16 de agosto de 2011

Hidalgo y su primera proclama


La semana pasada fue presentado el libro Hidalgo, maestro, párroco e insurgente. Este libro, escrito por el historiador Carlos Herrejón, promete ser la mejor biografía jamás realizada sobre el cura de dolores. Herrejón, miembro de El Colegio de Michoacán, es uno de los mayores conocedores de la Independencia de México, y seguramente su nuevo libro nos permitirá entender mejor a uno de los personajes más interesantes (y complejos) de nuestra historia.
Queda la promesa de reseñar próximamente el libro en este blog. Por lo pronto (y para calentar ánimos), los dejó con un documento del padre Hidalgo: es una de las primeras proclamas que lanzó el ejército independentista, semanas después de haber salido del pueblo de Dolores.

El día 16 de septiembre de 1810, verificamos los criollos en el pueblo de Dolores y villa de San Miguel el Grande, la memorable y gloriosa acción de dar principio a nuestra santa libertad poniendo presos a los gachupines, quienes para mantener su dominio y que siguiéramos en la ignominiosa esclavitud que hemos sufrido por trescientos años, habían determinado entregar este Reino Cristiano, al hereje Rey de Inglaterra, con [lo] que perdíamos nuestra Santa Fe Católica, perdíamos a nuestro Legítimo Rey Don Fernando Séptimo, y que estábamos en peor y más dura esclavitud.

Por tan sagrados motivos, nos resolvimos los criollos a dar principio a nuestra sagrada redención, pero bajo los términos más humanos y equitativos, poniendo el mayor cuidado para que no se derramara una sola gota de sangre, ni que el Dios de los Ejércitos fuera ofendido.

Se hizo, pues, la prisión, conforme a los sentimientos de la humanidad que nos habíamos propuesto; sin embargo, de que el vulgo ciego saqueó una tienda, sin poder[se] contener ese hecho tan feo y que estábamos sumamente adoloridos.

Se prendieron a todos, menos a los señores sacerdotes gachupines; se pusieron en una casa cómoda y decente todos los presos, y se les está atendiendo en los caminos en donde andan con nuestro Ejército, en cuanto es posible, para su descanso y comodidad.

Este ha sido el suceso; y nuestros enemigos quieren pintarlo con negros colores en horror e inequidad, con el fin de atraer a su partido a nuestros propios hermanos criollos, con el detestable pensamiento de que nos destruyamos y matemos criollos con criollos, oprimiéndonos con su dominio y quitándonos nuestra sustancia y libertad.

Pero, ¿qué criollo por malo que sea, ha de querer exponer su vida contra sus hermanos, sin esperanza alguna más, de seguir al cautiverio, quizá peor del que hasta aquí hemos tenido?

Nuestra causa es santísima, y por eso estamos todos prontos a dar nuestras vidas.

¡Viva nuestra Santa Fe Católica!

¡Viva nuestro amado Soberano el Señor Don Fernando Séptimo, y vivan nuestros derechos, que Dios [y] la naturaleza nos han dado!

Pidamos a su Majestad Divina la victoria de nuestras armas, y cooperemos a la buena causa con nuestras personas, con nuestros arbitrios, y con nuestros influjos, para que el Dios Omnipotente sea alabado en estos dominios, y que ¡viva la Fe Cristiana y muera el mal Gobierno!


1 comentario:

  1. ¿Y si está documentado históricamente lo que se afirma en este documento? No se mucho de historía, pero según sabía, mataron a muchos españoles. Saludos,

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