27 de septiembre de 2010

"Ya sabeis el modo de ser libres..."




En 1820, el Virreinato de la Nueva España pasaba por malos momentos. La guerra iniciada por Miguel Hidalgo diez años antes había destrozado la economía, vuelto inseguros los caminos, y acendrado los odios entre los habitantes de este país. A pesar de que desde 1815, con el fusilamiento de José María Morelos, las acciones insurgentes se habían concentrado en el sur del país, entre los novohispanos había hartazgo por una guerra que parecía no tener fin.
Si México pasaba por problemas, España no estaba mejor. Una revuelta militar había obligado a Fernando VII a reunir a las Cortes para reinstalar la Constitución que habían jurado en la ciudad de Cadiz en 1812; un documento explosivo y trascendental para la historia de España, ya que a partir de entonces la península entraba a la modernidad al permitir la libertad de prensa y limitar el papel de la iglesia Católica en la sociedad española.
El ala militar, que en España reinstauró la Constitución de Cadiz, también era fuerte en México. Luego de tantos años de lucha los militares habían conseguido grandes recursos vía la Corona, y también gracias a los negocios particulares que tenían en las regiones que controlaban. Generales como Joaquín Arredondo en Nuevo Santander y José de la Cruz en Nueva Galicia actuaban como gobernantes absolutos en sus feudos.
Al reestablecerse la Constitución de Cadiz, las autoridades de la Nueva España estaban obligadas a jurarla y aplicarla en todo el territorio virreinal. No toda la sociedad novohispana estaba de acuerdo con esa Constitución. Para un importante sector, la ley fundamental de 1812 atacaba la esencia misma del reino americano al limitar la presencia de la Iglesia, además de que la libertad de prensa sólo permitiría que aquellos interesados en destruir el orden colonial volvieran a agitar a las masas con ideas de justicia y libertad.
En la Iglesia de San Felipe Neri, mejor conocida como La Profesa, comenzó a reunirse un grupo conformado por miembros de la alta burguesía y el clero novohispano, con la intención de impedir que el Virrey Apodaca jurara la Constitución. Para lograrlo, se aliaron a un coronel criollo que gozaba de gran estima entre los miembros del ejército, al que pretendían usar para presionar al Virrey: Agustín de Iturbide.
Sin embargo, su plan no tuvo éxito, ya que Apodaca juró la Constitución, por lo que comenzó un segundo complot: separar a México de España.
La idea original consistía en unir a los ejércitos insurgentes y españoles a través de un pacto nacional. No era una idea nueva. Ya Morelos había dicho que aquel que pudiera poner de acuerdo a las fuerzas que en ese momento se enfrentaban, lograría la independencia casi sin violencia.
Y es que, tanto unos como otros estaban formados en su mayoría por el mismo grupo: los criollos. Hijos de españoles nacidos en América, con gran talento y capacidad, pero que se veían relegados a puestos de segunda mientras los peninsulares gobernaban el Virreinato.
Desde 1808, con el primer intento de Independencia llevado a cabo por el Ayuntamiento de la Ciudad de México, los criollos consideraban que ellos merecían ser los dueños del territorio en el que habían nacido. Sin embargo, la violenta campaña de Hidalgo hizo que muchos prefirieran aliarse a los realistas, antes de permitir que matanzas como la de Guanajuato se reprodujeran en todo el país.
Pero en 1820, con el país destruido, a los criollos les pareció que era momento de intentar la Independencia, ahora pacíficamente.
Agustín de Iturbide señaló, años después, que sólo a él se le ocurrió el plan que llevaría a la separación de México con respecto de España. Para lograrlo, manipuló al Virrey Apodaca para que lo nombrara comandante en la región del sur, en donde todavía peleaba (y causaba grandes daños a los realistas), el sucesor de Morelos: Vicente Guerrero.
Iturbide comenzó a negociar con distintos jefes mlitares para invitarlos a sumarse a su movimiento. Su carisma lo hizo triunfar y poco a poco creció la nueva conspiración. Al mismo tiempo, el próximo Emperador Mexicano se fortaleció al conseguir más tropa y pertrechos, enviados por el Virrey Apodaca, quien creía que Iturbide estaba peleando contra los Insurgentes. Además, Iturbide se quedó con 525 mil pesos que pertenecían a los comerciantes de Filipinas, quienes una vez al año enviaban un barco a México lleno de mercancías y que ahora regresaba con el dinero obtenido.
No hubo abrazo de Acatempan. En su lugar, Iturbide mandó a uno de sus hombres de confianza, de apellido Figueroa, para que pactara con Guerrero, quien aceptó unirse al complot. El 24 de febrero en el pueblo de Iguala, Iturbide se desenmascaró, lanzando una proclama con la que dio inicio al movimiento trigarante:

"!Americanos¡, bajo cuyo nombre comprendo no sólo los nacidos en América, sino a los europeos, africanos y asiáticos que en ella residen: tened la bondad de oírme. Las naciones que se llaman grandes en la extensión del globo, fueron dominadas por otras, y hasta que sus luces no les permitieron fijar su propia opinión, no se emanciparon. Las europeas que llegaron a la mayor ilustración y policía, fueron esclavas de la romana; y este imperio, el mayor que reconoce la Historia, asemejó al padre de familia, que en su ancianidad mira separarse de su casa a los hijos y los nietos por estar ya en edad de formar otras y fijarse por sí, conservándole todo el respeto, veneración y amor como a su primitivo origen..."


