9 de mayo de 2011

Mis impresiones de la marcha.




Si algo me gusta de ir al Zócalo es oir cuando las campanas de Catedral se mezclan con los tambores de los concheros que allí danzan. En ese momento parece como si el pasado nos estuviera hablando y quisiera hacerse presente en el breve instante que nos ha tocado por vida. Eso escuché ayer, al asistir a la marcha nacional convocada por el poeta Javier Sicilia.
Debo aclarar que no acudo a muchas marchas porque no me gustan. Sin embargo, asistí a esas dos manifestaciones anteriores en las que el Zócalo se desbordó (literalmente) con esa gente vestida de blanco que se atrevía a exigirle al gobierno que la protegiera de la delincuencia.
Llegué al Palacio de Bellas Artes a eso de la una. No ví tanta gente como en mis dos experiencias anteriores. Noté que, si bien había muchas personas que al parecer marchaban por vez primera, eran mayoría los que tenían experiencia. Las fuentes que están frente a Bellas Artes tenían el agua pintada de rojo; todo se concentraba en sólo dos colores que opacaban a los demás: el rojo y el blanco. Blanco de las cartulinas en las que se leían muchas mentadas de madre a Felipe Calderón, y una enorme manta roja que tapaba el acceso a la calle cinco de mayo, un gigantesco telón por el que pasó la marcha que días atrás había salido de Cuernavaca.
Fuí a la marcha por dos razones: primero, porque yo también estoy hasta la madre de tanta muerte e impunidad; pero también fuí porque tenía curiosidad de saber si esta nueva marcha congregaría a tantas personas como las otras dos.
Entré al Zócalo horas antes de que lo hiciera la comitiva, lo que me permitió observar con calma lo que ocurría en la plaza. Lo primero que me desagradó fue ver una enorme manta del Sindicato Mexicano de Electricistas dándole la bienvenida a los caminantes de Cuernavaca. Se supone que era una marcha ajena a cualquier otro movimiento, pero ¿cómo evitarlo si nuestro Zócalo es un manifestódromo donde podemos encontrar cualquier tipo de queja?
La plaza estaba llena a la mitad, porque el resto lo ocupaban varias enormes lonas donde la gente se guarecía del sol. Pero la mayoría de los asistentes estaban en la esquina derecha de la Catedral, donde habían armado un escenario en el que pasaron muchos oradores antes de que llegara la columna con Javier Sicilia. Escuchamos quejas, denuncias, insultos, exigencias y solicitudes; todas válidas, creo; ninguna reprochable, me parece (salvo una, que acusaba a Isabel Miranda de Wallace de haber traicionado al movimiento); pero en ningún instante escuché lo que yo esperaba.
Los gritos de "muera" o "fuera Calderón" encendían a los presentes. Pero jamás escuché un insulto hacia los Zetas, el Chapo Guzmán, el Cártel del Golfo o la Familia Michoacana. Todo el enojo estaba concentrado en el gobierno que, o ha fallado en proteger a los ciudadanos, o al parecer se ha coludido con el crimen organizado para formar una de las cleptocracias más grandes del mundo.
Cuando al fin llegó el contingente de Javier Sicilia, los organizadores sufrieron para lograr que la gente que estaba del lado izquierdo del escenario los dejara entrar. Eso retrasó el evento, mientras a mi alrededor había muchas personas con pancartas diversas (como la que ilustra este post).
Primero leyeron los seis puntos de un pacto que se firmará el 10 d
e junio en Ciudad Juárez, los cuales en esencia dicen:

