26 de noviembre de 2010

"Con leyendas tan picantes..."


Nos miran semidesnudas invitándonos a comprarlas. En sus sonrisas y sus cuerpos encontramos el placer de lo prohibido y la satisfacción de poseerlas. Nos dan su belleza a cambio de nuestro dinero y nos dejan solos pero satisfechos. ¡No lo nieguen, caballeros, ustedes también voltean la mirada para observar las portadas de las revistas de encueradas!
Son una institución en la industria periodística mundial, y uno de los mejores negocios de cualquier empresa editora. Todo mundo las rechaza, pero a todos nos encanta por lo menos echar ojo a las fotos que nos ofrecen. Siempre decimos que "esas revistas tienen grandes artículos de opinión, y las entrevistas que hacen a las personalidades de la política y el arte son muy interesantes", pero lo primero que hacemos es disfrutar contemplando a las guapas que vienen en páginas interiores.
Hoy es la Revista H, pero antes estuvo Buenissima, Caballero, Vea, Penthouse y Playboy (la cual ha pasado por altibajos en nuestro país). Son revistas de toda la vida, imprescindibles para los muchachitos de primaria, secundaria y preparatoria, antes de que su consumo fuera gratuito debido al internet.
Todas tienen una historia parecida: un empresario de la industria periodística consigue un stock de fotos con chicas semidesnudas y comienza la revista, donde publican con seudónimo sus amigos (algunos de ellos grandes periodistas), la revista se llena de publicidad "para hombres" (cartelera de teatros y cines "frívolos", bares, restaurantes, plazas de toros, frontones, productos para mejorar la virilidad, juguetes eróticos, pelucas para los calvos y cosas así), el negocio comienza a crecer, se vuelve un éxito pero tarde o temprano cierran porque la "Liga de la Decencia" o alguna asociación parecida se escandaliza ante los desnudos que venden estas revistas. Después de un tiempo el ciclo vuelve a comenzar.
De todo esto nos habla Consolación Salas, en su artículo "Las revistas masculinas a principios del siglo XX", publicado en el libro La prensa en México, 1810-1915, coordinado por Laura Navarrete Maya y Blanca Aguilar.
Pues resulta que nuestros tatarabuelo porfirianos también compraban estas revistas, ya que vivían en una sociedad donde imperaba la doble moral. Por un lado todos eran decentes y católicos, y por el otro le daban vuelo a la hilacha divirtiéndose con el sexo.
Los caballeros "con ganas de pasarla bien", acudían a diversos restaurantes, cantinas, teatros frívolos y casas de cita, donde podían reunirse con alguna damisela que quisiera "acompañarlos". En estos lugares también podían comprar postales, revistas y libros pornográficos importados de Europa, y cuando el cine llegó a México, también podían adquirir las primeras cintas "XXX" que se hicieron en esa época.
Estos caballeros leían (a escondidas, obviamente) diversas revistas, como "Frégoli", "Cómico", "El Burro", "La Bohemia", "Frivolidades", "La Risa" y "Confeti", las cuales se parecían mucho entre sí. En sus portadas traían la foto de alguna actriz de la época (en pose sensual, para atraer a más compradores), y adentro había "novelas atrevidas", ilustraciones de mujeres semidesnudas, mucha caricatura con chistes subidos de tono, y diversos artículos sobre moda, viajes, gastronomía y política.
Esa combinación "sexo-política" hizo que las revistas tuvieran mucho éxito, y le dio pretexto al gobierno porfirista para cerrarlas continuamente. Sin embargo, el Porfiriato estaba viviendo una época de crisis que relajó los controles oficiales, lo que hizo posible que se vendieran estas revistas.
El éxito de estas revistas era enorme. Tan sólo "Frivolidades",que se publicó en 1910, llegó a tirar 25 mil ejemplares, una cifra increíble para ese tiempo, a pesar de que no era barata (costaba 10 centavos, una cifra respetable para ese entonces, si pensamos que "El Imparcial", el gran periódico de la época llegó a costar dos centavos).
En "Frivolidades" escribían periodistas importantes, pero con seudónimo. Quintín Quintana y Fra Diabolo publicaban artículos muy picantes, sin que los lectores supieran que estaban leyendo a Celedonio Junco de la Vega (ancestro de los actuales dueños del Reforma) y a Irineo Paz, abuelo de Octavio Paz.
Cuando comenzó la Revolución, estas revistas criticaron (y se burlaron) de maderistas, zapatistas, villistas y todo el que se dejara. Sin embargo, la cruel guerra civil de 1915 provocó su desaparición.
A la llegada de un nuevo gobierno, las revistas regresaron; con otro nombre y diferentes dueños, con varios cambios, pero en el fondo seguían siendo iguales: chicas desnudas, chistes colorados, artículos "para el hombre conocedor" y mucha publicidad para caballeros.
Así que, estimado amigo, la próxima vez que se quede como menso viendo la nueva portada de la Revista H, o se ponga feliz al recibir como regalo de navidad el calendario de tan célebre publicación, recuerde que está colaborando a mantener viva una de las más grandes tradiciones de la industria periodística nacional.



1 comentario:

  1. Es muy interesante ver la evolución y el éxito que ha tenido este tipo de publicaciones.
    Recorde que en el siglo XIX en una calle de la Ciudad de México -no recuerdo cual- existía una casa de citas muy concurrida por los hombres distinguidos de la época. De ella comenzaron a surgir fotografías de las mujeres que trabajaban en esa casa con poses muy sensuales al estilo griego. Las fotografías eran muy pequeñas que los hombres solían llevar consigo y admirarlas en sus momentos privados.
    Es interesante también observar como ha cambiado la forma de concebir la sexualidad, si bien se ha dado una gran apartura -que se puede ver en los enormes espectaculares con mujeres semi desnudas, lo que en otras épocas era inpensable- sigue existiendo esta especie de TABU, donde se cataloga como indebido u obseceno a quien le gusta admirar este tipo de publicaciones.

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