocupación el anuncio hecho a los medios de comunicación por el Secretario de Comunicaciones del Gobierno del Estado de México, Lic. Gerardo Ruiz Esparza, en el sentido de que ya ha sido seleccionada la empresa que construirá y operará un segundo piso en el Periférico norte, toda vez que el trazo de esta vialidad elevada afecta de manera severa la perspectiva que actualmente tienen las Torres desde la autopista en cuyo centro se encuentra ubicada.

Estamos conscientes de que la solución de los problemas de vialidad en una arteria tan importante como la que comunica a la capital de la nación con el centro, occidente y noreste del país, requieren ser atendidos en forma apremiante, en un esquema de responsabilidad compartida entre la Federación y el Estado de México. Sin embargo, el progreso y el desarrollo pueden y deben ser compatibles con la protección de nuestro patrimonio cultural nacional.

Hacemos un particular exhorto a la Dirección del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, para que concluya a la brevedad las formalidades para que las Torres de Satélite pasen a formar parte del Patrimonio Artístico Nacional, toda vez que se cuenta con información de que la integración del expediente técnico destinado a la Comisión Nacional de Zonas y Monumentos Artísticos tiene un considerable grado de avance.

No es ocioso recordar al C. Gobernador del Estado de México que las Torres de Satélite son usadas como publicidad emblemática del gobierno que encabeza, como se puede constatar en el número 161 de la revista Examen, lo que evidencia preocupación por la proyección del patrimonio artístico y cultural de su progresista entidad federativa.

En razón de lo antes expuesto, solicitamos a ustedes su valiosa intervención a fin de que en la ejecución del proyecto de referencia se pongan en práctica todas las previsiones necesarias, incluyendo la posibilidad de un paso deprimido del viaducto, para evitar se vea afectada la imagen de las Torres de Satélite y se respete íntegramente su actual presencia.

3 de septiembre de 2009

phdcomics, ¡atrapados en el posgrado!

"Piled Higher and Deeper" by Jorge Cham
www.phdcomics.com


Cuando nació CLIONAUTICA, uno de mis objetivos fue platicar con todos aquellos que no son historiadores sobre cómo los clionautas hacemos nuestro trabajo. De qué forma realizamos nuestras investigaciones, metemos la pata al hacer los proyectos, damos a conocer nuestros resultados y nos apalean en los seminarios de investigación, y al final publicamos nuestros libros esperando que algún despistado caiga en la trampa y los compre.
En México, (y realmente en todo el mundo) hay dos tipos de historiadores: por un lado está el "lírico", alguien a quien simplemente le gusta el pasado y quiere escribir sobre él. No necesariamente son malos o "chafas". De hecho, hasta el siglo XX todos los historiadores eran líricos, por la simple razón de que no existía la carrera de Historia. Entre los líricos podemos encontrar a pequeños investigadores que dedican su tiempo a narrar las historias de sus pueblos, y a esa parejita de griegos llamados Herodoto y Tucídides quienes con sus obras empezaron el camino de la Historia.
Y por el otro lado estamos los "recién llegados" los historiadores académicos que pasamos años encerrados en universidades, centros de investigación, seminarios, bibliotecas, archivos y otros lugares tan extraños para conseguir un título (preferentemente de Doctor, o aunque sea de Maestro) con el cual podamos navegar por la vida con cara de que todo lo que decimos es "profundo y con mensaje".
Pasar por la universidad, y especialmente por el posgrado con la intención de convertirse en un académico, puede ser una experiencia profundamente cimbrante. En el camino puedes divorciarte, caer en la bebida, engolosinarte con las pastillitas vaciladoras, visitar los hospitales por anemia, gastritis o ataques de pánico, y otras cosas más.
No es fácil obtener un doctorado. La presión es mucha, las horas de sueño son pocas, y pasas todo el tiempo con la sensación de que sobre tí tienes una guillotina dispuesta a caerte encima al primer síntoma de flojera que demuestres, o en el caso de que tu investigación no sea tan buena como tu asesor y tu escuela de posgrado esperaban.
Pero, ¡vamos!, tampoco hay que ensombrecer las cosas más de lo que ya están. El doctorado también puede ser una etapa muy divertida, con bastantes fiestas, buen alcohol, algunas aventurillas románticas, y sobre todo la extraña satisfacción que produce el hablar de cosas tan raras como la cliometría y el giro lingüístico con seres que comparten tus mismos gustos.
Si podemos reirnos de todo, también podemos hacerlo de la carrera por el doctorado. Y eso es lo que hace phdcomics.
Mi amiga,la maestra Iliana Quintanar, doctorante en Historia por El Colegio de México (y que bien podría ser un personaje más de esta tira, ¡besos!) me mostró este comic, que narra la vida de un grupo de estudiantes de posgrado de cualquier universidad gringa, (aunque bastantes de las anécdotas contadas podrían ocurrir en México o en otras partes del mundo). Los personajes son variados: por un lado está la estudiante perfecta de doctorado que no puede admitir que en realidad es una ñoña sin vida; un posdoctorante que lleva tantos años en la Universidad que ya lo incluyen en el inventario (eso me dolió); una chica que hace investigaciones sobre ciencias sociales y le encanta andar en todas las marchas, plantones, manifestaciones y luchas sociales que se le crucen por el camino, y un fulano sin nombre que vive permanentemente torturado por su asesor de tesis.
Jorge Cham (http://twitter.com/phdcomics) es el autor de esta joya, en la que nos cuenta sobre la desventura de este grupo de extraños y muy familiares personajes, en su loca carrera por tener algún día de privilegio de presentarse en sociedad como "doctores(as)". Cham es doctor en ingeniería mecánica por Stanford. Ha sido profesor de tiempo completo e investigador en el Caltech y se dedica a hacer phdcomics desde 1997. Ha publicado varias recopilaciones sobre sus comics y, como él cuenta en su página, phdcomics nace del interés de una gran legión de estudiantes de posgrado de todo el mundo que piensan que en la vida hay algo más que estar investigando en un laboratorio o una biblioteca.
No creo que haya otro lugar mejor para que aquellos que son "profanos" sepan cómo es la vida al interior de una universidad o centro de investigación, y estoy seguro de que todos los que estamos "piled higher and deeper" podremos reirnos mucho y angustiarnos bastante con lo que Cham nos muestra en sus cartones.
Y a todo esto yo me pregunto: ¿volvería a pasar por todo lo que viví en esos cincos años que me tardé en conseguir mi doctorado? y la respuesta es: sí. Y mil veces, si fuera necesario.