24 de julio de 2009

Reparando a la Virgen de Guadalupe


Como mencioné en un post anterior, hace una semana falleció Guillermo Schulenburg, último abad de la Basílica de Guadalupe, quien recibió esta encomienda de manos de Juan XXIII, pero tuvo que dejarla luego de que en la década de los noventa surgiera un escándalo en el que se le acusaba de negar la aparición del Tepeyac.
En 2003 el Abate Schulenburg publicó sus memorias, en las que cuenta sobre cómo recibió ese cargo, las obras que realizó para la construcción de la nueva Basílica (y los políticos y empresarios que le ayudaron a lograrlo) y otros temas.
Uno de ellos, creo que el más interesante, es el estado en el que se encontraba la tilma, el tesoro religioso más importante de México, y cómo tuvieron que repararla para evitar que se destruyera para siempre.
En un capítulo de su libro, Schulenburg nos cuenta:

...la permanencia de la imagen a través del tiempo,dadas sus vicisitudes históricas,nos ha parecido siempre un verdadero milagro (sin embargo,) nosotros teníamos y tenemos la obligación de usar en forma discreta y prudente todos los medios técnicos contemporáneos a nuestro alcance para lograr un óptimo grado de conservación.
-...la tilma presenta huellas de corte perimetral, lo que hace suponer que su tamaño era mayor. Además, parece que al adaptarla a un marco de los que tuvo en épocas pasadas, fue cortada de nuevo por la parte inferior, ya que el bastidor presenta señales de desbaste de manufactura burda y la tela llega exactamente hasta esa orilla.
-Se pueden apreciar otros recortes de la tela de la imagen del lado izquierdo que dan el aspecto de una acción arbitraria hecha con prisa, tal vez con el objeto de conservar las partes recortadas como reliquias. Los cortes afectaron también la tela-filtro y marcaron el bastidor.
-La tela de la imagen está clavada directamente sobre el bastidor por el frente, atravesando la misma, sobre la capa pictórica y sólo protegida por un listón rojo de tela que corre perimetralmente y sobre el cual se apoyan las tachuelas que son de latón o plata dorada.
-La tela de la imagen está sumamente flácida y presenta deformaciones en los ángulos por tensado reciente.
-La capa pictórica se encuentra muy deteriorada, con faltantes por abrasión y pulverización, manchas por humedad, visibles desde los primeros testimonios fotográficos que se conocen, así como también por gotas de agua (tal vez agua bendita) y de cera; parte de las manchas de humedad son visibles también en la tela-filtro.
-La capa pictórica presenta adherida una película de color negro, producida por hollín, que se acrecienta en la parte superior.
Como resultado de las observaciones practicadas con sumo cuidado y en contraposición a las afirmaciones de otra época, cabe mencionar con absoluta honestidad lo siguiente:
-La imagen presenta claramente preparación de color blanco que en algunas zonas atraviesa el lienzo y es visible por el reverso.
-A reserva de obtener por escrito el resultado de un examen químico, exclusivamente de la fibra con que está tejida la tela, de acuerdo con el examen inicial al microscopio, por su aspecto y comportamiento, se opina con absoluta seriedad que la tela de la imagen es de cáñamo.
-Desde el punto de vista humano, sin querer discutir, afirmar o negar, en este lugar, la mera posibilidad de un origen misterioso de la Imagen, al analizar la técnica practicada en su confección, aparece la llamada al temple en diversas variantes: aguazo, temple de cera, temple de resinas o aceites, temple labrado.
-El trazo de la Imagen presenta "arrepentimientos" en diversas zonas: resplandor, ornamentación dorada del manto y de la túnica, ángel, etcétera.
Se meditó y discutió con absoluta seriedad, dado el deterioro que presentaba la Imagen, la proposición de una intervención contemplada sólo desde el punto de vista de su conservación, para detener este proceso destructivo y protegerla de otros eventuales en lo futuro:
-Eliminación del bastidor que ha dejado huellas de abrasión en la capa pictórica y sustitución por otro diseñado ad hoc para el presente caso.
-Colocación de unas "pestañas" de lino pegadas a la orilla del original, en todo el perímetro, con un pegamento de características especiales que se adhiere al solo contacto con el calor producido por una pequeña plancha tibia y que no penetra ni lastima las fibras del original.
Las "pestañas" nos permitieron tensar correctamente la Imagen y eliminar elementos extraños.
-Consolidación de la capa pictórica por medios de una solución de cera microscópica y resinas acrílicas conocidas comercialmente como "Beva 371", aplicada con pincel actuando además como una ligerísima capa protectora contra elementos extraños que pudieran adherirse a la pintura misma. (Antes de aplicarse dicha solución, pedí al especialista que lo hiciera en otro lienzo, o en otra pintura, para darme cuenta del resultado inmediato. De hecho lo hizo, observé como de ninguna manera afectaba a la Imagen, y haciendo una saludable labor de limpieza, de inmediato se secaba, dejando ademas, como decíamos, una ligerísima capa protectora).
-Al elaborar el nuevo bastidor, teniendo en cuenta que las telas del anterior habían funcionado como filtros magníficos a través de muchos años, ya que estaban totalmente impregnados de "cochambre", se utilizaron dos telas de lino que funcionaran a la vez como apoyo para el tensado y en calidad de filtros.
-En la imposibilidad de recuperar las partes de la Tilma que desde tiempo pasado están en poder de algunas personas particulares que las tienen como reliquias, y que nos podrían haber sido útiles para que no se siguieran destruyendo las orillas, colocamos pequeños injertos de lino que cumplan con esta función.
(...)
Para poder trabajar cómodamente y con precisión (la Imagen) fue sacada de su camarín, por primera vez desde la inauguración de la Basílica y trasladada a la Sacristía, donde se acondicionó un espacio como taller.
Se procedió al desmontaje de todos los elementos que ya hemos descrito hasta dejar sólo la Tilma clavada sobre su antiguo bastidor y se inició con habilidad y eficacia todo el proceso que parcialmente hemos descrito. Trabajo tan laborioso, delicado y comprometedor terminó a las 5:40 horas del 5 de noviembre (de 1982), quedando la Imagen nuevamente colocada en su retablo de la Basílica.
Pienso que con lo dicho he tratado en forma exhaustiva este punto de vital importancia para la inmensa mayoría de los mexicanos. Si no hubieramos hecho lo que hicimos, juzgan los técnicos que fue providencial nuestra intervención, ya que sin ella, se hubiera deteriorado cada día más la Tilma. Con lo realizado, si se le da todo el cuidado ambiental que le estamos procurando, tenemos imagen para 200 años.

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