26 de junio de 2009

Adiós, Peter Pan.



Un querido maestro mío me dijo alguna vez que, en su opinión, el siglo XX era el más complicado de historiar. Todo ocurría en ese tiempo y de una manera tremendamente veloz: aparecían y desaparecían Estados nacionales, la economía se disparaba desde la más horrible crisis hasta una inimaginable bonanza mundial (para luego regresar al principio), la matanza de millones de personas por motivos políticos se volvían algo normal, y principalmente, el individuo se convertía en el eje rector de la vida social.
Y este individuo, con sus ideas políticas, sus creencias, sus hábitos de consumo y sus gustos particulares, marcaba un tiempo en el que la masa parecía disolverse y sólo quedaban las soledades para rumiar el tedio ante un futuro que había desaparecido. Ya no valía la pena esforzarse por un cambio político; ahora había que apostarle a una transformación personal que convirtiera al ser humano en algo totalmente distinto a lo que había sido: un "posthumano" al que el paso del tiempo no afectara y que pudiera transformar su físico hasta alcanzar límites jamás imaginados.
Michael Jackson es un ejemplo de ese ideal "posthumano" que ha caracterizado a occidente; un ideal que surgió en el siglo pasado cuando la tecnología se convirtió en una herramienta cotidiana que permitía a la sociedad mejorar sus vidas de múltiples formas.
Con una delgadez extrema, demasiadas operaciones para blanquearse la piel y transformar su rostro, y una vida excéntrica en la que los niños eran su referente (algo que con el paso del tiempo tomó un cariz profundamente siniestro), Michael Jackson se ha convertido en la metáfora de nuestro tiempo, marcado por la cirugía plástica, la anorexia y la paidofilia.
Sin embargo, también creo que sería injusto recordar a Jackson sólo por su lado oscuro. Había en él un trasfondo de inocencia que, si bien no lo exculpa, también es una muestra del tipo de sociedad en la que le tocó vivir: una era violenta y tenebrosa que intentaba exorcizar sus demonios haciendo conciertos masivos para acabar con el hambre en África, que hacía grandes campañas mediáticas para proteger a las ballenas y los bosques, y que soñaba (o se evadía) con un mundo mejor, un parque de diversiones eterno en el que la oscuridad jamás pudiera entrar.
También eso era Michael Jackson, un ser adorado por millones y profundamente solitario; que tenía una familia que lo lanzó a la fama, aunque tuviera que sufrir por las agresiones paternas; un hombre archimillonario que tenía su propio parque de diversiones y compraba las cosas más excéntricas para llenar el tremendo vacío que tenía en su interior; y un gran cantante y bailarín, a pesar de que en sus últimos años vivía de la gloria que había sido y de la promesa de volver a tocar la cima algún día.
Cuando su gran video Thriller apareció, millones de personas se aprendieron la coreografía para bailarla como su ídolo, lo mismo en las discotecas de moda que en los festivales escolares. Hoy que Peter Pan ha muerto, no encuentro mejor ejemplo para recordarlo, y para señalar tanto su vida como la de su sociedad, que mostrar a cientos de prisioneros de una cárcel en Filipinas, quienes ensayaron durante meses para vivir la fantasía de ser unos muertos vivientes, quizá más vivos de lo que ellos, Jackson o nosotros podemos estar.




2 comentarios:

  1. Excelente reflexi ... Leer másón, como siempre, Arno. Efectivamente, no es posible mirar sólo blanco o sólo negro a este personaje tan controversial, tan seguido, tan emulado, tan excéntrico, tan perverso, tan idealista, tan desorientado, tan emblemático de la sociedad que todos hemos cocreado...

    Si bien es una extrapolación de los ideales más diversos de nuestro tiempo, no deja de ser un espejo en el que más vale mirarnos para no perder de vista la importancia de vernos hacia adentro... quizás, lo único que él necesitaba para llenar esos terribles vacíos (que, por demás está decir, ¡todos compartimos!).

    Un abrazo fraternal, Arno. Siempre es estimulante leer tus reflexiones.

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  2. Bravo Arno!

    Ayer seguí la noticia por televisión y me quedé con la sensación de que nadie supo decir esto que justamente escribes: ¡lo más importante!
    Hubo incluso una entrevista de Carmen Aristegui con Lynn Fainchstein y fue increíble escuchar las opiniones rígidas y descalificadoras de la segunda, su énfasis increíblemente clasemediero y conservador en el aspecto freak de Jackson debido a las cirugías, en su presunta pederastia, en su anhelo de parecerse a Diana Ross, en su rechazo a su piel negra, en... pero para qué seguir. Tratándose de una productora de música debió mostrar, o fingir al menos, un mínimo de empatía por este personaje complejo, y un mucho de simpatía por su aportación inmensa al Pop mundial.

    Gracias!

    Admiradores de Michael Jackson

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