17 de enero de 2011

34,612 muertos (y contando) de una guerra que no existe.


La semana pasada, esta imagen causó un gran revuelo en los periódicos y redes sociales. El caricaturista Rius tuvo la idea de convocar a otros colegas moneros, periodistas y gente interesada para manifestarse contra lo que algunos creemos que es una carnicería: la guerra (o lucha, según Felipe Calderón) contra el crimen organizado. Yo entiendo que haya quien considere que la única forma de vencer a los cárteles de la droga (y negocios colaterales) sea aplicando contra ellos toda la fuerza del ejército mexicano. Sin embargo, me impresionó la manera agresiva que muchos usaron para sostener esa opinión. Leí muchos comentarios en Twitter en los que aquellos que pusimos esta imagen en nuestro avatar fuímos calificados, por lo menos, de imbéciles y hasta de traidores a México. Se nos dijo que éramos una punta de retrasados mentales porque no estamos de acuerdo con la política aplicada por el gobierno federal y que era, por lo menos sospechosa, nuestra crítica al Estado en lugar de apoyarlo para exterminar (con esa palabra) a los criminales.
También durante esa semana se llevó a cabo uno más de los Diálogos por la Seguridad a los que de tiempo en tiempo convoca el presidente Calderón. La nota ese día fue la respuesta que el presidente dio al comentario de Miguel Treviño de Hoyos, director del Consejo Cívico e Institucional del estado de Nuevo León, quien le pidió un liderazgo más firme para controlar a las autoridades estatales y municipales en esta guerra que estamos viviendo.
Dijo el presidente Calderón: Por otra parte. Yo no he usado y sí le puedo invitar a que, incluso, revise todas mis expresiones públicas y privadas. Usted dice: Usted ya eligió el concepto de guerra. No. Yo no lo elegí.

La verdad es que sí lo ha usado. El periódico REFORMA lo comprobó al día siguiente, como hicieron otros medios.
Aunque no lo hubiera dicho, es inconcebible a estas alturas del conflicto creer que casi 35 mil muertos son producto de la delincuencia común. Y un ejército no sale a las calles a detener carteristas.
Le guste o no a Felipe Calderón, México vive una guerra. El año pasado fallecieron en hechos violentos 15,273 personas. Según Alejandro Poiré, secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, 2010 fue el año más violento en la historia nacional. Si creemos en su apreciación, quiere decir entonces que ni el levantamiento de 1913 contra Victoriano Huerta, ni la gran guerra civil de 1915-1916 fueron tan sangrientas como el año que terminó hace apenas unos días.
Dice Poiré que la mitad de esas muertes se concentraron en tres estados: Chihuahua, Tamaulipas y Sinaloa; y que los cinco municipios más peligrosos de México son Ciudad Juárez, Culiacán, Tijuana, Chihuahua y Acapulco. Sin embargo, como dice José Antonio Ortega, presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, estos datos podrían ser erróneos y otros municipios deberían ocupar esos lugares, pero en varios estados del país la información se falsifica o se oculta.
"Acepto voces discordantes, pero diganme entonces cómo", dice el presidente Calderón cada vez que su estrategia es cuestionada. Y es que el problema no está en querer aplicar la justicia para terminar con los actuales grupos criminales que cada día se hacen más violentos. Es obvio que los malhechores son los hijos de puta, como los llama Héctor Aguilar Camín.
El problema es más profundo, y todo parece indicar que la solución violenta a la que ha recurrido el gobierno mexicano no es el remedio. Tan sólo hoy escuchaba a Carmen Aristegui, quien asegura que el índice de ocupación de habitaciones de hoteles en la ciudad de Morelia ha descendido un 70%.
7 de cada 10 habitaciones de hotel están vacías en Morelia debido a la inseguridad. Decía Sun Tzu que cuando un ejército emprende largas campañas, no bastan los recursos del Estado. La economía es la primera en sufrir cuando una guerra se alarga, y si recordamos los documentos del Departamento de Estado que Wikileaks ha filtrado desde el año pasado, en ellos se dice que el gobierno mexicano le apuesta a una guerra larga para acabar con los cárteles. Un craso error.
¿Qué está en juego en esta guerra? (puesto que así hay que llamarla, en vista de los muertos que se amontonan día con día, de las regiones tomadas por el enemigo, de las carreteras que ya no son circulables y de los problemas económicos que está generando en muchos lugares). Fernando Escalante Gonzalbo publicó en el número más reciente de la revista Nexos un interesante artículo sobre la violencia en México en los últimos años. Luego de cotejar las actas de defunción que tiene catalogadas el INEGI, se encontró fundamentalmente con dos sorpresas:
uno, la tasa de homicidios en el país se disparó en 100% en los últimos dos años (tomando en cuenta que el análisis de Escalante sólo cubre hasta 2009).
y dos: las muertes crecieron en aquellos lugares donde hay grandes operativos militares y policiacos.
Si bien hay zonas del país que tradicionalmente han sido muy peligrosas (como el norte y los estados de Michoacán y Guerrero), la violencia de años anteriores no se compara con lo que ahora viven esas regiones. Y hay zonas del país que en relativamente poco tiempo pasaron de ser pacíficas a convertirse en infiernos. Ciudad Juárez es el mejor ejemplo.
Escalante se dio cuenta también que el índice delictivo sube dramáticamente en aquellas zonas que son ocupadas por el Ejército y la Policía Federal con la intención de pacificarlas. Es obvio pensar que la violencia sube precisamente porque los cárteles están defendiendo sus plazas ante el avance de las fuerzas federales, pero el autor duda que así sea. Fundamentalmente porque, y creo que ésto es muy importante, Escalante considera que tenemos una percepción errónea de este problema, en el que dividimos tajantemente entre "los buenos" y "los malos", en este caso las fuerzas federales y los cárteles.
Para Escalante, hay muchos más personajes que participan en este juego macabro, como algunos políticos, algunos empresarios, otros grupos dentro del crimen organizado y varios más, que durante años se habían repartido el pastel en sus regiones, hasta que llegaron los cárteles de la droga con la intención de imponer su ley.
Al principio, habrían intentado negociar con ellos, pero cuando Felipe Calderón lanzó alEejército a perseguirlos, la frágil estructura se rompió puesto que el ataque a los cárteles también afecta a otros negocios dentro de las regiones.
Al querer imponer el Estado de Derecho desde el centro, "a la mala" como dice Escalante, las fuerzas federales pasaron por encima de las policías municipales, quienes, a pesar de su falta de preparación, servían como puente para que los distintos grupos criminales de cada región negociaran entre sí y mantuvieran sus cotos de poder.
Hay que recordar que, al término de la Revolución, el nuevo Estado prefirió negociar con otros poderes para mantenerlos sometidos, aunque nunca se planteó seriamente acabar con ellos. Era más conveniente tenerlos de su lado y darles cierta libertad para hacer sus negocios, a cambio de que el orden no se rompiera. Cualquier alteración grave era exterminada violentamente.
Si hacemos caso a Escalante, entonces podríamos pensar que Calderón se está jugando la vida al atacar no sólo a los cárteles, sino también a las estructuras regionales de poder quienes se ven amenazadas por las matanzas que ocurren en sus zonas, esas estructuras que viven fundamentalmente de una de las mayores enfermedades morales de este país: la corrupción.
Sin embargo, también podemos notar que atacar directamente a estas estructuras, creyendo que sólo es necesario lanzar a las fuerzas federales sobre ellas, no va a pacificar al país. Al contrario, la violencia crecerá cada vez más.
Dice Calderón que él está dispuesto a escuchar otras propuestas para acabar con este problema. Ojalá en serio lo haga, porque es obvio que una campaña muy larga y muy violenta, como la que ha llevado a cabo hasta ahora, no terminará con este problema. Pacificar al país necesita de más inteligencia y menos violencia, de más estrategia y menos balas, de más control sobre las fuentes económicas de los cárteles en lugar de esos grandes operativos para cazar capos que rápidamente son reemplazados.
Ojalá Calderón pueda ver que cuando exigimos que termine la violencia, de ningún modo estamos pidiendo que pacte con el crimen organizado. Lo que exigimos es aplicar otras soluciones (algunas de muy largo plazo) que permitan a este país salir del atolladero en el que estamos metidos. Porque al presidente le queda menos tiempo en el cargo, mientras que para el resto del país, la noche sangrienta puede alargarse mucho, mucho más.



