4 de diciembre de 2009

¡Nomás para ver qué se siente...!


Xochimilco lucía aún más hermoso que de costumbre. Lleno de flores, gente, música y un grupo de niños que interpretaban bellas canciones populares. Parecía una fiesta patronal como muchas que se realizan en ese lugar que desde hace mucho es una delegación de la Ciudad de México, pero lo que estaban celebrando no tenía nada de confesional y sí mucho de revolucionario. Era el 4 de diciembre de 1914, y una entrevista histórica estaba a punto de realizarse.
De un lado estaba el caudillo morelense, el Jefe del Ejército Libertador del Sur, el "Atila" que había levantado en armas a los campesinos de su Estado exigiendo tierra y libertad: el general Emiliano Zapata. Del otro estaba un antiguo bandolero que conocía en norte del país como la palma de su mano y había decidido transformar su vida mejorando su país: el general Francisco Villa.
Los antecedentes de la reunión entre Villa y Zapata datan de 1913, cuando el segundo comenzó a enviar cartas a los distintos jefes revolucionarios que operaban en el norte del país. A raíz del asesinato del presidente Francisco I.Madero, una gran sublevación contra el usurpador Victoriano Huerta estalló en los estados de Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León. Bajo el mando de Venustiano Carranza, miles de revolucionarios se dieron a la tarea de acabar con el gobierno militar que había instalado Huerta. en 1914 Huerta fue derrotado y tuvo que huir del país, pero eso sólo dio paso a una nueva etapa en la guerra civil que había comenzado en 1910.
Los distintos grupos revolucionarios empezaron a intrigar entre sí, con la intención de quedarse con el poder. Las alianzas que antes habían establecido zapatistas y carrancistas empezaron a romperse. Carranza no permitió que los zapatistas ocuparan la Ciudad de México, y el Caudillo del Sur impidió que las tropas de don Venustiano entraran al Estado de Morelos.
Zapata empezó a buscar el apoyo de otros revolucionarios que le sirvieran de contrapeso a Carranza, y uno de ellos era Francisco Villa. Revolucionario de primera hora, que se unió a las fuerzas maderistas y participó en la toma de Ciudad Juárez, Villa se había distinguido por su excelente capacidad militar y por ser un experto en el arte del engaño. Cuando Madero fue asesinado, Villa se unió a Carranza para acabar con Huerta, pero desde el principio tuvieron problemas, ya que ambos tenían muy distintos proyectos nacionales.
Zapata reconocío a Villa como un muy importante jefe militar, a la misma altura que Carranza, y envió a uno de sus hombres de confianza, Gildardo Magaña, a platicar con él para estrechar los lazos entre las revueltas del norte y el sur.
Luego de que el intento de Carranza por liderar a todos los jefes revolucionarios en la Convención de Aguascalientes fracasó, la cercanía entre Villa y Zapata era cuestión de meses.
La Convención acordó reunirse en la Ciudad de México a finales de noviembre de 1914. Los dos hombres aprovecharían ese evento para conocerse.
Zapata llegó primero a la Capital de la República, el 26 de noviembre. Sólo estuvo dos días en la Ciudad, alojado en un hotelito cercano a la estación del tren. Dio algunas entrevistas, pero contestó parcamente. Entre el miedo a ser asesinado y un desagrado natural por la vida urbana, Zapata regresó a Morelos el 28 de noviembre de 1914.
Hasta allá fue a buscarlo una comisión de villistas que le llevaban una carta personal del Centauro del Norte, para pedirle que tuvieran una entrevista. Zapata aceptó, pero pidió a cambio que ésta se realizara en un lugar que controlaban sus tropas: Xochimilco.
El 2 de diciembre llegó Villa a la estación del tren de la Ciudad de México. Dos días más tarde tomó un coche en Tacuba y junto a su Estado Mayor hizo un largo trayecto (cuatro horas) hasta llegar a Xochimilco. Al ver a tantos niños cantando, Villa se conmovió y les echó todo el dinero que traía en las bolsas.
Zapata llegó un poco después. Los dos hombres fueron presentados y luego de darse la mano se dirigieron a un edificio cercano para platicar. John Womack dice que era una escuela, Paco Ignacio Taibo II menciona que era en realidad la casa de Manuel Flores. El caso es que al fin se encontraban frente a frente los dos líderes de la revolución campesina de México.
La entrevista empezó suavemente. Ambos hombres se estaban tanteando con frases cortas y largos silencios, hasta que Villa empezó a hablar mal de Carranza, y Zapata lo siguió: "Carranza es un viejo cabrón".
Luego estuvieron platicando sobre la lucha revolucionaria, sobre sus años peleando contra el poder, de sombreros y de alcohol. Zapata le ofreció a Villa un trago de Cognac, que al Centauro del Norte le costó trabajo tomarse, ya que era abstemio. Villa casi se ahoga con el trago, además de que sus ojos se llenaron de lágrimas por el alcohol. El resto de la jornada, Villa bebió agua sola, lo que impresionó a Zapata, acostumbrado a bebidas mucho más fuertes.
Villa y Zapata formalizaron una alianza entre la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur, decidieron que los norteños adoptarían el Plan de Ayala, que Villa enviaría armas y municiones al sur y que ambos promoverían a un civil como presidente de la República.
En esa reunión, dice Taibo II, Villa conoció la comida del centro del país. Acostumbrado a la carne asada y las tortillas de harina, Pancho se dio gusto probando el mole de guajolote, los tamales y los frijoles sazonados con epazote y chile verde. En los meses siguientes, señala Taibo II, Zapata le envió a Villa diversas especias, chiles y hasta un molino de nixtamal para que comiera tortillas de maiz.
Los dos hombres se despidieron con abrazos y lágrimas. Dos días más tarde entraron con sus tropas a la Ciudad de México y se dirigieron a Palacio Nacional. Allí se encontraron con la Silla que durante años había ocupado Porfirio Díaz. Algunos dicen que Zapata la observaba con una mezcla de odio y temor y que pedía que la quemaran. Otros mencionan que Villa dijo "por esta silla han muerto tantas personas".
Pero hay otros que dicen que, al estar frente a ella, el Centauro del Norte dijo de forma burlona: "me voy a sentar en ella, ¡nomás para ver qué se siente!" y así surgió esa famosa foto, en la que por un instante, Villa y Zapata fueron, por derecho propio, los amos de México.


2 comentarios:

  1. No creo en la inocencia de Villa, creo que él buscaba sentarse en la Silla desde el momento en que llegó a México, nómas hay que ver como va vestido de gala militar con los botones de bronce al estilo de los federales...

    Bueno esa es mi opinión, ya se sabe que no hay verdades unicas de todos modos...

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  2. Bien.
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    Saludos

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