20 de noviembre de 2010

A cien años de la Revolución, una historia familiar.




A finales de 1915, el teniente Crispín Catzín González podía considerarse afortunado. Estaba vivo luego de pasar por uno de los años más dolorosos y sangrientos de la historia de México. Catzín era uno más de los cientos de miles de mexicanos que vieron irse al general Porfirio Díaz, para luego ser testigo del ascenso y caída de Madero y de la guerra civil de 1913-1914 para arrebatarle la presidencia al traidor Victoriano Huerta.
Catzín era, como su generación, un "puente entre siglos". Nació cuando México vivía el esplendor del Porfiriato y la parca lo alcanzó antes de que su general, Alvaro Obregón, dejara la presidencia en 1924. No fue un "revolucionario de primera hora", pero ante el inminente choque de 1915 entre los caudillos que vencieron a Huerta, Catzín, como muchos mexicanos, pensó que no podía quedarse indiferente ante lo que pasaba.
Nunca fue un gran general, pero sí fue mi bisabuelo, y hoy, a cien años del inicio de la Revolución Mexicana, quiero recordarlo.
Crispín Catzín nació en 1891 en la Ciudad de México. El general Díaz cumplía sus primeros quince años en el poder, luego de hacer un golpe de Estado contra Sebastián Lerdo de Tejada. En ese primer quinquenio, Díaz pudo pacificar a México, renegociar la deuda externa y traer las inversiones necesarias para desarrollar a la nación, que había vivido en el fracaso permanente desde la consumación de la Independencia en 1821.
Mi bisabuelo no era de familia acomodada. De hecho tengo la impresión de que, a pesar de que contaban con algunas tierritas en el poblado de Malinalco en el Estado de México, deben haber sido parte de una clase pobre que apenas empezaba a despuntar gracias a los triunfos económicos del General Díaz.
Otro detalle que me hace pensar que la familia Catzín no tenía dinero está en el origen de mi bisabuelo. Sus padres, Gregorio Catzín y Jacinta González, lo llevaron a bautizar a la Parroquia de San José, ubicada en la calle de Ayuntamiento 29. Le dijeron al cura que estaban casados y que el niño había nacido un seis de diciembre. Le recalcaron al párroco que estaban casados, por lo que mi bisabuelo quedó inscrito en el libro 63 de bautismos de hijos legítimos.
Sin embargo, siete años después, ante el juez del registro civil, mis tatarabuelos contaron otra historia. Para empezar, le señalaron que eran solteros y que vivían en la segunda casa de la Calle del Paseo Nuevo, que tuvieron al niño Crispín el 5 de diciembre de 1891, pero que, a pesar de que no habían contraído matrimonio, los dos acudían a registrar al bebé "y que eso le quedara muy claro al señor juez".
Mi bisabuelo entonces era un "hijo natural", pero de una familia que no estaba fracturada, lo que queda demostrado en el énfasis puesto por mi tatarabuelo para que constara en el ácta que él acudía a registrar a su hijo. Los "arrejuntamientos" eran muy comunes en la clase baja durante el Porfiriato, y ya que habían cumplido años antes con el señor Cura, al parecer no les causó ningún problema acercarse a la autoridad civil cuando mi bisabuelo ya tenía siete años y contarle la verdad.
Quizá también influyó la diferencia de edades de mis tatarabuelos cuando registraron a Crispín (o José Crispín Concepción, como le pidieron al Cura que lo bautizara). Gregorio tenía 58 años y Jacinta 29. No eran raros los matrimonios entre hombres maduros y mujeres jóvenes: Porfirio Díaz tenía 51 años cuando sentó cabeza con Carmen Romero Rubio, de tan sólo 17. Lo que llama la atención es la edad de mi tatarabuela, 29 años que, para las costumbres de la época, señalaban a la mujer "en camino de ser una quedada".