1. Exigimos esclarecer asesinatos y desapariciones y nombrar a las víctimas.

2. Exigimos poner fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana.

3. Exigimos combatir la corrupción y la impunidad.

4. Exigimos combatir la raíz económica y las ganancias del crimen.

5. Exigimos la atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social.

6. Exigimos democracia participativa.

La plaza guardó silencio cuando Javier Sicilia comenzó a leer su discurso. Pero antes estalló en júbilo cuando éste
-de forma totalmente espontánea y sin antes haberlo consultado con los otros organizadores- solicitó la renuncia de Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública.
En una hermosa pieza de oratoria, Sicilia explicó las razones que le llevaron a caminar desde Cuernavaca hasta la Ciudad de México. Señaló que el país ha perdido la dignidad debido a la conjunción de diversos factores, como el autoritarismo, la partidocracia, la corrupción y la búsqueda por parte del Poder Ejecutivo de una solución al problema que no tome en cuenta la opinión de la sociedad.
Pero la base del problema está en un enfoque global y mercantilista de las drogas, lo que ha creado dos enormes monstruos: uno que consume y otro que pretende destruir al primero.
Ante este conflicto, Sicilia propone a la sociedad que se una para exigirle a las autoridades que combatan el problema, si no lo hacen:

"no aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado y cooptado al usar los instrumentos de éste para erosionar las mismas esperanzas de cambio de los ciudadanos".

Luego del discurso de Javier Sicilia hubo otros oradores, pero ya para ese momento la gente comenzó a salir de la plaza.
No fue una gran manifestación como las dos anteriores, su capacidad de convocatoria fue mucho menor. Parecía una concentración como muchas otras, en las que el presidente y su gabinete es insultado a cada momento y se exigen muchas cosas sin tener la capacidad de obligar al gobierno a llevarlas a cabo.
Especialmente, me pareció muy peligroso que nadie mencionara al crimen organizado. Ese discurso que equipara a la guerra de Calderón con el terrorismo de Estado y ni por un momento cuestiona a la delincuencia organizada no creo que pueda llevarnos a nada bueno.
Parece que hemos entrado en un círculo de sangre-marchas-sangre-marchas. De ningún modo creo que haya sido un error la manifestación de ayer y espero fervientemente que logre su cometido, puesto que ello nos beneficiaría a todos.
Pero me preocupa que se vuelva una anécdota más, y que en poco tiempo una cuarta marcha regrese al Zócalo para exigir todo aquello que no lograron las tres anteriores.
Al salir del Zócalo, dos cosas llamaron mi atención: en una esquina, un señor dialogaba con una chica. El señor traía una pancarta en la que le pedía "por favor" a los delincuentes que dejaran de cometer tantos crímenes.
En la calle siguiente, un niño pedía monedas mientras deleitaba a la concurrencia cantando "Pacas de a kilo".
Como decía Tomás Mojarro, "en todo ésto hay una gran moraleja, ¿pero cuál?".

3 comentarios:

  1. A mi también me dió coraje que la marcha estuviera desvirtuada por grupos que nada que ver. La marcha silenciosa se volvió escandalosa.
    Espero alguna vez poder ver una real y verdadera marcha silenciosa como la que me cuentan quienes estuvieron presentes en aquél gran movimiento del 68. Una marcha como esa sí que debe impresionar a propios y ajenos.
    Saludos

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  2. Creo que la ausencia de críticas sólidas al problema que se está enfrentando México se explica por el desconocimiento y la manipulación a la que estamos sujetos, y sólo tenemos una visión parcial hacia lo inmediato, me refiero al momento cumbre de la política mexicana, la Sucesión Presidencial. Las piezas se empiezan a mover y acomodar en favor de ciertos grupos, por ello que las criticas se centren en ciertos temas -como la capacidad de Calderón y en especial del PAN para liderar al país, sostenido en una "guerra contra el narcotráfico"-, haciéndonos olvidar de todo el panorama.

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  3. Leer el texto, senti como si estuviera viendo una pe.li, que emoción disfrutar cada renglon. En realidad nunca he estado en el Zócalo,pero durante la lectura fue como si estuviera ahi al tanto de aquella manifestación. =)

    Gracias

    Silverio Daniel Gómez

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