1 de mayo de 2009

La historia que se escribe y la historia que se vive.


Este es el segundo viernes de esta fase de emergencia provocada por la aparición del virus AH1N1, que antes se llamó Influenza Porcina y algunos pretendieron llamarla Gripa Mexicana. Los capitalinos enclaustrados hemos pasado por el miedo, el enojo, la tristeza y la carcajada. Los niños no tuvieron los festejos por su día y ojalá las madres si puedan disfrutar su 10 de mayo.
Aunque, si pensamos en los enormes embotellamientos que se hacen en esos días, las horas que hay que esperar para que te den una mesa en un restaurante, porque todos están llenos, los regalos horribles que reciben las madres, o todavía peor, cuando sus hijos, nietos, sobrinos, familiares, amigos y demás gandules invaden las casas maternas con pretexto de celebrar a la autora de sus días, a la única mujer que los amó antes de conocerlos, y sólo antes, como diría Germán Dehesa, para luego dejar la casa hecha un desastre y con una enorme pila de platos sucios que la abnegada madrecita tendrá que lavar sola, quizá muchas prefieran que el próximo 10 de mayo sea como el día de hoy, silencioso y solitario.
Una antigua maldición china dice: "que te sea concedido vivir en una época interesante". No podemos negar que a todos los cayó redondito ese deseo. Hemos pasado (por abreviar) por un plantón que duró meses y desquició la circulación en la Ciudad de México, por un gobierno con enormes problemas de legitimidad, el horrible avionazo en que se mató el Secretario de Gobernación, las peleas entre el gobierno federal y el de la capital, la guerra contra el narco con sus miles de muertos y decapitados, la crisis económica que se acrecentó en 2008, la falta de empleos, un poder legislativo que se conduce como un chango con cuchillo, el tráfico enloquecido por las construcciones para festejar el Bicentenario de 2010, y ahora la influenza humana.
No nos tocó vivir la Revolución Mexicana; cada vez son menos los que vieron al general Cárdenas expropiar el Petróleo, quedan muchos que vivieron ese malhadado año de 1968, pero somos más los que aprendimos al respecto en libros y películas. La vida se mueve con su acostumbrada prisa y vamos dejando atrás aquellos hechos que nos conformaron como personas.
La historia se hace con los pequeños y grandes momentos: con López Portillo gritando que defendería el peso como perro y aquellas mañanas dominicales que compartíamos con la familia; con Carlos Salinas victorioso ante la firma del TLC y el primer beso que nos dio esa persona que fue tan especial en nuestras vidas.
La historia se lee, pero también se vive. Allí radica su riqueza: esos hechos que no fueron nuestros contemporáneos se vuelven el espejo en el que reflejamos nuestras vidas, nos dan un sentido y nos ayudan a imaginar cómo nos gustaría que fuera nuestro mañana.
Soy un orgulloso habitante de este círculo del infierno llamado Ciudad de México. Todos los días le declaro mi amor y mi odio. La detesto profundamente cuando pierdo mi vida encerrado en mi coche debido a que alguna manifestación me impide avanzar, y me enamoro perdidamente de ella cuando recorro aquellos lugares que fueron decisivos para mí en mi adolescencia.
Una tarde por el Parque México, viendo a la gente jugar con sus perros, a los niños en bicicleta y comiéndome un helado, me reconcilia con esta ciudad. Y en esos momentos a veces puedo ver por ahí al niño que fuí, jugando con mis amigos, o como un reflejo del pasado a la primera mujer que me robó el corazón.
Pero sobre todas las cosas, amo profundamente a la Ciudad de México cuando veo que su gente, a pesar de tantos demonios, no está dispuesta a perder la sonrisa y vuelve a cargar contra los molinos de viento para alcanzar sus metas. Son los que salen cada día a corretear la chuleta, los que se encierran en un aula para aprender algo que mejore sus vidas, los que se arriesgan a comenzar un negocio con la ilusión de que su mañana mejorará.
Somos un Sísifo reencarnado que va por la vida con su enorme piedra en la espalda, intentando llegar a la cima de la montaña para depositarla. La piedra siempre se nos cae y ahí vamos tras ella, para volverla a subir.
Lo impresionante no es nuestra tozudez, lo que siempre me asombra es que cargamos nuestra piedra con una gran sonrisa en los labios.
Pase lo que pase, siempre somos capaces de reirnos de nuestra desgracia. Y aunque por ahora no podamos darnos el clásico apretón de manos seguido del abrazo con el que recibimos a nuestros amigos, y tengamos que aguantarnos las ganas de darle un rico beso (y si se deja un buen apretón) a la fémina o al galán que nos gusta, sí podemos carcajearnos del problema en el que nos encontramos en este momento.
Nuestra fuerza está en nuestra risa. Ella también nos conduce por nuestra historia particular. Estos días oscuros formarán parte del pasado, y tanto nosotros como los que vendrán podrán reflejarse en el espejo del ayer.
Hemos tenido muchos cronistas en esta ciudad. Uno de ellos ocupa un lugar muy especial en mi corazón. San Chava Flores le cantó a esa ciudad que rápidamente se urbanizaba, con un caos que ahora extrañamos, pero que pronto, para bien o para mal, retornará a nosotros. Ya volverán esos días enloquecidos, y en especial esos sábados del Distrito Federal.





