20 de septiembre de 2010

Sobreviviendo a la cruda Bicentenaria...


¡Ay, de vuelta a la normalidad! Luego de la pachanga que tuve con la Patria, tengo que regresar a la vida cotidiana, sin colosos, sin ese Quetzalcóatl conceptual que rondó la Plaza de la Constitución, sin la atractiva Lila Downs, sin el "Shalalá" que tanto taladró mi cerebro...
Apuesto a que ustedes están igual que yo. Y es que, cumplir 200 años no es cosa de todos los días. Tuvimos un megapuente (que a mi gusto debió comenzar el lunes de la semana pasada), en el que todos estuvimos rodeados del fervor patrio, nos gustara o no. La "trigarante faja", como la llamaba López Velarde, estaba en todas las esquinas, junto con los clásicos carritos de banderas, los anuncios de la "hotline del Bicentenario" y las recomendaciones para que nos uniéramos a la fiesta nacional viendo el gran desfile conmemorativo del 15 de septiembre...desde nuestras casas.
Por supuesto que yo no les hice caso, como los cientos de miles de personas que abarrotamos Paseo de la Reforma y la Plaza de la Constitución. A lo lejos escucho en este momento que en alguna escuela de mi barrio están haciendo honores a la bandera, y eso me recuerda todo lo que pasé en ese 15 de septiembre.
Por diversas razones que no viene al caso comentar, estuve en la Plaza por la mañana y en Reforma por la tarde y pude ver el desfile desde el inicio.
Como a la mayoría de la gente que estaba a mi alrededor, tuve sentimientos encontrados mientras pasaban los carros alegóricos. Algunos me gustaron, otros no los entendí sino hasta que ví la repetición del desfile por televisión. Esas figuras de bronce que tenían algo así como una gigantesca pluma en la cabeza me parecieron totalmente incomprensibles, hasta que, al verlas nuevamente y desde lejos, comprendí que formaban parte de un Quetzalcóatl bastante posmoderno.
Los carritos de banderas, de camotes y de basura me parecieron un truco bastante barato y "chambón", hasta que pensé que era una forma de dar otra visión sobre México, que no cayera en los estereotipos "heróicos" de siempre. En lugar de presentar a los héroes que nos dieron patria, los organizadores prefirieron apelar al México cotidiano pero inmensamente rico en su cultura.
Sin embargo, y por lo que yo ví ese día, lo que más emocionó a los presentes fue aquello que remitía directamente a la cultura popular. Más que los malabares a caballo, los skateboards o los nopales que surgían de las cabezas de cientos de voluntarios, el público se emocionó al ver a los charros, a los jaraneros, a los veracruzanos zapateando, a las hermosas oaxaqueñas y a las parejas que bailaban danzón.
El concierto de Alondra de la Parra me hizo llorar. Adoré a Lila Downs y su música tradicional/moderna mexicana, me encantaron los fuegos artificiales, ví la ceremonia en el Zócalo desde una pantalla instalada en el cruce de Reforma e Insurgentes, me sentí incómodo cuando los que estaban a mi lado abuchearon a Calderón (pero era obvio que eso iba a ocurrir) y me retiré temprano para ver desde mi casa a Eugenia León y a Los Tigres del Norte.
Es todavía muy pronto para hacer un balance objetivo sobre lo que nos deja este año bicentenario. Pero me parece que ya podemos señalar algunos puntos: el primero es la incapacidad del gobierno actual para congregar a todos los sectores de la sociedad en un gran festejo bicentenario que también sirviera para replantearnos nuestro pasado y proponernos un nuevo futuro. A pesar de todos los esfuerzos de la Comisión Organizadora, este año bicentenario se ha caracterizado por la falta de un discurso que uniera realmente a todos los mexicanos.
El desánimo ha estado presente en este Bicentenario. Parece que, a la luz de tanta pobreza y tanta violencia, el gobierno mexicano tendría que limitarse a organizar un breve coctel en Palacio Nacional y que Televisa retransmitiera "La Virgen que forjó a una Patria". Ya me imagino el escándalo nacional que se hubiera armado si no hubieramos tenido fiestas del Bicentenario. Yo sigo inconforme con muchas cosas que ha hecho (y que no ha hecho) el gobierno en este año, pero no comparto esa visión pesimista que nos dice que no hay nada que celebrar. Yo por lo menos tengo 200 buenas razones (mis razones) para hacerlo, y pienso que en dos siglos a este país le han ocurrido muchas cosas muy buenas, las cuales no habrían pasado sin la independencia.
Ante la falta de un proyecto gubernamental, aparecieron muchos proyectos sociales: libros (a pasto), programas de TV y radio, conferencias, obras de teatro, pinturas, artículos en la prensa, revistas, blogs...todo esto nos demuestra que sí hay un interés por lo que ocurrió hace 200 años y de qué manera influye actualmente en nosotros. Es obvio que muchos de esos proyectos tienen un interés meramente mercantil, (como las latas de frijoles con la cara de Morelos, o esa versión en píldoras de la Independencia llamada "Gritos de Muerte y Libertad"), pero en otros casos se palpa el interés por brindar al público una visión equilibrada y madura sobre la historia de México.
Un querido maestro mío dijo hace unos meses que, para el gobierno mexicano era relativamente fácil manejar un discurso oficial sobre la independencia, si reducía a ésta a ser un movimiento filocatólico. Hidalgo con la imagen de la Virgen de Guadalupe, Morelos en "Los sentimientos de la Nación" proponiendo que la religión Católica fuera la única en el país, Iturbide haciéndolo oficial al instaurar el Primer Imperio Mexicano son prueba de eso.
Lo difícil viene ahora, ya que el próximo 20 de noviembre festejaremos el primer centenario de la Revolución Mexicana. De esa Revolución que tuvo muchos objetivos políticos y sociales, pero que también permitió la creación de la "Familia Revolucionaria", mejor conocida como Partido Revolucionario Institucional.
Alonso Lujambio, secretario de Educación Pública y encargado de estas conmemoraciones, prometió hace unos días que los festejos por el inicio de la Revolución serán igual de impactantes como los que acabamos de vivir.
Queda poco tiempo, pero creo que de aquí a noviembre veremos crecer la polémica sobre qué fue la Revolución Mexicana y qué le debemos los que ahora habitamos este país.
Por lo pronto, yo iré a tomarme un Alka-Seltzer para reanimarme luego de este megapuente patrio, y para seguir navegando por nuestra maravillosa y conflictiva historia nacional.

