16 de mayo de 2011

Una élite con prepotente existencia moral.



Hace casi 24 horas comenzaron oficialmente las campañas para gobernador en el Estado de México. Durante 45 días el Estado se llenará de pancartas, banderitas, mítines, spots, entrevistas, visitas, promesas y más promesas por parte de los candidatos. Los diarios señalan que el priísta Eruviel Ávila tiene casi ganada la gubernatura, ya que se coloca muy por encima de sus competidores Felipe Bravo Mena y Alejandro Encinas.
Al parecer, el PRI retendrá el Estado de México, luego de que hace pocos meses, la elección de Ávila como candidato anunciara una posible ruptura dentro de la élite política mexiquense. No eran pocos los que apostaban que un tercer Alfredo del Mazo (en este caso, Maza) ocuparía la gubernatura, y hubo quien creyó que, de no ser así, se produciría un rompimiento en el PRI estatal que garantizaría el triunfo de la oposición, por primera vez en la historia del Estado de México.
Sin embargo, esa hecatombe no ocurrió. Del Mazo Maza y los otros competidores se disciplinaron y aceptaron sin reparos el triunfo de Eruviel Ávila, en un gesto que nos remite al nacimiento de la élite política del Edomex, y a uno de los mitos más famosos de la historia política de México: la existencia del "Grupo Atlacomulco".
Durante mucho tiempo se ha dicho que el Estado de México ha sido gobernado por un grupo de políticos, (a la sombra de algún líder), quienes han obedecido sin chistar las órdenes que se les imponen para conservar sus privilegios politicos.
Sin embargo, las transformaciones que ha sufrido el sistema político mexicano desde que el PRI perdió las elecciones federales del año 2000, han hecho que la idea de una "familia atlacomulquense" se desdibuje, y que en realidad exista una red de grupos políticos los cuales, a diferencia de otros estados de la república, tuvieron la capacidad de disputarse pacíficamente el poder y de trabajar unidos para mantenerse en la cima.
Como señala el investigador Rogelio Hernández Rodríguez, las élites políticas mexiquenses tuvieron que colaborar entre sí a partir del gobierno de Manuel Avila Camacho para evitar que el centro se les impusiera y con ello perdieran todo el poder.
La cercanía con el Distrito Federal, señala Hernández Rodríguez, ha provocado que la élite mexiquense mantenga una cierta armonía para repartirse el poder, además de que forma sus propios cuadros para renovarse constantemente, aunque para ello tengan que ceder su lugar aquellos que parecerían "herederos naturales", como es el caso de Alfredo Del Mazo Maza.
Revisando la historia política del Estado de México, Hernández Rodríguez llega a la conclusión de que nunca ha existido un "Grupo Atlacomulco", o por lo menos no como siempre se le ha imaginado.
La historia política "moderna" del Estado de México comienza en 1942, cuando Isidro Fabela es nombrado gobernador sustituto a solicitud del presidente Manuel Avila Camacho, quien buscaba quitarle poder a la vieja élite gobernante, la cual ya había provocado la muerte del anterior gobernador.
Fabela llegó con el respaldo presidencial, pero sin un grupo político para gobernar el Estado. Tuvo que crearlo rápidamente, y para ello utilizó a varios amigos y parientes, todos provenientes de Atlacomulco. Fabela también se acercó a los adolescentes, con la intención de crear una nueva generación política que se comportara de forma diferente a las anteriores.
De ese "Grupo Atlacomulco original" surgió el siguiente gobernador: Alfredo del Mazo Vélez, impulsado por su tío Isidro Fabela. Sin embargo, el presidente Avila Camacho envió a Fabela al extranjero poco después, lo que impidió que éste se convirtiera en el verdadero cacique del estado.
Por su parte, el presidente Miguel Alemán acabó con este grupo al imponer como su candidato a Salvador Sánchez Colín, quien también era de Atlacomulco, pero no tenía ninguna relación con Isidro Fabela.
Sin embargo, Fabela sentó las bases para que surgiera una nueva generación de políticos que, a pesar de formar diferentes grupos, rápidamente entendieron que para sobrevivir necesitaban apoyarse mutuamente, y que la competencia por el poder no tenía que terminar con la destrucción de los vencidos.
Otros gobernadores como Gustavo Baz y Juan Fernández Albarrán se sostuvieron gracias al apoyo proveniente del centro. Aunque no formaban parte de los "herederos de Fabela", tampoco crearon sus propios grupos. Los distintos sectores políticos del Estado de México estaban desconectados, a pesar de que mantenían una relación armoniosa.