4 comentarios:

  1. Es triste que dos manifestaciones en favor de la paz, como la marcha en protesta por los feminicidios y el oponerse a la violencia en general, sean tomados como un ataques frontales al gobierno o como expresiones de oscuros intereses partidistas. Sólo queremos que termine la violencia, ¿hay algo más natural y sensato que desear la paz?

    Un abrazo, Arno,

    Ivette Silva Corona

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  2. la solución es tan sencilla como LEGALIZAR LAS DROGAS.

    Todo lo demas es pantomima de los gobiernos el principal el de EE UU.

    Es hora de desenmascarar esta PUÑETERA FARSA.

    HAY MUCHO DINERO EN JUEGO POR ESO EXISTE EL NARCOTRÁFICO.

    Que guerra ni que cojones....

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  3. Saludos Arno:

    Parece que los gobernantes mexicanos sienten suya aquella ignominiosa frase de George W. Bush: "están conmigo o contra mí". Se puede estar contra la supervivencia del crimen organizado, pero no por ello se debe dejar de criticar la estrategia del gobierno, sobre todo si ha resultado tan desastrosa.

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  4. Lo cierto es que recuerda mucho a la Colombia de finales de los ochentas, cuando el narcotráfico tenía en vilo a Bogotá, Medellín y Cali, tres de las ciudades más importantes del país... hoy pareciera que esto no fuera un problema, e incluso sacan al aire telenovelas y películas que en buena medida hacen una oda al estilo de vida del narco Colombiano (el traqueto)... necesariamente la situación en México debería estabilizarse, pero esto no es tan sencillo como parece, no es sólo "vamos a combatirlos frontalmente" y ganar en términos militares para generar un ambiente político de tranquilidad, la cuestión es terminar con el problema de raíz, quitarle el sentido a un negocio tan lucrativo legalizándolo, regulándolo y tasándolo, si te quieres drogar es tu problema, igual que si te quieres emborrachar a diario o fumar hasta matarte, pero no es lógico que los estados asuman una posición "antidrogas" que mancha de sangre y corrupción cuanto toca.

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