El siguiente dato interesante en la vida de mi bisabuelo ocurrió muchos años después, cuando conoció a una mujer hija de alemanes llamada Matilde Besserer. La familia de Matilde vivía en México desde la mitad del siglo XIX y habían tenido varios negocios. en 1850, Carlos Besserer, papá de Matilde, fundó una empresa llamada "Librería Americana", pero tiempo después se dedicó a la ganadería. Posiblemente en Malinalco, donde Crispín y Matilde se conocieron. La diferencia de edades entre los dos no importó a don Carlos Besserer, aunque en este caso ella fuera mayor que él (13 años, un margen importante para la época). En esa época era muy peligroso que una mujer tuviera hijos después de los 20 años, pero mi bisabuela corrió el riesgo y trajo al mundo a dos niños: Matilde (mi abuela), que nació en 1911 y Carlos, nacido en 1914.
La Familia Catzín Besserer vivía al sur de la Ciudad de México, en un sitio que ahora todos conocemos como la Colonia del Valle, pero que en ese entonces no era más que llanos y ranchos. Uno de ellos se llamaba "De los Amores" y era propiedad de mi bisabuelo Crispín.
No sé qué habrá pensado mi bisabuelo cuando Díaz renunció a la presidencia y llegó Madero al poder. Supongo que, la lejanía entre el "Rancho de los Amores" y la Ciudad de México hizo que fuera un sitio relativamente seguro durante la masacre de principios de 1913, la llamada "Decena Trágica", aunque su posición al sur bien podía hacerlos temer un posible ataque zapatista.
El hecho es que mi bisabuelo decidió unirse a la lucha revolucionaria hasta 1915, cuando una nueva guerra civil decidió el rumbo que tomaría la Revolución Mexicana.
Luego de que los revolucionarios vencieron a Victoriano Huerta en 1914, rápidamente comenzaron las rencillas entre ellos para ver quién se quedaba con el poder. La Convención de Aguascalientes no pudo evitar el desgajamiento de los constitucionalistas y Venustiano Carranza se dirigió al puerto de Veracruz para preparar la guerra que pronto iba a comenzar.
Francisco Villa y Emiliano Zapata entraron a la ciudad en diciembre de 1914 y sus ejércitos permanecieron hasta enero del año siguiente. el 27 de enero de 1915, Alvaro Obregón y su Cuerpo de Ejército del Noroeste entraron a la capital luego de que los convencionistas la evacuaron. Se encontraron con una ciudad aislada, sin servicios urbanos, con mucha hambre, privaciones y la delincuencia desatada. Obregón buscó la manera de resolver los problemas de la Ciudad, y se le ocurrió exigirle a los clérigos de la Catedral Metropolitana una contribución forzosa de medio millón de pesos.
Los curas dijeron que no tenían dinero, por lo que Obregón los tomó prisioneros y ordenó que los enviaran a Veracruz. Los clerigos imploraron compasión, ya que, le dijeron, estaban enfermos debido a las carencias que se vivían en la capital. El caudillo quiso asegurarse de que le estuvieran diciendo la verdad, por lo que comisionó a varios médicos para que los revisaran. Resultó que era cierto: más de la tercera parte de los curas tenían enfermedades venéreas.
Sin embargo, Obregón consideró que esos "males inconfesables" no eran motivo para no enviarlos a Veracruz, por lo que ordenó al general Benjamín Hill que los metiera a todos en una jaula destinada al transporte porcino y los enviara al Puerto. Los curas imploraron compasión, ya que la jaula era muy pequeña y no iban a caber todos. Hill entonces le ordenó a un oficial "¡Capitán, meta en la jaula a los que quepan, y los que sobren, fusílenlos!". De repente todos cupieron.
Mientras ocurría todo este sainete, Crispín Catzín acudió al Cuartel General del Cuerpo de Ejército del Noroeste (ubicado en Palacio Nacional) para solicitar que lo admitieran y así poder defender la causa constitucionalista. No debe haber sido fácil para un hombre de 24 años, con esposa e hijos pequeños, unirse a la Revolución. Pero el camino allí estaba, y Crispín decidió tomarlo. En su hoja de servicios consta que "quiso participar para combatir a los reaccionarios villistas". Hay que decir que Carranza y los suyos llamaban "reaccionario" a todo aquel que no los apoyara, y los constitucionalistas se consideraban los únicos y auténticos revolucionarios de México.
Supongo que su posición como pequeño propietario hizo que el Cuerpo de Ejército del Noroeste le otorgara de inmediato el grado de subteniente; nada para presumir, si pensamos que el primer grado militar de Alvaro Obregón fue de Teniente Coronel, luego de que reunió a 300 hombres para pelear contra Pascual Orozco en 1911, pero algo mejor que ser un simple "Juan", o soldado raso.