PD:
Mientras estaba en el desfile del 15/09, pensé: "hace 100 años, los que vieron el desfile no sabían que se estaban despidiendo del siglo XIX y que pronto la vida cambiaría dramáticamente. ¿Acaso nosotros nos estaremos despidiendo también de algo sin saberlo?" En ese momento me puse a llorar.

3 comentarios:

  1. Hola:

    Respecto a lo que dices sobre lo que prometió Lujambio para el 20 de noviembre...mmm...más le vale que así sea, porque el dinero que se gastó en estos festejos bicentenarios, mucha gente pensamos -sí, me incluyo- que, o se mal gastó, o se inflaron los costos. Digo, no es que todo haya estado mal, pero un ejemplo es el famoso coloso: ha dado pie a buscar a quién se parece, y total que no representa a nadie...tanto, que ya sabrás que es el "NiNi". Con lo demás...tienes razón, la historia de nuestro país es tan bonita, que no habría porqué no festejarla pues gracias a eso, estamos aquí. Saludos y buen día.

    Atentamente,

    Guadalupe Cristina Raya García.

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  2. yo miré en la televisión cuando desfiló el ejercito mexicano con sus armas de alto poder (ver hace recordar lo que hicieron en Chiapas del 94)y muestra lo organizado que estan ante cualquier situación.
    Lo que me llama la atención del desfile, la participación de potencias como China, Rusia entre otros. Estuvo bonito, pero analizando la situación, en lo personal representa algo más que eso. Como estudiante de bachillerato rural, me gustaría que en el blog nos expliquen, y porfa, den su opinión histórico actual sobre qué representa para México la participación de potencias extranjeras en el desfile. Es importante para mi.

    Por su atención, gracias.

    George Bush Hdez. Igó.

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  3. Creo que tienes razón, mucha gente sentimos que un cambio se acerca y tal vez con estas celebraciones patrias nos estamos despidiendo del viejo orden para entrar a uno nuevo.

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