29 de noviembre de 2008

¿Y la salud del presidente...?

La excelente revista electrónica Reporte Indigo del 28 de noviembre confirmó lo que todos los mexicanos sospechamos durante muchos años: Vicente Fox tiene serios problemas psicológicos.
"Vicente Fox tiene propensión a fingir, a llamar la atención. Tiene una forma trastornada de ver las cosas, sobre todo las que son importantes para él y su familia". dice la revista.
Todo empezó con la solicitud que Fox hizo ante el Sacro Tribunal de la Rota Romana el 16 de octubre de 2000, para que su matrimonio eclesiástico con su entonces esposa, Lilián de la Concha, fuera anulado.
El tribunal, como parte del procedimiento, realizó varios exámenes psicológicos a Fox y De la Concha, con los que se descubrió que el expresidente padece de: "trastorno de personalidad, ensimismamiento inmoderado, excesiva autoestima y narcisismo, visión trastornada de las cosas, reacciones emotivas inadecuadas, dificultades en las relaciones interpersonales y en el control de las pulsiones". O sea, para la Rota Romana, Fox está psicológicamente incapacitado para volver a casarse por la Iglesia.
Un asunto como este no tendría por qué importarle a nadie más que a los directamente afectados; todos los días hay parejas que se separan y, desgraciadamente, las enfermedades mentales ya son tremendamente comunes. El punto aquí es que Fox fue sometido a esos exámenes psicológicos en algún momento entre 2000 y 2006...justo cuando trabajaba como presidente de la república mexicana.
No es posible creer que Fox sufría de "visión trastornada de las cosas" cuando atendía su anulación matrimonial, y al mismo tiempo gozaba de una excelente estabilidad psíquica cuando cumplía sus funciones como jefe de Estado.
Ahora entiendo muchas cosas relacionadas con el fallido aeropuerto en Atenco, las toallas de 4 mil dólares, el asunto del desafuero y otras más.
Quizá si, antes de votar por él, los mexicanos hubieramos conocido más sobre la salud mental y la vida de Fox, la historia habría sido diferente. El problema está en que, a pesar de los cambios, todavía vivimos en una sociedad en la que hay mucha información necesaria que no está a nuestro alcance.
En México parecía que los presidentes nunca se enfermaban, pero la historia nos muestra lo contrario. Entre los años 20 y 30 del siglo pasado, el Jefe Máximo, Plutarco Elías Calles cancelaba continuamente sus reuniones de trabajo por "enfermedad"; y en alguna ocasión fue paciente de uno de los curanderos más famosos de México: el Niño Fidencio.
Entre 1940 y 1946, el presidente Manuel Ávila Camacho sufrió tres infartos (uno en la campaña y dos en la presidencia), además de que estuvo a punto de morir en un atentado.
Tal vez el presidente mexicano con peor salud fue Adolfo López Mateos: sufría de severas migrañas que con el paso del tiempo se convirtieron en siete aneurismas que le ocasionaron la muerte -luego de una lenta agonía- en 1969.
En una entrevista que le concedió a Jorge Castañeda, Luis Echeverría dice que López Mateos tenía en su escritorio en Palacio Nacional un cenicero lleno de aspirinas, y se las comía como si fueran caramelos. En otro lugar leí -lástima que no recuerdo dónde- que también en Palacio acolchonaron las paredes de una habitación en la que López Mateos se encerraba a sufrir sus migrañas.
Aunque no se queda atrás su sucesor, Gustavo Díaz Ordaz. Él sufría de estreñimiento y problemas estomacales, lo que le impedía saborear la deliciosa y muy condimentada comida poblana. Todo eso, aunado al constante estres en el que vivía, le provocaron el cáncer del colon que lo mató en 1979.
Sobre la salud del resto de los presidentes sabemos poco. Al parecer, Echeverría siempre fue un hombre de hierro, o por lo menos así lo recuerdan sus cronistas. Les maravillaba que el hombre hiciera jornadas de trabajo de más de doce horas, y que pudiera estar sentado en larguísimas reuniones de gabinete sin jamás detenerlas para ir al baño. Está próximo a cumplir 87 años, algunos dicen que padece demencia senil, (que quizá le comenzó cuando nos gobernaba), pero durante su presidencia su salud nunca fue cuestionada.
Algo parecido ocurrió con López Portillo. Fue nuestro "presidente Sport Billy". Lo mismo montaba a caballo que nadaba, levantaba pesas, y practicaba box y karate. Sus problemas de salud comenzaron cuando era expresidente. Sin embargo, quién sabe cómo estaría su salud emocional cuando gritó "¡Ya nos saquearon, no nos volverán a saquear!"
Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo también fueron presidentes físicamente sanos. Especialmente los dos últimos. Salinas puso de moda salir a correr, y Zedillo era fanático de la bicicleta de montaña. Tal vez con el tiempo nos enteremos de cómo estaban sus cabezas cuando nos gobernaron.
En el caso de Calderón, hay algo que puede llamar nuestra atención. En su nuevo libro "Los cómplices del poder", Anabel Hernández comenta algo sobre un rumor que ha circulado en el país: el posible alcoholismo del presidente. También puede ser que más adelante sepamos más sobre la salud de nuestro actual mandatario.
Fox puede estar contento, porque a pesar del dictamen de la Rota Romana, el Papa Benedicto XVI le dio su autorización para casarse. Pero con este caso nosotros comprobamos una vez más que todavía vivimos en un sistema político en el que los pequeños detalles pueden influir en cosas realmente grandes, y que la batalla por la información -dada por periodistas, analistas políticos e historiadores- está muy lejos de terminar. ¿Y tú qué opinas?

2 comentarios:

  1. JAJAJA, EXCELENTE IMAGINATE TODOS LOS CHISMES Q ENCIERRA LA ANTIGUA HACIENDA DE LA HORMIGA(WOW) ESE SERIA UN EXCELENTE LIBRO "LA VIDA DENTRO DE LOS PINOS"; LO BUENO ES QUE TENGO LA CONCIENCIA TRANQUILA(YO NO VOTE POR FOX)

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