En este plan, Iturbide proponía que México se independizara de España, que se estableciera una monarquía moderada que fuera ocupada por Fernando VII o algún otro príncipe europeo, y que la religión católica fuera la única permitida, con la intención de eliminar todos males que, a su parecer, causaba en el país la Constitución de 1812. Independencia, Religión y Unión, fueron las tres garantías que Iturbide ofreció a la Nación Mexicana, y por eso su movimiento se llamó Trigarante.
El ejército del Sur que él comandaba se unió de inmediato a su causa. Le propusieron que tomara en grado de Teniente General, pero Iturbide prefirió renunciar a su antiguo grado de coronel y convertirse en el Primer Jefe del nuevo Ejército Trigarante.
El nuevo país sería llamado Imperio Mexicano. No reino, ya que este título le parecía a Iturbide muy poco para el tamaño y riqueza de México.
Al enterarse Apodaca de que Iturbide lo había engañado y usó los recursos que le habían enviado para levantarse en armas, montó en cólera y ordenó la movilización de los regimientos recién llegados de España para detener al nuevo cabecilla insugente. Sin embargo, mediante una estrategia que contemplaba las acciones armadas pero que estaba basada primordialmente en la negociación, Iturbide fue convenciendo al resto de la oficialidad realista para que se sumaran a su movimiento.
En sólo siete meses, Iturbide y el Ejército trigarante terminaron con el Virreinato. Por cierto, la entrevista entre el Primer Jefe Insurgente y Vicente Guerrero ocurrió hasta el mes de marzo de 1821. Iturbide se asqueó ante esa tropa mal vestida y casi toda enferma de vitíligo, a quienes llamaban "Los Pintos".Sin embargo, sabía que necesitaba de Guerrero para lograr la Independencia, por lo que lo recibió cortesmente.
El 3 de agosto de 1821 llegó a Veracruz Juan O´Donojú, Jefe Político Superior y Capitán General de la Nueva España. Al darse cuenta de que las fuerzas realistas no podían contener a los trigarantes, prefirió pactar con Iturbide. El 24 de agosto de ese año firmaron los Tratados de Córdoba, en donde se reconocía la independencia nacional y la formación de un Imperio Mexicano, pero se añadia también una cláusula que a la larga provocó muchos problemas: si ningún príncipe europeo aceptaba la corona mexicana, entonces las cortes nacionales podrían designar otro, aunque no tuviera sangre real.
En la mañana del 27 de septiembre de 1821 las tropas del Ejército Trigarante se reunieron a la entrada del Bosque de Chapultepec para comenzar su marcha triunfal hacia la Ciudad de México. El ayuntamiento había organizado grandes fiestas para celebrarlo, pero al no tener recursos, tuvo que pagar las fiestas el alcalde Juan José de Acha, quien destinó 20 mil pesos de su fortuna para ello.
Las tropas trigarantes estaban casi desnudas y mal alimentadas. Hubo que vestirlas con los uniformes que dejaron otros cuerpos realistas en su salida de la Ciudad de México, además de que el teatro de la ciudad organizó funciones extraordinarias durante tres días para reunir fondos con los cuales comprarles zapatos.
La columna trigarante salió de Chapultepec con Iturbide a la cabeza, quien iba vestido de civil. Entraron a México por la calle de San Francisco (hoy Francisco I. Madero), donde los esperaba un enorme arco triunfal y los miembros del ayuntamiento para entregarles las llaves de la Ciudad.De ahí se dirigieron al Palacio Real para ver desfilar a las tropas; 16 mil hombres, mal vestidos, pero que fueron recibidos con aplausos y vivas por los habitantes de la Ciudad de México. Las casas estaban adornadas con flores y colgaduras que representaban los colores trigarantes, y las mujeres también los llevaban en sus vestidos y peinados.
Luego del desfile, Iturbide y sus oficiales se dirigieron a Catedral, donde se cantó el tedeum, para luego escuchar las palabras del consumador de la Independencia:

¡Mejicanos!, ya estais en el caso de saludar a la patria independiente como os anuncie en Iguala;(...) ya me veis en la capital del imperio más opulento sin dejar atrás ni arroyos de sangre ni campos talados ni viudas desconsoladas ni desgraciados hijos que llenen de maldiciones al asesino de su padre (...) Ya sabeis el modo de ser libres, a vosotros toca señalar el de ser felices (...) y si mis trabajos, tan debidos a la patria, los suponeis dignos de recompensa, concededme sólo vuestra sumisión a las leyes, dejad que vuelva al seno de mi amada familia, y de tiempo en tiempo haced una memoria de vuestro amigo".


Arturo Arnaiz y Freg, un gran historiador mexicano, dijo alguna vez que México era un país paradójico, en el que la conquista fue hecha por los indígenas (los tlaxcaltecas y xochimilcas que apoyaron a Hernán Cortés para quitarse de encima a los mexicas) y la independencia por los españoles. Hoy hace 189 años la nación lograba su independencia gracias a un movimiento que consiguió en meses lo que no lograron Hidalgo ni Morelos. Sin embargo, el hecho de que Iturbide se coronara emperador, junto con el uso que le dieron a esta fecha los conservadores durante el siglo XIX, hizo que el 27 de septiembre se fuera olvidando en los calendarios cívicos. No pretendo ensalzar al emperador, pero si creo que nuestro consumador de la Independencia merece algo mejor que nuestro olvido.

1 comentario:

  1. Por supuesto que Iturbide merece algo mejor que el olvido ¿Cuánto tiempo más hubiera durado la lucha con todo lo que implicaba? ¿Quién más hubiera podía (y querría) asumir la dirigencia de la naciente nación? Le falló atreverse a nombrarse emperador, pero ante los ejemplos europeos ¿a qué otra cosa podía aspirar cuando era la antigua Nueva España la que había dado todo su poderío económico a la madre patria? Por eso es bueno repensar la historia, la luz y la perspectiva del tiempo nos ayudan a ver las cosas desde otra dimensión.

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