2 de febrero de 2009

Un café con la Marquesa Calderón de la Barca


Me quedé pensando en lo que dijo Denise Dresser la semana pasada. ¿Qué le hubiera contado la Marquesa Calderón de la Barca a su marido sobre México, si el viaje lo hubiera realizado en nuestro tiempo? Denise se imaginó que quizá le habría asombrado la cantidad de trámites burocráticos y los muchos monopolios, de todo tipo, que existen en nuestro país. Yo creo que también le habría platicado sobre la delincuencia, y se habría indignado con casos como el del Dr. Augur.
Sin embargo, también habría recordado que, cuando llegó con su esposo a México en 1839, se encontró con varias situaciones parecidas. Creo que lo que más le habría asombrado es darse cuenta de que, a pesar del tiempo transcurrido, hay cosas que no cambian. Una de ellas es la delincuencia desatada y la incapacidad de las autoridades.
Para confirmarlo, sólo necesitamos leer un pasaje de su libro
La Vida en México:

(...) me acaban de contar los pormenores de un cruel asesinato cometido, por cierto, no muy lejos de donde vivimos, en la persona de Mr. Mairet, cónsul de Suiza y traficante de pieles. Una mañana en que este señor había enviado a su portero a un recado, se detuvo un carruaje a su puerta y bajaron de él tres personas que presentándose ante Mr. Mairet le manifestaron sus deseos de tratarle algún negocio, el cual les pidió que entraran. Penetraron a la casa un general, en uniforme, un joven oficial y un fraile. Mr. Mairet les rogó que le dijeran de qué negocio se trataba, cuando de improviso el general se le echó encima, mientras que los otros procedían a asegurar las puertas, exclamando:
"No hemos venido a oírle a usted hablar de su mercancía. Venimos por su dinero."
Aterrado, el infeliz, al darse cuenta de la índole de sus clientes, les aseguró que era bien poco el dinero que conservaba en su casa; pero procedió al instante a abrir los cajones de los muebles de su ajuar y a vaciar todo su contenido, no llegando a reunir más que la ridícula suma de unos cuantos cientos de pesos. Viendo que, en efecto, no tenía más que darles, se disponían a retirarse, cuando el fraile dijo:
"Debemos matarle, pues este hombre podrá reconocernos."
"No", dijeron los oficiales, "déjale y vente. No hay en ello ningún peligro."
"Váyanse",dijo el fraile, "yo les sigo", y, volviéndose, dio una puñalada al cónsul en el corazón. Volviéronse a subir los tres al coche y partieron a escape. Pocos minutos después regresó el portero y encontró a su amo bañado en sangre, corrió a una casa de juego contigua y dio la voz de alarma. Varios caballeros acudieron en su auxilio; pero murió en el término de una hora, no sin dar antes todas las particularidades de la indumentaria y señas de los asesinos, y una descripción del carruaje. Con estos antecedentes no tardaron en ser descubiertos, y gracias a la energía del Gobernador, que lo era entonces el Conde de la Cortina, fueron apresados y colgados de los mismos árboles fronteros a nuestra casa, juntamente con un "verdadero" coronel mexicano, que había prestado a los rufianes su propio coche. Es muy raro que en estas latitudes el crimen encuentre el castigo con tanta prontitud.

1 comentario:

  1. WOW, MUY PARECIDO A LA REALIDAD DEL SIGLO XXI, SOLO Q EN VEZ DE SUIZO FUE UN FRANCES (DESGRACIADAMENTE) Y CADA VEZ NOS SORPRENDEMOS MENOS, LO CUAL ES UNA VERGUENZA, ES DECIR Q YA NO NOS IMPRESIONA NADA.....

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