Fue hasta 1969 que llegó a la gubernatura alguien con la capacidad de unificar a la élite mexiquense: Carlos Hank González.
Nacido en Santiago Tianguistenco en 1927, Hank fue quizá el primer gobernador que buscó ese puesto (ya que los anteriores llegaron impuestos por el centro); para lograr el cargo, Hank creó un nuevo grupo político a su alrededor, además de que se creó una imagen de político capaz y profesional, lo que le valió el reconocimiento del presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Durante su sexenio, Hank logró consolidarse como una de las figuras más importantes de la política mexicana y no sólo mexiquense. A pesar de que el presidente Echeverría estaba a disgusto con él por haber permitido la realización del Festival de Avándaro en 1971, Hank pudo conservar su prestigio y convertirse en Regente de la Ciudad de México durante el gobierno de José López Portillo.
Hernández Rodríguez asegura que Hank había planeado su carrera política y buscó todos los apoyos necesarios para obtener la presidencia de la república. Sin embargo, varios obstáculos se alzaron en su camino. Primero, como hijo de alemán, no podia ser candidato a menos que lograra una reforma constitucional, lo cual fue imposible. Al mismo tiempo, el gobernador Jorge Jiménez Cantú (que Hank había dejado en su lugar) no pudo ayudarlo a conseguir su meta; y el ganador, Miguel de la Madrid prefirió minar el poder del grupo de Hank González, lo que lo obligó a pasar el sexenio en la "congeladora política".
Fue entonces cuando llegó el segundo Alfredo del Mazo (González) a gobernar el Estado de México, por imposición del presidente De la Madrid. Para este entonces, los municipios cercanos al Distrito Federal (Chalco, Ciudad Nezahualcóyotl, Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán y otros) habían crecido económicamente y estaban -políticamente hablando- más cerca de la Capital del país que de la capital del Estado -Toluca.
Eso provocó la creación de un nuevo grupo político en el Estado de México, que empezó a exigir más espacios a los viejos gobernantes de Toluca, lo que causó fricciones entre la élite, quienes no pudieron evitar que la oposición tuviera más votos que Carlos Salinas de Gortari en las elecciones de 1988.
El entonces gobernador, Mario Ramón Beteta, tuvo que renunciar al cargo, y en su lugar quedó Ignacio Pichardo Pagaza, quien se encargó de reconciliar a la élite mexiquense, lo que permitió el triunfo de Emilio Chuayffet en 1993.
Después siguieron César Camacho Quiroz y Arturo Montiel. El segundo provocó otra crisis dentro del Estado al buscar la candidatura del PRI a la presidencia, proyecto que se vino abajo gracias a las trampas del entonces presidente del partido, Roberto Madrazo Pintado.
El actual gobernador, Enrique Peña Nieto, es visto por muchos como el futuro presidente de México. No hay forma de saber si lo logrará; mucho dependerá de que la élite mexiquense pueda negociar con los otros grupos que forman el PRI. Lo cierto es que hasta el momento ha contado con un gran apoyo por parte de los medios de comunicación, y si logran que el Partido mantenga la cohesión que mostró para elegir a Eruviel Ávila como candidato en el Estado de México, quizá tengan muchas probabilidades.
Como señala Hernández Rodríguez, el "Grupo Atlacomulco" no existe, pero en su lugar hay una élite política temerosa de perder su poder ante el Distrito Federal, por lo que logró, a través de su historia, conciliar sus diferencias, crear sus propios cuadros políticos y poner el triunfo colectivo por encima de los intereses particulares.
El himno del Estado de México comienza diciendo que éste es "una prepotente existencia moral". No tengo idea qué significa éso. Pero quizá es algo como ese "Grupo Atlacomulco"; una imagen de algo que no existe, pero que ha logrado congregar el interés de muchos analistas y periodistas durante décadas. Ahora que comienza la campaña electoral en el Estado de México, es buen momento para repasar la historia del grupo que está en el poder, para darnos cuenta de por qué tiene muchas posibilidades de quedarse al frente de esa entidad durante varios años más.

PD: y por si alguien no me creyó, nomás escuchen:




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