Catzín fue incorporado al Primer Regimiento de Ametralladoras como ayudante del "Encargado del Detalle", desconozco a qué se refiere ésto, pero creo que tiene que ver con almacenaje de víveres. El 10 de marzo de 1915, Catzín y su regimiento salieron de la Ciudad de México junto con el Cuerpo de Ejército del Noroeste para dirigirse hacia el norte, a pelear las batallas más importantes de la Revolución Mexicana.
A las afueras de la ciudad de Celaya, en el centro de México, se enfrentaron Alvaro Obregón y Francisco Villa. Ambos ejércitos sumaban casi 30 mil personas, de los cuales murió la tercera parte. La División del Norte, la gran máquina de guerra de Francisco Villa, fue destrozada por las tropas de Obregón. Catzín se distinguió en esas batallas por su valor y su conducta. Días más tarde los enfrentamientos continuaron hasta que las tropas constitucionalistas tomaron la Ciudad de León el 6 de junio de 1915. Tres días antes, una bomba estalló cerca de Obregón volándole el brazo derecho. Desde entonces se convirtió en el general revolucionario que menos robaba a la nación, pues sólo le quedaba un brazo para agarrarse del presupuesto.
El 10 de julio de 1915, Catzín y el Cuerpo de Ejército del Noroeste tomaron la Ciudad de Aguascalientes, donde un año antes se habían reunido todos los revolucionarios para hacer un último esfuerzo antes de que volviera a soltarse el tigre de la guerra civil. Por los méritos en campaña, mi bisabuelo alcanzó el grado de teniente. Según su hoja de servicios, siempre se condujo con valor, tuvo buen comportamiento civil y militar y se aplicó bastante para cumplir con las misiones que le asignaron. En 1916 fue oficial forrajista de su regimiento, y en marzo de ese año le tocó suplir al comandante de la séptima batería.
En su hoja de servicios no aparecen más datos. Quizá tenga que ver con el hecho de que en ese tercer mes de 1916 el Cuerpo de Ejército del Noroeste fue desintegrado y Obregón se convirtió en Secretario de Guerra y Marina.
No sé más sobre la experiencia militar de mi bisabuelo. Sólo sé que en 1924 ya había fallecido y no estuvo presente para levantar el acta de nacimiento de su hija Matilde ante el Registro Civil. Mi bisabuela tuvo que hacerlo sola, y 13 años después de que nació mi abuela.
¿Habrá muerto mi bisabuelo en alguna de las campañas posteriores a la derrota villista? ¿quizá en la rebelión de Agua Prieta contra Carranza de 1920? Tal vez fue uno más de los millones de personas que en todo el mundo fallecieron por la Influenza Española, que en México se llevó a 400 mil almas.
Su esposa Matilde falleció muy anciana, durante los años 60. Su hijo Carlos fue un ingeniero muy importante que estudió en Alemania y su hija trabajó como secretaria para el gobierno, además de que fue amiga de otro gran revolucionario: el general Francisco J. Múgica.
Y ahora, además tiene un bisnieto historiador, que en este día tan importante para México, quiso recordarlo como uno de los millones de mexicanos que colaboraron para construir este país, y con los que, creo, tenemos una deuda pendiente.

2 comentarios:

  1. Tú lo has dicho, tenemos una deuda pendiente y muy grande, con todos aquellos que estuvieron dispuestos a moverse y no se quedaron innertes ante las circunstancias, con los que decidieron levantarse y tomar parte activa en la Revolución, de alguna manera, se armaron de valor y actuaron por causas que ni siquiera les tocó ver rendir sus frutos, esos que ahora gozamos nosotros, así que más vale que estemos a la altura de las circunstancias y al menos, los recordemos y actuemos en consecuencia. Gracias por compartir parte de tú historia.

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  2. Hola, tengo un gusto especial por la genealogía, y acabo de encontrar esta página buscando el apellido materno de mi papá. y creo que hay muchas coincidencias, me gustaría mucho que podamos platicar sobre ello, mi mail es: ryckdany@hotmail.com

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