6 de septiembre de 2010

¿Qué hace mexicano a lo mexicano?


John Houston, el afamado director de cine norteamericano, decía que odiaba a los mexicanos cuando, en alguna reunión o fiesta, comenzaban a torturarse con una pregunta de antemano incontestable: "¿cuál es la esencia de lo mexicano?" Como si tuvieramos algo en nuestros genes que nos hiciera absolutamente distintos a cualquier otra cultura, pero no tuvieramos la menor idea de qué es eso que nos hace diferentes.
El historiador Edmundo O´Gorman, con la diplomacia propia de un peleador de artes marciales mixtas encerrado en la jaula y listo para aplastar a su rival, dijo de manera fulminante: "El ser humano no tiene esencia, tiene historia", en un intento de arrojar al olvido esas preguntas irresolubles, propias del positivismo del siglo XIX, que consideran que cada producto cultural tiene algo que lo diferencia de los demás, y que es fundamental encontrarlo para comprenderlo a cabalidad.
El mito de la raza, del "carácter nacional" impregnó a todo el mundo durante el siglo XIX y difundió estereotipos tan dañinos como el de la superioridad de la raza blanca, el atraso cultural de todos los demás pueblos, y el derecho de los primeros a dominar a los segundos.
En el caso mexicano, ese mito de la raza ha servido para dominar a los indígenas, quienes hasta el día de hoy son considerados por gran parte de la población como seres, para decir lo menos, "incapaces" de sobrevivir por sí mismos, y que necesitan a la gran nación mexicana para que ésta les señale su destino. Sin embargo, como no somos una "raza pura" (entre otras cosas porque las "razas puras" no existen), sino una cultura mestiza, recurrentemente nos entra la incertidumbre y la depresión, al pretender encontrar esa mentada "esencia" que nos señale el camino hacia la nueva grandeza mexicana.
Alan Knight, un gran historiador inglés, reflexiona sobre este problema en su ensayo "La identidad nacional mexicana", publicado por la revista Nexos en su edición del mes pasado.
Para empezar, Knight señala que la "identidad nacional" muchas veces es una visión aspiracional, un ideal que se quiere alcanzar y no algo que ya se tiene. O sea que, si nos apoyamos en ese estereotipo creado por el cine mexicano de los años 50, quiere decir que el "charro cantor" no era algo real, sino algo por crear. No porque todos tuvieramos que usar pistola y echar gorgoritos haciendo muecas como Pedro Infante, sino porque en esa imagen de charro se unen elementos y símbolos culturales muy convenientes para el Estado mexicano de ese entonces, como el patriotismo, la religiosidad que aglutina a la sociedad pero no confronta al Estado, la unión familiar (aunque permitiera las casas chicas) y otras.
El problema de la identidad nacional (o uno de ellos) es que se vuelve una solución facilona y muchas veces errónea, a diversas preguntas que nos hacemos sobre la época que vivimos, como por ejemplo: "¿Por qué hay tanta violencia actualmente en México? -bueno, porque los mexicanos somos muy machos y entrones", algo completamente falso.
Eso que llamamos "identidad" es una construcción cultural, normalmente impuesta por un grupo dominante a otros. El traje de charro es un buen ejemplo de ésto. ¿A quién se le ocurrió que podía ser el símbolo de la mexicanidad?, pues al Estado mexicano de los años 30 que deseaba impulsar una figura de cómo tenía que ser el habitante de estas tierras, aunque para ello tuviera que imponérselo a los yucatecos, sonorenses, chiapanecos, y otros que no tienen nada que ver con el estado de Jalisco.
Al ser una cultura mestiza, muchos de nuestros elementos nacieron en otros lugares. Eso nos puede hacer creer que, si vamos descontando todas aquellas partes que no fueron creadas en México, pues dejamos a nuestra cultura como árbol de navidad en un mes de marzo: totalmente seco y sin hojas.
Pero, como dice Knight, la identidad nacional no se forma sólo por aquellos elementos que bien pudieron surgir en otros lugares y ser adoptados por nosotros. Lo que los convierte en parte de nuestra cultura es su lugar en el espacio y el tiempo: estar en este territorio y volverse parte de nuestra historia hace a las piñatas (supuestamente de origen chino) profundamente mexicanas, aunque hoy se parezcan a John Cena.
"En esos términos (espacio más tiempo) es posible llegar a sostener que en efecto existen algunos rasgos básicos de la identidad nacional mexicana", dice Knight, y podríamos agregar que también de la identidad nacional alemana, filipina, sudafricana, japonesa y de todas las demás culturas del planeta.
Es la experiencia vivida en un territorio determinado, con un pasado determinado, lo que contribuye a crear una identidad nacional, pero cuidado, como todo constructo cultural, no es definitivo ni único; está influido por miles de experiencias externas y de ningún modo nos lleva a encontrar esa "esencia" por la que muchos murieron en el pasado (tan sólo recuerden el mito de la "raza aria" y los crímenes que se cometieron en su nombre).
La identidad nacional mexicana empezó a construirse desde antes de la independencia con el optimismo criollo; esa creencia de que los españoles no merecían gobernar este territorio puesto que sus hijos nacidos en América eran superiores a ellos en todos los aspectos. La postindependencia y sus guerras civiles hicieron difícil la creación de esa "raza mexicana", pero el Porfiriato y después la Revolución se esmeraron por crear una identidad nacional acorde con el proyecto político que ambos Estados deseaban impulsar.
Ahora que la Revolución Mexicana ya no es un proyecto estatal, ¿en dónde quedó la identidad nacional? ¿qué somos los mexicanos? ¿debemos volver a torturarnos con la pregunta que detestaba John Houston?
Yo creo que lo más sencillo es volver a O´Gorman, y darnos cuenta de que la cultura mexicana es resultado de nuestra historia, muy compleja pero también muy rica, a veces muy cerrada al mundo y en otras ocasiones dispuesta a aprehender todo aquel elemento que le agrade. No nos torturemos con esas preguntas bizantinas, las culturas más vivas y propositivas son aquellas que no se cierran ante lo que les llega del exterior, sino que se apropian de eso para mejorar.



2 comentarios:

  1. Hola!

    Muy buen post Arno, más para meditar en estas fechas de tanto revuelo nacional y ver en retrospectiva. Coincido con muchos puntos analizados aquí. Saludos y mucho éxito...

    Ana

    ResponderEliminar
  2. Mas bien creo que la identidad mexicana no neceita nada del exterior para consumarse, eso se llama mas bien invasion cultural, viviendo aqui en gringolandia se parecia lo mucho que perdemos cuando dejamos la patria. Hay mucho que hacer para realizarnos pero mucho menos que en otros rincones del globo. Trabajemos duro por nostros, con nostros y con el mundo pero no para el sino para nostros, y eso sera mucho mas valiso para todos.

    ResponderEliminar

Todos tus comentarios serán publicados, sólo te pido que pongas tu nombre y te portes con los demás tal y como te gustaría que se portaran contigo. Por favor no alimentes a los Trolls. ¡Gracias por participar!