17 de abril de 2009

The President in México


Ahora que Barack Obama terminó su diminuta gira de trabajo a México ("llegas, saludas, sonríes, comes y te vas") vale la pena recordar cuando otro presidente de Estados Unidos llegó a estas tierras, y las grandes diferencias que hubo entre las dos visitas.
John F. Kennedy y su esposa Jacqueline llegaron a la Ciudad de México el 29 de junio de 1962. Eran los años de Adolfo López Mateos como presidente de la republica, cuando México vivía en la simulación de un sistema político que alentaba la participación de sus ciudadanos en las elecciones para que con ese acto ratificaran a los nuevos gobernantes, elegidos realmente a través de los acuerdos entre la élite política.
También eran los años de la Guerra Fría. Fidel Castro había llegado al poder a través de un levantamiento en Cuba y estaba llevando a la isla al socialismo. El gobierno de Estados Unidos decretó un embargo comercial en 1962, y antes patrocinó la famosa invasión de Bahía de Cochinos.
México vivía en una burbuja económica. El Desarrollo Estabilizador y la industrialización del país habian permitido que la clase media se incrementara, pero eso no logró que la pobreza desapareciera. Demetrio Vallejo organizó una huelga de ferrocarrileros a principios del gobierno de López Mateos, que fue reprimida usando a la policía y al ejército, y Ruben Jaramillo, líder agrarista en el estado de Morelos, corrió con la misma suerte.
Con este ambiente llegaron los Kennedy a México. Si algo llama la atención de esa visita es la forma en que el Estado Mexicano presumió su capacidad para organizar un gran recibimiento. Desde que bajaron del avión y hasta que llegaron a Palacio Nacional, los Kennedy estuvieron rodeados por dos inmensas columnas humanas dándoles la bienvenida.
No dudo que mucha de esa gente haya querido verlos por simple curiosidad, pero la aparición de pendones de la Confederación de Trabajadores de México y de otras organizaciones corporativistas indica que el gobierno sacó a la calle a sus miles de elementos para que los Kennedy se impresionaran.
Otro aspecto que ahora nos asombra es la limusina descapotable en la que hicieron todo el recorrido. Faltaba poco más de un año para que Kennedy fuera asesinado en Dallas, y décadas más tarde esos automóviles recibieron un nombre que los pinta de cuerpo entero, a ellos y sus ocupantes: "la bestia".
Hubo una gran recepción en Palacio Nacional, en donde Jacqueline habló en español y dijo que amaba esta tierra (como siempre), mientras su esposo decía que el gobierno de Estados Unidos se comprometía a defender la soberanía de los pueblos del continente.
Al día siguiente, al inaugurar una unidad habitacional, Kennedy señaló que tener trabajos decentes, casas y educación era el tipo de revolución que necesitaba Latinoamérica, y que México era un ejemplo exitoso de ello.
Aparte, los dos presidentes y sus equipos de trabajo sostuvieron una reunión en Los Pinos en donde Estados Unidos se comprometió a controlar la contaminación en la frontera, y le prestó 20 millones de dólares al gobierno mexicano.
Antes de abandonar el país, los Kennedy asistieron a una misa en la antigua Basílica de Guadalupe, ya que JFK era católico.
Es sorprendente la forma en que cambiaron las cosas. En 1962 el presidente norteamericano se movía por la Ciudad de México rodeado de cientos de miles de personas y en un vehículo abierto. Pudo viajar del Aeropuerto al Centro y luego a Los Pinos, y más tarde al Tepeyac de la misma forma.
Hoy, Barack Obama nunca pisó la calle. Se la pasó metido en su avión, en su helicóptero, en "la bestia" y en los edificios altamente vigilados para mantenerlo seguro.


1 comentario:

  1. DEBE SER HORRIBLE VIAJAR ASI!!
    SOLO VINO A ECHAR CHAL CON EL FELI, Y A DAR DISCURSOS COLOR DE ROSA, ESPEREMOS Q SU PROXIMA VISITA SEA MAS PROFUNDA, MIRA Q HASTA LAS CHACHAS DEL CONGRESO SE OFENDIERON XQ LOS "DESINVITARON"; SIN EMBARGO, SI ASISTIERON, XQ ERA UN EVENTO "MUY NICE" Y LAS HUESTES DE EL PEJE LO AFEARIAN.....
    JAJAJAJA

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