7 comentarios:

  1. Llevo un tiempo fuera de México y la verdad es que leer todo lo que escribes fue un verdadero deleite... triste por esta situación actual mundial, pero lleno de esa "historia que se vive "...
    Muchas gracias por traer a mi tantos recuerdos, unos lindos y otros no tanto, pero al fin parte de nosotros.
    Saluditos,
    Mariana Cadena

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  2. Espléndida visión, estimado Arno, de nuestra cotidiana aventura tragicómica, donde unas veces se impone el Eros desbocado porque domina a un Logos, sumamente subdesarrollado; en otras domina el Logos y se olvida el vigor y la ternura, la convivialidad, el cariño, el amos, y sólo en ocasiones, como en tu reflexión, ambos - Eros y Logos - entran en comunión perfecta y se integran, se armonizan, pero el Eros - Deo gratiae -, libre de desbocamientos, prevalece luminoso y engloba a la razón. Gracias, amigo, por esta contribución al encuentro del Ágape. Congratulaciones. Creo que en momentos de perversa patología del miedo, impuesto por los poderosos, mensajes como el tuyo centran al anima con el animus, al pathos con el Eros, y propician el estado consciente.

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  3. Hola. Espero que estés muy bien.
    Por mucho, uno de los post que más me han gustado.

    Espero verte pronto.
    Un beso.
    xoxoxo

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  4. Arno,

    Un deleite leer este artículo. Sí, estoy contigo. Normalmente estoy en estado de enamoramiento "fase 6" porque he logrado organizarme la vida de manera que casi no utilizo el automóvil. Camino al súper, a la escuela de los hijos, y a la oficina. Camino al parque, al cine y a la casa de mi hermano. Camino y por ello vivo la ciudad como si fuera provincia. Hasta que por alguna extraña circunstancia me atoro en un embotellamiento y mi automóvil se vuelve cárcel... pero pasa rara vez. Sigo amando vivir en el Distrito Federal, amo la riqueza de oferta cultural que nos ofrece, la belleza de muchas de sus zonas, la diversidad de quienes ahí habitamos... ¡y mis clases de tango! Pero ahora que estoy en esta burbuja llamada Cocoyoc, la tentación del cambio está creciendo... va ¡en fase 2!

    Un abrazo, y gracias por las risas aportadas a mi sábado con tu fino humor y los recuerdos colectivos.

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  5. Es alentador leer lo que escribes, cuando estas lejos del país y añorando y deseando estar ahi, tratando de recordar cada rincon de México para no olvidar, la historia escrita aviva un poco mi historia muerta

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  6. SIN DUDA ALGUNA SE AMA Y SE ODIA A NUESTRA CONTAMINADISIMA CIUDAD, SALI UNOS DIAS Y YA ME URGIA REGRESAR A MI AMBIENTE LLENO DE SMOG Y RUIDO, Y SI, LAS DISTANCIAS SON ESPANTOSAS, PERO YA HABRA TIEMPO PARA OLVIDAR EL STRESS, POR LOS RUMBOS DE CU.....
    JEJEJE

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  7. Gracias Arno, cada vez me doy más tiempo para leer con calma tus publicaciones y los enlaces relacionados ocn tu blog... interesante, variadito y ameno. Lo disfruto mucho. También me pone a reflexionar en más de una ocación, supongo que es parte de conocer más de cerca la historia pasada y actual. saludos Rogelio Cárdenas.

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